Los cinco prpoyectos demuestran hasta que punto los artistas, en feliz acuerdo con los arquitectos, pueden transformar el entorno embelleciéndolo
La presencia del arte en espacios públicos va (o habría de ir) mucho más allá de la ubicación de esculturas en calles y plazas, forma de intervención con una larguísima historia que puede ser aún exitosa, en el caso de, por ejemplo, un Richard Serra, o un auténtico desastre cuando se recurre a la insustancial estatuaria de un Botero. Los cinco proyectos reunidos en "Co-laboraciones: arquitectos/artistas" demuestran hasta qué punto los artistas, en feliz acuerdo con los arquitectos y con las instituciones promotoras, pueden transformar el entorno urbano, embelleciéndolo, que no decorándolo, con sus obras. Habiéndose perdido el mecenazgo real y eclesiástico, que tanto contribuyeron en otros tiempos a la magnificencia de las ciudades, las instituciones públicas tienen hoy el deber de promover directamente o de facilitar las iniciativas privadas que tengan como objetivo su enriquecimiento artístico. Han de contribuir a su importancia como foco de cultura, a su dignificación como lugar en que vivir, a su puesta al día estética.Característica común a todas las actuaciones escogidas por Elba Benítez y el arquitecto Luis Enguita es la íntima integración de las mismas en su marco arquitectónico o urbano, favorecida por haber sido proyectadas conjuntamente. Lo es igualmente la designación de artistas de primera línea internacional, y capaces de enfrentarse a desafíos de esta envergadura. Son en su mayor parte proyectos urbanísticos, salvo en el caso de Ruff y el de Flavin, que comparte la dimensión exterior con la ubicación en un edificio. El estanque de Cristina Iglesias frente al Museo de Bellas Artes de Amberes (reordenación de la Plaza Leopold de Wael, de Paul Robbrecht y Hilde Daem) es una deslumbrante realización, imbuida de romántica e incontrovertible poesía. Partiendo de la idea de fuente, una de las formas tradicionales de escultura en las vías públicas, el agua fluye y desaparece por una ancha grieta en su fondo, uno de sus bajorrelieves de hormigón con formas vegetales. Thomas Ruff reactualiza por su parte la modalidad del clásico friso al revestir de imágenes extraídas de viejas revistas la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Eberswalde (Herzog y De Meuron), sencilla construcción rectangular en la que hormigón y cristal se suceden verticalmente. El original procedimiento de estampación de las superficies rejuvenece la usanza del muralismo o el revestimiento cerámico de superficies. La renovación del jardín urbano corre de la cuenta de Fernanda Fragateiro y su "Jardín de las Olas" (João Gomes da Silva) en el recinto de la Expo 98 de Lisboa. Las sencillas y sensuales ondulaciones del terreno cubierto de césped adquieren dimensiones paisajísticas en su interrelación de agua (está en la ribera del Tajo), luz y vegetación. Menos conseguidas que las tres mencionadas son en mi opinión las obras de Dan Flavin y Francesc Torres. Flavin, que manejó en su Atrio de cristal del Parque de las Ciencias de Gelsenkirchen (Kiessler y Partner) un elemento con tantas posibilidades como la luz, no se distanció mucho con sus clásicos fluorescentes de una iluminación coloreada al uso. La "Línea de La Verneda" de Torres (Dirección de Servicios de Arquitectura, Ayuntamiento de Barcelona), que emerge y se sumerge a tramos en el suelo, constituye una intervención más sutil que las anteriores. Quizá demasiado sutil.