Image: Sebastião Salgado

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Exposiciones

Sebastião Salgado

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Fotografía de la serie de retratos de niños

Círculo de Bellas Artes. Marqués de Casa Riera, 2. Madrid. Hasta el 6 de diciembre

Sebastião Salgado (Aimorés, Minas Gerais, Brasil, 1944), fotoperiodista de lujo, catalogador de la miseria, ha desembarcado en las dos salas principales del Círculo de Bellas Artes centenares de imágenes que se suceden sin más respiro que unos grandes paneles en los que se han ampliado algunas de las más llamativas o de las más representativas. Viajando incansablemente, ha documentado los éxodos (título de la exposición) de los desposeídos y de los perseguidos en multitud de países. Con incuestionable dominio del medio fotográfico, Salgado extrae belleza del desgarro, sabe componer con la cámara una visión de la realidad social de nuestro mundo que, en principio, nos resulta duro conocer. Sin embargo, la afluencia de visitantes es continua: son personas interesadas no tanto en las cualidades artísticas de sus fotografías sino en lo que en ellas se "representa". Y utilizo la palabra porque no es en absoluto un mero documentalista: él "construye" esa imagen que quiere que veamos. De una parte, busca la comunicación a través de un elemental sentimiento de compasión, individualizando en muchos casos las tragedias colectivas y creando una dimensión heroica del sufrimiento; de otra, estetiza el drama, persigue la comunicación por medio del atractivo visual de sus fotografías que, aunque en algunos casos es evidente que son instantáneas de un momento impredecible, en la mayoría obedecen a una cuidadosa planificación. En este sentido, creo que hay destacar al maravilloso paisajista que hay en Salgado, gran captador de atmósferas.

Esta exposición, que se suma a las muchas que ha realizado ya en España, nos lleva al borde de la saturación. Incluso desde el punto de vista del grado de eficacia política o moral (es decir, de la capacidad de mover las conciencias de los espectadores), la acumulación puede arrastrar a la indiferencia; hubiera sido preferible un mucho menor número de obras, bien seleccionadas. Pero hay en ella, por supuesto, maravillosas fotografías, entre las que destacan las de los indios del Amazonas y los retratos de niños (agrupados "artísticamente" en una sala independiente) más espontáneos.