Oriol Vilanova (foto: Ingrid Sala). Al fondo, postales de la serie 'Los restos', 2026

Oriol Vilanova (foto: Ingrid Sala). Al fondo, postales de la serie 'Los restos', 2026

Arte

Oriol Vilanova, representante español en la Bienal de Venecia: "Mi propuesta es un elogio al mercadillo"

Entrevistamos al artista que ha hecho del coleccionismo su modo de trabajo. Las postales encontradas en los rastros, de las que atesora más de 200.000, conforman su universo.

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Es uno de esos artistas demiurgo que logran convertir lo banal en extraordinario. Su trabajo con tarjetas postales (posee más de 200.000) enciclopédico, obsesivo y abrumador le ha llevado a representar a España en la Bienal de Venecia 2026, el evento artístico internacional más importante.

A través de ellas enuncia una reflexión sobre la memoria, la imagen, el archivo y el turismo. Las piezas de Oriol Vilanova (Manresa, 1980) se muestran tan cotidianas que en 2022 una señora se llevó de una exposición una de ellas a su casa pensando que era, tan solo, una chaqueta olvidada.

Sucedió en el museo Picasso de París y la jubilada de 72 años incluso acudió a la modista para ajustarla a su figura, reduciéndola en casi 30 centímetros.

En los bolsillos de la chaqueta el artista había colocado unas postales de lienzos de Picasso. La obra se titulaba Old Masters y su robo a plena luz del día fue objeto de una gran cobertura mediática.

Vilanova atesora en su piso de 70 metros cuadrados de Bruselas la memoria visual del mundo. Su obra se funde con un ejercicio de coleccionismo descomunal. Todas las mañanas se acerca al mercado de pulgas a la caza de nuevas “presas”.

Oriol Vilanova: 'Los restos', 2026. Foto: Oriol Vilanova

Oriol Vilanova: 'Los restos', 2026. Foto: Oriol Vilanova

Su proyecto Los restos, comisariado por Carles Guerra, lleva al pabellón español de la Bienal de Venecia, que se inaugura el próximo 7 de mayo, la imagen banal, barata, turística, seriada y comercial. Podremos ver allí 50.000 de esas imágenes, convirtiéndose en, quizá, la exposición más abundante que haya habitado nuestro pabellón nunca, invitándonos a reflexionar sobre el deseo, el cliché o el souvenir.

Este artista supo entender, antes que nadie, la postal como dispositivo visual de viralidad analógica. Entre el enciclopedismo y el delirio, su obra devuelve valor a aquello que parecía muerto. Le entrevistamos mientras ultima el montaje en Venecia.

"No predefino nada de antemano; va surgiendo la obra con el tiempo, se van pensando las imágenes con las propias imágenes"

Pregunta. Queda menos de un mes para la inauguración. ¿Nervioso?

Respuesta. Un poco.

P. Representar a un país conlleva una gran responsabilidad. ¿Siente el peso político sobre sus hombros?

R. La verdad es que no. Lo afronto como una exposición más. No creo que yo ni mi obra puedan representar a nadie más que a mí, y diría que ni eso. La postal es un objeto de gran promiscuidad nacional; me siento afín a ese desajuste.

P. La exposición se titula Los restos. ¿A cuáles alude?

R. Es un título con vocación poética e ilustrativa. Trabajar desde los restos, y con los restos. Es, además, un elogio al mercadillo, donde todo son vestigios: de la historia y de las historias. En el mercadillo, aquello que no encuentra un cliente desaparece; es la última fiesta antes de la destrucción.

P. ¿Qué podremos ver?

R. Una nueva presentación, una representación, pensada para cada una de las salas: una novela escrita para la ocasión.

P. ¿Cómo ha sido el trabajo con el comisario, Carles Guerra?

R. Ya habíamos colaborado anteriormente, y era importante que conociera mi forma de trabajar, así como mi independencia. Estoy muy satisfecho con el equipo que hemos conformado.

Oriol Vilanova: 'Borrowed Words', 2019. Foto: Oriol Vilanova

Oriol Vilanova: 'Borrowed Words', 2019. Foto: Oriol Vilanova

P. Lleva veinte años coleccionando y recopilando postales. ¿Cómo comenzó esa obsesión? ¿Va a parar en algún momento?

R.Comenzó por azar, como todas las obsesiones, sin ningún plan. No sé si voy a parar; lo único que sé es que, si algún día deja de interesarme, pararé sin ninguna duda ni remordimiento. Es un compromiso que se renueva a diario, no es un mandamiento.

P. Tiene más de 200.000 ejemplares en su archivo. ¿Destacaría una favorita?

R. No. Todas tienen sentido en el conjunto, como un retrato colectivo.

P. ¿Qué es lo que le interesa de ellas?

R. Que es un objeto popular, cotidiano y aparentemente trivial, pero más complejo de lo que parece. Su lenguaje nunca fue neutro: nos habla sobre quién decide qué imágenes circulan o no, quién las produce, quién las consume. La postal responde a intereses comerciales; su fin es ser vendida, con agendas de propaganda más o menos conscientes.

Oriol Vilanova: 'Reproductions', 2025. Foto: Oriol Vilanova

Oriol Vilanova: 'Reproductions', 2025. Foto: Oriol Vilanova

P. ¿Y qué ocurre con los textos del reverso?

R. Me interesan, aunque habitualmente queden ocultos; los siento presentes en las instalaciones. Los mensajes enviados resuenan en multitud de lenguas y tonos.

P. En su vida privada, ¿ejercita el hábito del envío postal o solo el de su coleccionismo?

R. Básicamente las colecciono, pero también escribo y mando postales como obra.

P. La clave de su trabajo está en cómo ordena y clasifica las imágenes. ¿Cómo establece ese criterio?

R. El orden es de naturaleza inestable, y me gusta que así sea. Las categorías pueden ser reescritas y reorganizadas. Tengo centenares de capítulos en curso que van creciendo, y otros nuevos van apareciendo. La propia taxonomía crea otras nuevas. Se dividen, se contradicen, toman caminos independientes. El criterio es que abran preguntas por el camino. No predefino nada de antemano; van surgiendo con el tiempo, se van pensando las imágenes con las propias imágenes.

P. En esta edición, el pabellón español se ha renovado íntegramente, ¿en qué ha mejorado?

R. Hacía muchos años que no venía, no sé reconocer cuáles son las mejoras. Sí me llamó la atención que en las reformas no se haya incluido un sistema de control climático, algo que descubrí una vez llegué.

P. La comisaria del Programa General de la Bienal de 2026, Koyo Kouoh, falleció hace un año de forma repentina. ¿Se nota la ausencia de una figura de liderazgo en la dinámica de un evento de esa envergadura?

R. No sé si es una excepción de este año, pero tengo la sensación de que entre los pabellones nacionales y la exposición central no hay mucha comunicación.

Oriol Vilanova: 'Los restos', 2026. Foto: Oriol Vilanova

Oriol Vilanova: 'Los restos', 2026. Foto: Oriol Vilanova

P. Quizá no haya mejor lugar que Venecia para hablar de turismo global. ¿Cómo se representa la ciudad en el proyecto y qué lectura hace del contexto?

R. Venecia está representada como una mise en abyme, [una especie de muñeca rusa]. La ciudad, de la mano de Canaletto, parece haber inventado la postal, su idealización y su reproducción ad infinitum. La postal es un raro objeto que se dirige tanto a la alta cultura como a la cultura de masas, si es que existe diferencia.

P. ¿Qué papel juega la nostalgia en su obra?

R. Ninguno. Me interesa el anacronismo.

P. Su trabajo también evoca una narrativa en torno a lo analógico frente a lo digital. ¿Digitaliza sus fondos?

R. Normalmente no. Para la publicación se han escaneado todas las postales que estarán presentes en la exposición como una forma de llevarse a casa una versión en papel del pabellón.

P. Usted adquiere sus imágenes en mercadillos para luego insertarlas en el mercado del arte. ¿Es una especie de hackeo del sistema?

R. Me interesa la palabra mercado. Cada persona la asocia a su contexto habitual: el de las pulgas, en mi caso, o también el del arte. Mi obra transita de un mercado al

otro, evidenciando dinámicas habituales y cuestionando conceptos como el precio, el valor o el regateo.

P. ¿Qué pasará con ese enorme archivo cuando usted muera? ¿Volverán las postales al mercado de pulgas?

R. Una vez, hablando con Laurence Rassel –actual directora de la Rijksakademie de Ámsterdam–, le comentaba que me gustaría que, cuando muera, mis postales acaben de nuevo en el mercadillo, que vuelvan a circular. Su respuesta fue: “No creo que eso pase; cada vez se alejan más del mercadillo”.

P. ¿Cuáles han sido los mayores retos del montaje del pabellón? ¿Ha tenido que sacrificar algo de su práctica?

R. He hecho la propuesta que quería hacer, no ha habido sacrificios. Creo que es un proyecto sin artificio. Quizá uno de los principales desafíos haya sido la colaboración con AECID, ya que exponer en el pabellón español implica dinámicas de trabajo distintas a las de un museo o un centro de arte de cualquier lugar de España o Europa.

P. ¿Ha podido visitar otros pabellones? ¿Nos recomienda alguno en concreto?

R.Hay pabellones que aún no han empezado a montar; el de Qatar está construyendo el edificio. Todavía no he podido verlos, tengo mucha curiosidad por ver el trabajo de artistas a los que sigo: Sung Tieu y Henrike Naumann en el de Alemania, Marina Xenofontos en el de Chipre, Aline Bouvy en el de Luxemburgo y Ei Arakawa-Nash en el de Japón.

P. También incluye una intervención performativa: El fantasma de la libertad (2026) no anunciada. ¿Cuándo podrá verse y en qué consiste?

R.No se comunicará ni el lugar ni la fecha; podrá ser vista o no. Funciona como contrapunto a la instalación, entendida esta primera como una sobresaturación de imágenes. La performance, en cambio, es una relación íntima con la misma: el performer mostrará una única postal, banal, y, sin mediar palabra, se irá. El título hace referencia a una escena de El fantasma de la libertad, de Luis Buñuel, donde la pareja protagonista se escandaliza al ver unas postales con escenas estereotipadas, se asombran ante tal banalidad, como si estuvieran viendo imágenes subversivas.

P. Reside en Bruselas aunque nació en Manresa. ¿Qué le llevó a mudarse?

R. Antes de vivir en Bruselas lo hice en Barcelona y en París. Bruselas fue por casualidad, o por destino. La visité para participar en una exposición, invitado por Moritz Küng. Durante el montaje fui al mercadillo de Jeu de Balle. Al cabo de unos meses me mudé. Llevo trece años allí y no me imagino en otro lugar.

P. Se licenció en arquitectura. ¿Qué le llevó a ser artista?

R. Estudié arquitectura bajo la influencia familiar, aunque siempre estuve interesado en el arte. En aquel momento no ejercía la práctica artística: visitaba tantas exposiciones como podía, asistía a charlas, simposios, era amigo de los museos, viajaba. El rol de público es imprescindible y me encanta seguir ejerciéndolo