Exposiciones

Albacete: pintura de luz

Publicada

Círculo de Bellas Artes. Marqués de Casa Riera, 2. Madrid. Hasta el 3 de enero

En 1994 Alfonso Albacete (Antequera, Málaga, 1950) escribió un texto, "Notas de pintura subterránea", en el que describía los cambios experimentados en su trabajo a raíz de su traslado a un nuevo estudio situado en un semisótano. Cambios -en sus palabras- en el punto de vista y en la idea de la pintura. Los temas arquitectónicos le han interesado siempre, como demuestran una de sus primeras series, En el estudio, o sus cuadros sobre las estrechas calles del Madrid antiguo. Por otra parte, las luces -y las sombras- comienzan a ser fundamentales en la serie El estudiante de Praga (1985). Ambas constantes, arquitectura y luz, se combinan en los 90 en la que creo la mejor serie de Albacete, sobre la escalera de Jacob, que reproduce el interior del mencionado estudio semisubterráneo.

La luz cenital, con sus valores plásticos y con sus connotaciones místicas, se adentra en los cuadros misteriosa y furtivamente en los cuadros, salvo quizá en el hermoso cuadro titulado Segundo cielo (1999), en el que la luminosidad se transfigura directamente en una lluvia de pintura blanca. Es siempre un rayo que penetra a través de un vano o de un resquicio -arquitectónico o vegetal, como en el caso de las obras sobre los cipreses- y atraviesa un espacio en oscuridad, de manera que dibuja formas con claridad de sol o de luna en las superficies interpuestas. Así, en Suelo (1992) sólo se evidencia la luz en su proyección a través de una claraboya sobre el pavimento.

Pero Albacete es un pintor de contrastes. En otras series de la exposición, de muy distinto carácter pictórico, unos vasos con agua y unos floreros con ramas de naranjo hacen referencia a arcángeles, héroes y santos. Se introduce así una dimensión cultural en la pintura, que retoma una vez más constantes de Albacete, como la referencia a los temas bíblicos y los mitos grecorromanos. Estas obras, que no alcanzan el nivel de intensidad de las pinturas "negras" de la primera sala, se relacionan más con su pintura de la primera mitad de los 80, por el cromatismo y por el retorno de los bodegones y los temas "mediterráneos". En dos series de formatos distintos -Asia y Pinturas vásicas (de vasos)-, desarrolla en doce "estados" un despojamiento de la pintura a partir de una composición abigarrada que va perdiendo elementos y color hasta quedar reducida a un vaso de agua pintado en grises sobre blanco.

Son series, en cualquier caso, reveladoras también del proceso experimentado por Albacete, fascinado por la representación de efectos lumínicos, por transcurrir del tiempo, por las horas, marcadas por los deslizamientos de las luces en las superficies, y por la íntima calidez de las sombras. En la noche Jacob luchó largamente con el ángel, con lo desconocido. El mismo Jacob que vio en sueños la escalera de luz por la que transitaban los ángeles. Albacete hace suya la afirmación de Glucksmann de que en la pintura española, "en lo oscuro está la verdad".