'Get Away From My Fish', 1975. Foto: Estate of Marisol /VEGAP, Santander, 2026

'Get Away From My Fish', 1975. Foto: Estate of Marisol /VEGAP, Santander, 2026

Arte

Marisol, la amiga venezolana de Andy Warhol que brillaba en Nueva York antes que él, llega al Centro Botín

Santander rinde homenaje a esta artista que llevaba décadas en el olvido y que se recupera ahora a través de sus dibujos y esculturas.

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A Marisol Escobar (París, 1930 - Nueva York, 2016) le gustaba quedarse quieta. “Permaneció completamente inmóvil al menos dos horas". "En un momento dado me volví hacia ella y advertí […] que una araña había tejido una telaraña rellenando el triángulo formado por su brazo desnudo, su torso y su axila”, cuenta John Gruen en el catálogo. A lo que ella responde: “Una vez me pasó lo mismo en Venezuela. No es nada nuevo para mí. Estoy acostumbrada”.

Marisol: Cuando todo está por comenzar

Centro Botín. Santander. Comisaria: Laura Vallés Vílchez. Hasta el 25 de octubre

Con ese mismo hieratismo la artista recibe a los visitantes de la retrospectiva Cuando todo está por comenzar que acaba de inaugurarse en el Centro Botín.

Aunque la exposición se diga de dibujos, comienza con un vídeo (realizado por el mismísimo Andy Warhol, Marisol Exhibition, 1964) en el que vemos a la artista practicando el quietismo junto a cuatro esculturas: un perrito poliédrico, tres señoras polifacéticas de torso rectilíneo y una figura infantil de rostro inescrutable.

Curiosamente, esta introducción estática sirve para abrir un recorrido articulado en torno a la idea de huida: tres capítulos en los que la comisaria Laura Vallés Vílchez nos desgrana cómo Marisol habría intentado “escapar” una y otra vez del mundo del arte.

Nacida en el seno de una familia venezolana con posibles, pasó su niñez entre Caracas y Los Ángeles, donde se formaría en diversas academias de arte y colegios católicos.

Un retrato de la artista. Foto: Amanda Smith, Buffalo AKG Art Museum

Un retrato de la artista. Foto: Amanda Smith, Buffalo AKG Art Museum

En un tono un tanto hagiográfico, la exposición comienza recapitulando estos trabajos escolares, entre los cuales se nos ofrece –como hito– la ilustración de su anuario escolar.

De ahí a París, donde estudia en escuelas de tradición pedagógica decimonónica y vuelta a Nueva York para tomar clases con Hans Hoffman.

En 1957 realiza su primera individual en la galería de Leo Castelli. Huyendo de la fama, se nos dice, Marisol viajó a Europa. Su galerista, desconcertado, le envió una carta de la que se extrae el título de esta muestra: “¿Cómo te puedes ir cuando todo está por comenzar?”.

El hecho parece menos definitivo de lo que la exposición apunta (lo mismo ocurre con otros periplos posteriores). La artista siguió enviando obras a Estados Unidos desde su retiro europeo.

'Untitled' 1960. Foto: Estate of Marisol /VEGAP, Santander, 2026

'Untitled' 1960. Foto: Estate of Marisol /VEGAP, Santander, 2026

A esta etapa corresponde una de las pocas esculturas que se incluyen: Triumph (1959), un pequeño castillo humano captado en el momento en el que comienza a desmoronarse.

En los dibujos de esta época (y en los de todas) abundan los rostros, las bocas y las manos; y el colorido vívido comienza a alternarse con trabajos en blanco y negro.

También es en la década de los 60 cuando Marisol conocería a un no tan famoso Warhol (se nos insiste, cándidamente, en esta disparidad; también Salieri, en tiempos, fue más célebre que Mozart). En 1968, Marisol, en el cénit de su éxito, abandonaría los Estados Unidos para viajar por el sudeste asiático.

Asombrosamente, la exposición insiste en presentar estos viajes como periplos iniciáticos, cuando más bien parecen las aventuras de una burguesía sedienta de novedades.

En ninguno de ellos, a tenor de la documentación que la propia muestra nos ofrece, interrumpe realmente la carrera artística de nuestra protagonista, sino que le sirven para añadir algún elemento pintoresco a su práctica.

En un exceso injustificable, se nos presenta una filmación tomada durante sus clases de submarinismo como un ejercicio plástico en el que “peces atraviesan el encuadre, [hay] zonas de luz difusa y partículas suspendidas en el agua”. Es decir, lo esperable.

Una imagen de la exposición. Foto: Centro Botín / Vicente Paredes

Una imagen de la exposición. Foto: Centro Botín / Vicente Paredes

Aunque esta exposición nos ofrezca un interesante acercamiento a sus dibujos, la apuesta curatorial termina por resultar gravosa.

La constatación nos llega leyendo el extenso ensayo del catálogo, que se ve obligado a apoyarse una y otra vez en su producción escultórica (su práctica fundamental) para explicar las variaciones en unos dibujos que, aunque resueltos con habilidad, terminan por resultar repetitivos.

Tampoco logra confrontar adecuadamente las aristas más incómodas de la obra, como sus representaciones de los nativos americanos (relación que no se explora más allá de sus anécdotas) y culmina con una excesiva selección de dibujos realizados hacia el final de su vida, aquejada de Alzheimer.