Eloísa Sanz: ' Políptico', 2006. Foto: Palacio de Quintanar

Eloísa Sanz: ' Políptico', 2006. Foto: Palacio de Quintanar

Arte

Eloísa Sanz, una gran pintora que estuvo olvidada y que deslumbra hoy en el Palacio de Quintanar

Segovia aloja, al margen de la polémica por cierre del centro de arte, una exposición de pintura nada peculiar.

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Las artistas y la pintura tienen algo en común: se les ha dado muchas veces por desaparecidas y sin embargo, no es que vuelvan sino que siempre han estado ahí.

Eloísa Sanz. Des/pliegues en pintura

Palacio Quintanar. Segovia. Comisaria: Rocío de la Villa. Hasta el 5 de julio

Así la pintura, que tras toda clase de manipulaciones -del cubismo a la abstracción- y desprecios por ser tan material –eso decían el arte conceptual y el de acción-, en vez de acabar con ella, resulta que desde la década de 1980 no hay manera de orillarla.

Lo mismo pasa con las artistas: estuvieron y expusieron, pero luego la Historia las relega a una nota a pie de página. Fíjense si no en la que suele ser la nómina de la Nueva Figuración de esos mismos años ochenta, donde hay que mirar por encima del pelotón para encontrar nombres femeninos.

Y los hubo, claro que los hubo. Tan destacados como Patricia Gadea o Virginia Lasheras, por citar solo a dos, ya fallecidas. Eloísa Sanz (Soria, 1952) afortunadamente, sigue entre nosotros, activa y llena de energía, como su propia pintura.

En esta hermosa antológica del Palacio Quintanar podemos comprobar que es una cumplida heredera de la pintura de esos años, cuyos rasgos comparte de forma sobresaliente: el colorido electrizante, la mezcla de figuración y abstracción, la fusión de primer plano y fondo… En 1982 ingresó en una galería importante y poco recordada, como fue la de Evelyn Botella, a la que fue fiel hasta su cierre, donde expuso por última vez en 2011.

Eloísa Sanz: 'Ciudad y jardín', 2003. Foto: Palacio de Quintanar

Eloísa Sanz: 'Ciudad y jardín', 2003. Foto: Palacio de Quintanar

Ese momento marcó también su desaparición de la actualidad expositiva, hasta la muestra de 2024 en Galería Freijo. Lo señalo porque cuando una artista está ausente de la vida pública más de una década se llega a dudar de si alguna vez estuvo presente. Estos “Des/pliegues en pintura”, como se titula acertadamente la exposición, son una rotunda fe de vida.

Es aleccionador comprobar cómo una artista, a lo largo de cuatro décadas, puede ser fiel a sí misma y sin embargo no cesar de cambiar. Porque su interés por el color no ha decaído, pero ha pasado de ser estridente a peculiar. Lo mismo su intención de sacar a la pintura de sus casillas, o al menos de su marco.

Y es que casi desde el principio Eloísa Sanz dejó de lado los formatos tradicionales, para pintar sobre las caras desplegadas de un cubo o sobre acordeones de planos. También construyó un mobiliario delirante, en que las sillas se sueñan otra cosa, animadas por el color. En los noventa, ya instalada en un pueblo de Segovia, la naturaleza desplazó a la figura, dando lugar a tramas ortogonales de soportes.

En el siglo XXI, más atrevida cuantos más años cumplía, introdujo fotografías. Fotografías de edificios emboscados en pintura, que evocan ciudades derrotadas por la vegetación. En estos últimos años la artista ha explorado un ámbito nuevo, que resume todos los pasos anteriores: en formatos reducidos combina elementos vegetales naturales con metacrilato, papel vegetal y pintura, fabricando paisajes de mesa.

Eloísa Sanz: 'Jardines de mi memoria', 2007. Foto: Palacio de Quintanar

Eloísa Sanz: 'Jardines de mi memoria', 2007. Foto: Palacio de Quintanar

Son bellos, delicados e insólitos. Es de nuevo un mestizaje de escultura y pintura, como ha hecho siempre, pero distinto. Se prolonga en sus recientes árboles, en los que incrusta incluso residuos industriales: desde ahí pueden verse los bosques del Antropoceno.

Incertidumbre sobre el Palacio de Quintanar

El Palacio Quintanar, la sede de la exposición que aquí se reseña, pasa por un momento de absoluta incertidumbre sobre su futuro. Dependiente de la Junta de Castilla y León, lleva quince años funcionando como Centro de Innovación, Diseño y Cultura. Su amplia programación (exposiciones, conciertos, conferencias, talleres, ciclos de cine…) y la generosidad con que ha sabido acoger propuestas de creadores de dentro y fuera de Segovia, le han convertido en un centro vivo, insertado en la ciudad y, cosa rara en provincias, con proyección nacional. Lo prueban las 200 actividades y los 40.000 visitantes del 2025. Es por ello incomprensible que la Diputación de Segovia esté en tratos con la Junta para que le ceda su uso y así trasladar allí sus dependencias de cultura y albergar un museo de cultura popular, lo que supone la desaparición del proyecto. Contra este plan se ha alzado una insólita movilización, que ha dado lugar a la recogida de varios miles de firmas y el apoyo de diversas entidades. Esta defensa de la cultura, que debería ser motivo de orgullo en una ciudad, ha sido respondida por la administración con la descalificación y la sordera más absoluta. A estas alturas del siglo y del país cualquiera con experiencia en este ámbito sabe lo difícil que es crear una institución cultural viva y lo fácil que es destruirla. Entonces ¿es que los políticos no lo saben o es que no les importa?