Image: Paisaje británico experimental

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Exposiciones

Paisaje británico experimental

Publicada

Ross Sinclair: The Sound of Young Scotland Part 2, Vol 2, 1996. Vídeo.

Landscape. Centro Cultural Conde Duque. Conde Duque, 9-11. Madrid. Hasta el 1 de abril

El arte contemporáneo no surge de la nada y, en su enorme polimorfismo, no excluye en absoluto el diálogo con la tradición. Es interesantísimo comprobar cómo los artistas del siglo XX se han referido a los asuntos y a las convenciones que durante siglos determinaron la creación de sus predecesores. Si antes los géneros obedecieron a necesidades religiosas, morales, políticas o sociales, el recurso a ellos resulta hoy de opciones puramente personales de juego libre y a menudo irónico con la tradición. Esta reducida pero estupenda exposición, nueva muestra de la actividad internacional del British Council, nos ofrece un puñado de imaginativas recreaciones, por parte de jóvenes artistas británicos, del paisaje, género pictórico por excelencia, junto al retrato, de la historia del arte del Reino Unido.

Las formas convencionales de representación de la naturaleza están ausentes de la exposición. Se les acercan vagamente, como mucho, las obras de Peter Doig, David Rayson y Paul Winstanley. El resto de los artistas, una veintena, bien inventan nuevas miradas, bien dan la vuelta a las de algunos de los grandes maestros del paisaje. En la primera categoría destacan el escocés David Shrigley, que utiliza la palabra escrita para subvertir el significado de las imágenes en principio anodinas que nos muestra; Rachel Lowe, que, en un vídeo, dibuja frenéticamente sobre la ventanilla de un tren o un automóvil los contornos del paisaje que ve correr a través de ella; Willie Doherty, cuyas fotografías se concentran en las casi imperceptibles huellas del paso humano, tal vez dramático, por un escenario natural; o Matt Collishaw, con sus espectaculares y asquerosas "flores infecciosas". En la segunda, dos admiradores de Friedrich: Ross Sinclair, vestido de salvaje escocés y dándonos la espalda (donde puede leerse "Real life"), entona para las soledades de las tierras altas canciones tradicionales de su país, y Mariele Neudecker reconstruye tridimensionalmente uno de los célebres paisajes montañosos coronados por una cruz del alemán. Y una tercera, Tacita Dean, que documenta melancólicamente su búsqueda de Spiral Jetty de Smithson. Las visiones urbanas son mucho menos sugerentes.

Apenas encontramos en esta exposición ningún contacto directo, sensorial, con la naturaleza. Ese contacto está mediatizado por un proceso intelectual unas veces infructuoso (en algunos artistas que no he mencionado) y otras, vigoroso y creativo, cuando es la experiencia, de la clase que sea, la que está en la base de la obra de arte.