Murillo: ' Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos', 1672 (detalle). Foto: Centro Cultural Conde Duque

Murillo: ' Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos', 1672 (detalle). Foto: Centro Cultural Conde Duque

Arte

El 'Dream team' del Barroco español llega a Madrid: Murillo, Valdés Leal y Pedro Roldán viajan por primera vez

Nunca en 350 años se ha desplazado este conjunto monumental concebido para el Hospital de la Santa Caridad y la Iglesia del Señor San Jorge de Sevilla.

Las obras se pueden ver hasta el 22 de noviembre en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque.

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Por primera vez en más de 350 años, uno de los conjuntos artísticos más extraordinarios del Barroco español abandona su ubicación original.

Las catorce obras que conforman el núcleo iconográfico ideado en el siglo XVII para el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla pueden contemplarse ahora en la Sala Sur del Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque, de Madrid, mientras dura la rehabilitación del hospital y de la iglesia de San Jorge.

Estas pinturas y esculturas fueron concebidas para dialogar entre sí dentro del espacio arquitectónico diseñado por Miguel Mañara (Sevilla, 1627-1679), alma de la Hermandad de la Santa Caridad.

Además fue el responsable del ambicioso programa artístico del templo que brilla en la exposición Arte y misericordia. El Barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid que, a su vez, viene del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

La figura de Miguel Mañara es fundamental para entender la idiosincrasia de este conjunto monumental, ya que fue su principal promotor.

Noble sevillano devastado por la muerte de su mujer, decide dedicar sus días a ayudar a los desamparados y a la beneficencia recaudando una gran cantidad de donaciones que dedicó a la construcción de la iglesia y el hospital de la Hermandad de la Misericordia.

El fallecimiento de su mujer fue fundamental en su conversión, ya que decidió abandonar el mundo para llevar una vida religiosa. Su confesor, un fraile mercedario descalzo, le disuadió diciéndole que sería más útil a Dios tratando con la gente. Y así lo hizo.

El 'dream team' del Barroco español llega a Madrid: Murillo, Valdés Leal y Pedro Roldán viajan por primera vez María Marco

La ocasión de ver estas piezas es única, ya que muchas de ellas permanecen instaladas a catorce metros de altura o integradas en retablos, lo que dificulta apreciar la riqueza de sus detalles.

Ahora, por primera vez, pueden contemplarse prácticamente a la altura de los ojos, revelando la extraordinaria calidad técnica de sus autores.

Uno de los Cristos de Pedro Roldán. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Uno de los Cristos de Pedro Roldán. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Nada más entrar en la exposición, el visitante se enfrenta a una de las imágenes más impactantes de toda la pintura barroca europea. Una imagen de la muerte que nos recuerda la fugacidad de la vida.

Los Jeroglíficos de las postrimerías, de Juan Valdés Leal, formados por In ictu oculi y Finis gloriae mundi, reciben al espectador con un contundente memento mori: una reflexión sobre la inutilidad del poder y la riqueza frente a la muerte y la necesidad de practicar las obras de misericordia.

Su fuerza expresiva sigue resultando tan sobrecogedora hoy como en el siglo XVII. Frente al dramatismo de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo ofrece una visión profundamente humana de la caridad.

Obras como San Juan de Dios transportando a un enfermo o Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, ambos de Murillo, representan el cuidado de los más vulnerables con una sensibilidad que convirtió al pintor sevillano en uno de los grandes maestros de la pintura europea.

Una vista de la exposición. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Una vista de la exposición. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Sus personajes transmiten compasión, cercanía y dignidad, valores que constituían el verdadero mensaje del conjunto artístico.

El recorrido también incluye esculturas de Pedro Roldán, padre de La Roldana, uno de los máximos representantes de la escultura barroca andaluza, cuyas tallas dialogaban originalmente con las pinturas para crear una auténtica "obra de arte total", donde arquitectura, escultura y pintura formaban un único discurso visual y espiritual, siguiendo los ideales de la Contrarreforma surgidos tras el Concilio de Trento.

Sin embargo, el conjunto no está completo. Faltan cuatro de los seis grandes lienzos de las Obras de Misericordia que Murillo realizó para la iglesia.

Durante la Guerra de la Independencia, el mariscal francés Nicolas-Jean de Dieu Soult protagonizó uno de los mayores expolios artísticos sufridos por España, apropiándose de centenares de obras.

Una vista de la exposición. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Una vista de la exposición. Foto: Centro Cultural Conde Duque

Entre ellas se encontraban varios de los mejores cuadros de Murillo destinados a la Santa Caridad. Tras pasar por su colección privada y diferentes ventas internacionales, hoy permanecen repartidos entre museos de Londres, San Petersburgo, Washington y Ottawa, sin haber regresado nunca a Sevilla.

Esta circunstancia reabre un debate que sigue vigente en numerosos países: el futuro de las obras de arte desplazadas por guerras, expolios o adquisiciones realizadas en contextos históricos controvertidos. ¿Deben restituirse a sus verdaderos dueños o mantenerse en las ubicaciones actuales para preservar la conservación de los mismos?

Más allá de su extraordinario valor artístico, esta exposición permite comprender cómo el arte barroco fue concebido como una poderosa herramienta para emocionar, enseñar y mover a la acción.

Tres siglos y medio después, el mensaje que Miguel Mañara quiso transmitir desde la iglesia de la Santa Caridad sigue vigente: no hay salvación sin compasión y misericordia con los enfermos y los desamparados.