Image: Pilar Albarracín, vis cómica
To be or not to be I, 2001. Fotografía color, 58 x 70
Ni los empalagos de gitana guapa, señorito a caballo y ventana enrejada y floreada de la visión romántica y/o foránea de Andalucía (y por extensión de España) ni la actual adoración por parte de cultos y modernos del flamenco más racial. Pilar Albarracín (Aracena, 1968) es la estrella de una payasada cutre-folclórica muy divertida y nada pretenciosa que toca, sin la machaconería de otros y otras artistas bienpensantes, asuntos tan poco jocosos como la violencia doméstica o la dureza del trabajo en el campo, y que hace muy sutiles referencias, casi imperceptibles, a la cultura artística contemporánea, siempre desde una perspectiva femenina y más o menos cotidiana.La exposición consta de dos vídeos, dos series fotográficas, otras dos de dibujos bordados en tela, y un pequeño número de esculturas. Entre todas estas obras sobresalen los vídeos, de factura casi casera, que pueden considerarse como documentación de sendos performances. En el primero, Musical Spanish Dancing Doll, la artista se une al baile de un grupo de muñecas vestidas de faralaes imitando sus movimientos mecánicos, y tal vez parodiando los desfiles de modelos divinas de Vanessa Beecroft. En el segundo, La cabra, se pelea para sujetar, también intentando bailar, un odre lleno de vino que va vertiendo su contenido y poniéndola perdidita, con la peineta torcida y los zapatos arrancados de los pies; una obra con la que Pilar Albarracín demuestra una vis cómica genial y marca un contrapunto a las carnicerías sacrificiales de Hermann Nitsch y compañía, con una fuerza tragicómica que se repite en la olla a presión de la que emergen una mano y una melena y que emite prolongados y variados "ays".
Las dos series fotográficas, por otra parte, no llegan al nivel de subversión y originalidad de los vídeos. En el grupo De sol a sol pone en escena las distintas labores que la mujer realiza en el campo, pero con un tono idílico y pastoril. En otras dos, La pasión según se mire, más violentas y con más fuerza, dos hombres vestidos de corto y armados con una larga nariz de mentirosos la vapulean y se la echan al hombro.
No voy a decir que ésta sea una exposición excelente (le fallan bastante, en mi opinión, los ya tópicos bordados y las recreaciones de chorizos y morcillas en terciopelo), pero sí que es muy de apreciar el desparpajo de esta artista, que puede llegar a tener mucho gancho. Quizá el sainete o la agria caricatura no puedan ser considerados como "gran arte", pero pueden hacerse con mucha inteligencia y gracia, y pueden ser inmejorable instrumento para poner en la picota determinadas prácticas sociales y artísticas.