Image: Taylor-Wood, retablos de la lujuria
Soliloquy I, 1998. Fotografía en color, 211 x 257
Sam Taylor-Wood (Londres, 1967) es una de las más célebres representantes de lo que se ha dado en llamar "Nuevo arte británico" y que casi ya ha dejado de ser nuevo por institucionalizado y explotado. El éxito internacional de esta joven fotógrafa ha sido meteórico (sólo siete años han transcurrido desde su primera exposición individual y sus precios son exorbitantes) y, hay que decirlo, bien merecido. Además de a su integración en los más activos círculos -privados y públicos- del arte inglés, su notoriedad la debe a una inteligente combinación de fantasía y cotidianidad, de tradición y modernidad, que tiene como resultado una extrañeza muy en sintonía con nuevas sensibilidades contemporáneas.En 1997 la Sala Montcada de la Fundación "la Caixa" mostró piezas de su serie Five Revolutionary Seconds, y en 1998, la galería Soledad Lorenzo incluyó en Malos hábitos uno de sus trabajos más impresionantes, Wrecked, una recreación de La última cena de Leonardo. Ahora podemos ver cinco de las ocho composiciones que hasta hoy integran la serie Soliloquy (Soliloquio), y una proyección de 1998, Noli me tangere, que sólo se había visto en la muestra de la artista en la Fondazione Prada (1998-99). Estas fotografías, cuyo formato se basa en los retablos góticos, se componen de una imagen principal, de una figura aislada, y una "predela" inferior en la que aparecen una multitud de personajes presentados con el mismo procedimiento utilizado en Cinco minutos revolucionarios, es decir, haciendo con la cámara un barrido de 360 grados de una habitación, de manera que en una sola imagen podemos ver la totalidad del perímetro de ese espacio y todo lo que contiene.
Según afirma Taylor-Wood, la imagen superior quiere ser un retrato objetivo del personaje (son siempre amigos y conocidos) y la inferior una proyección de sus sueños o de sus obsesiones. Para los "retratos objetivos" ha recurrido con frecuencia a la historia de la pintura. Ha reconstruido libremente la Venus del espejo de Velázquez, La muerte de Chatterton de Henry Wallis (en la hermosa imagen que reproducimos) o el Cristo muerto de Mantegna. El contenido de las predelas tiene casi siempre una fuerte carga sexual, con variados matices, desde la morbosidad de la escena decadente y vampiresca localizada en la casa de Lord Leighton en Londres a la laxitud de un harén masculino (con Ingres como referente) o a la locura que se desata en unos baños públicos (inspirada seguramente en cuadros de Goya). Espiritualidad y carnalidad, lo consciente y lo inconsciente, son las esferas escindidas que se representan. Los "santos" de Taylor-Wood son mártires. Su serenidad deja vislumbrar su sufrimiento. La amenaza de la muerte (que la artista conoce) arrastra a desesperados, a angustiados goces estéticos y lujuriosos.