Pep Agut (Tarrasa, Barcelona, 1961) rescata y adapta en esta exposición el proyecto Bridge/Ruin, que llevó a cabo para la Bienal de Sidney de 1998. Es un montaje bastante espectacular de dos grandes piezas en las dos salas de la planta inferior de la galería que, a pesar de ello,y al contrario de lo que supongo pretende el artista, no llega a apropiarse del espacio.
Las obras consisten respectivamente en una gran estructura de maderas que reproducen a escala reducida, y parcialmente, la arquitectura de las salas, sobre la que se ha adosado un friso de imágenes fotográficas bastante anodinas: de su propia casa en ruinas en la primera y de un puente sobre una rivera suburbial en Tarrasa en la segunda. Las fotografías se recubren de tres planchas superpuestas de metacrilato sobre y entre las cuales se disponen palabras o frases escritas en cinta Dymo, creando un interesante efecto de profundidad y una relación entre imagen y palabra que me parece lo más logrado de la propuesta. En el texto con el que presenta la exposición (mala cosa tener que dar pormenorizadas explicaciones sobre las obras de arte para que el espectador pueda orientarse a la hora de acercarse a ellas), Pep Agut habla de ética, de evento social, de escenario del arte, de diálogo con el lenguaje y de procesos de civilización, de hechos potenciales (el horizonte, los puentes) y de hechos consumados (la ruina). Un discurso meta-artístico e intelectual que soslaya la esencia de la creación, lo que tiene de vivencia, de expresión de una visión realmente personal de la realidad o del mundo de la imaginación, de revulsivo, de sentimiento, si se quiere. La ruina es un tema profundamente contemporáneo, muy ligado a la sensibilidad moderna desde el romanticismo. Las ruinas de Agut son frías, poco elocuentes, y pueden llegar a parecer un pretexto para dar contenido a un montaje que podría haber tenido mucho más impacto.
Las obras consisten respectivamente en una gran estructura de maderas que reproducen a escala reducida, y parcialmente, la arquitectura de las salas, sobre la que se ha adosado un friso de imágenes fotográficas bastante anodinas: de su propia casa en ruinas en la primera y de un puente sobre una rivera suburbial en Tarrasa en la segunda. Las fotografías se recubren de tres planchas superpuestas de metacrilato sobre y entre las cuales se disponen palabras o frases escritas en cinta Dymo, creando un interesante efecto de profundidad y una relación entre imagen y palabra que me parece lo más logrado de la propuesta. En el texto con el que presenta la exposición (mala cosa tener que dar pormenorizadas explicaciones sobre las obras de arte para que el espectador pueda orientarse a la hora de acercarse a ellas), Pep Agut habla de ética, de evento social, de escenario del arte, de diálogo con el lenguaje y de procesos de civilización, de hechos potenciales (el horizonte, los puentes) y de hechos consumados (la ruina). Un discurso meta-artístico e intelectual que soslaya la esencia de la creación, lo que tiene de vivencia, de expresión de una visión realmente personal de la realidad o del mundo de la imaginación, de revulsivo, de sentimiento, si se quiere. La ruina es un tema profundamente contemporáneo, muy ligado a la sensibilidad moderna desde el romanticismo. Las ruinas de Agut son frías, poco elocuentes, y pueden llegar a parecer un pretexto para dar contenido a un montaje que podría haber tenido mucho más impacto.