Esther Gatón: 'Amable cítric', 2026. Foto: A. A.

Esther Gatón: 'Amable cítric', 2026. Foto: A. A.

Arte

El premio de comisariado de la Comunidad de Madrid pone la pintura patas arriba

La Sala de Arte Joven presenta la exposición ganadora de la convocatoria de comisariado que le da la vuelta a la pintura.

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Escribió Kazimir Malévich que la pintura, para renacer, debe primero destruirse a sí misma. Y existe, realmente, una pulsión autolesiva en el propio lienzo que pelea contra el pigmento, contra el espacio, contra la arquitectura y contra la mirada de cada espectador.

Nueva-vieja pintura. Sala de Arte Joven

Madrid. Comisariado: Andrea Celda y Lu Millet. Hasta el 19 de julio

Mil y una veces ha muerto la pintura y mil dos ha renacido más fuerte, más rotunda, más necesaria. Ya no nos creemos el cuento de la lechera porque, al margen de su decisivo papel en el mercado como un valor –casi siempre– al alza, implica un amarre, un anclaje, un punto de partida para construir cualquier cosa que tenga la intención de ser arte.

Esto es lo que se han planteado Lu Millet y Andrea Celda, las comisarias de esta exposición, que se conocieron cuando ambas trabajaban en la galería Travesía Cuatro. Su proyecto Nueva-Vieja Pintura ha sido uno de los dos elegidos en la convocatoria Se busca comisario. Se han manchado las manos con esto de la pintura y, lejos de lo manido, han sabido darle una nueva pátina.

Parten de cuatro puntos cardinales, las casas astrales de la pintura occidental, carne para poner la picadora en marcha: el historicismo, la figuración, el formalismo y el conceptualismo. Pero quizá lo mejor es cómo lo han hecho. Destaca la interesante selección de artistas, pensada como una representación de una nueva genealogía de la pintura que se hace hoy en Madrid o vinculada a la capital.

Nada más entrar nos encontramos un césped con flores secas. Fue una antigua moqueta, hoy teñida con tintes vegetales, que nos propone una nueva línea del horizonte. Obra de Andrés Izquierdo (Madrid, 1993), la pieza dialoga de un modo extraño con la instalación de Esther Gatón (Valladolid, 1988) que se encuentra en el piso de arriba.

María Tinaut: ' Blue Pastures (after Mary Oliver), 2026. Foto: Andrés Arranz

María Tinaut: ' Blue Pastures (after Mary Oliver), 2026. Foto: Andrés Arranz

Gatón ha creado ex profeso –todos presentan obra nueva– una lisérgica burbuja rosa realizada con biomateriales, pigmentos termocrómicos, espuma y mosquitera, cuyos colores refractan la luz. Abajo se abraza la pintura más tradicional, la de las representaciones reconocibles.

Iris San Martín (Barcelona, 1996) recrea su memoria infantil en imágenes fragmentadas; Irene Anguita (Córdoba, 1997) trabaja la forma por sustracción de pigmento, utilizando lejía para pintar borrando; y Raúl Silva (Lima, 1991) articula un dispositivo muy escultórico que muestra litografías antiguas peruanas del Museo de Historia Natural de Neuchâtel (Suiza).

El recorrido lo marcan las estructuras de perfiles de acero galvanizado que ha diseñado el estudio SSOP para limitar el perímetro; muy inteligente la sujeción trasera de los lienzos con soportes de TV y las cartelas perpendiculares en metacrilato de tamaño A4.

Arriba, María Tinaut (Valladolid, 1991) tensa la ternura de las fundas de colchón familiares remendadas por su madre como si fueran lienzos de Agnes Martin y dialoga con Álvaro del Fresno (Madrid, 1999) desde el desbordamiento del psicoanálisis, articulando vidrios duchampianos de amor y muerte.