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Crónica de ayer

José Ortiz Echagöe

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Museo Nacional Reina Sofía. Santa Isabel, 52. Madrid. Hasta el 13 de septiembre

La actitud de Ortiz Echa-göe, que participó de ese afán noventayochista de definición de la identidad nacional , estuvo sin embargo más cerca del docu- mentalismo que la de los pintores coetáneos. Quiso fijar la imagen de una España que desaparecía

En 1992 se constituyó el Legado Ortiz Echagöe, organismo autónomo de la Universidad de Navarra, con el fin de conservar y estudiar la obra de uno de los más importantes fotógrafos de la historia de este medio en España. Los primeros resultados de esta labor han sido la creación de la base de datos más completa sobre un fotógrafo en nuestro país y esta bellísima exposición -que cierra su itinerancia en Madrid-, cuyos comisarios han sido Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat, conservadores del legado.
José Ortiz Echagöe (1886-1980) es una figura controvertida, y los historiadores de la fotografía discuten aún sobre el carácter y la significación de su obra. Creador de la empresa Construcciones Aeronáuticas S.A. (CASA) y de SEAT (a cuyo frente estuvo hasta muy avanzada edad), su trabajo como ingeniero no le impidió desarrollar su vocación fotográfica, y llegó a ver publicados cuatro libros de enorme tirada sobre su trabajo: "España, tipos y trajes" (1933), que prologó Ortega y Gasset, "España, pueblos y paisajes" (1938), cuya introducción firmó Azorín, "España mística" (1943) y "Castillos y alcázares" (1956). Con el añadido de una amplia selección de sus fotografías en el norte de áfrica y algunos retratos familiares, tales son los asuntos de las obras escogidas para la exposición.
Al margen de su disputada inclusión en el movimiento pictorialista, del que él renegaba, parece claro que su visión de España ha de enmarcarse en el contexto cultural de la generación del 98 y en el posterior desarrollo de los regionalismos artísticos. Su propio hermano, Antonio Ortiz Echagöe (1883-1942), fue pintor de retrato y de costumbres y tipos raciales. José quiso en su juventud seguir sus pasos -a lo que se opuso su padre: "Mi padre decía que no quería dos calamidades en casa", decía Ortiz Echagöe- y es de suponer que siguió en mayor o menor medida la actualidad artística. No sólo se percibe en su obra un paralelismo -que ha sido señalado- con la de Zuloaga; también se encuentran similitudes temáticas y formales con los hermanos Zubiaurre, Ramiro de Maeztu, las esculturas de Julio Antonio o incluso algún eco atemperado de Solana (en los temas "místicos").
La actitud de Ortiz Echagöe, que participó sin duda de ese afán noventayochista de definición de la identidad nacional -a la que no es ajeno su interés por el paisaje, abrupto y, quizá involuntariamente, onírico-, estuvo, sin embargo, más cerca del documentalismo que la de los pintores coetáneos. Quiso fijar la imagen de una España que desaparecía, como hiciera -según se apunta en el catálogo- Edward S. Curtis con los indios americanos. Los medios que empleó para hacerlo fueron, paradójicamente, los del pictorialismo, haciendo uso extensivo del procedimiento artesanal del carbón "fresson", en copias únicas, manipuladas para destacar luces y contornos, con aspecto casi de dibujos. Su objetiva intención etnográfica atraviesa, por tanto, un prisma estético y cultural del que, precisamente, surge una descomposición de matices que impregnan de belleza y de subjetividad las fotografías de este notable artista.