Aldo Urbano: 'La muerte es un hotel de cinco estrellas', 2025. Foto: Bombón Crisis

Aldo Urbano: 'La muerte es un hotel de cinco estrellas', 2025. Foto: Bombón Crisis

Arte

Aldo Urbano, el pintor que se encontró con la muerte y sus nombres en un bar

La galería madrileña Bombón Crisis presenta los últimos trabajos de este artista visceral e inclasificable.

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Aldo Urbano (Barberà del Vallès, 1991) estaba en un bar cuando escribió el título de su exposición, La muerte es un hotel de cinco estrellas, sobre un mantel grasiento de papel, del que arrancó de un tirón el fragmento que percibió como sagrado.

Aldo Urbano. La muerte es un hotel de cinco estrellas

Galería Bombón Crisis. Madrid. Hasta el 16 de mayo. De 3.000 a 5.500 €

Salió a la calle con la sensación inequívoca de haber sustraído algo que, aun siendo visible para cualquiera, solo a él le había sido revelado. Un secreto que ahora nos confía en una exposición inusualmente contenida para este artista catalán.

Reúne seis pinturas de tamaño mediano y una pequeña (que funciona como póster), tres ánforas de cerámica y el fragmento sagrado en el que aún se insinúa, por transparencia, el nombre del bar.

Ante sus cinco pinturas de estrellas, donde cada “cabeza” sugiere agujeros negros vinculados a formas naturales –como los órganos ocultos de las flores–, sorprende que la esperanza se repliegue en una vía estelar abismal.

Confesar que pinta estrellas porque le falta la esperanza es un acto de honestidad profundamente humano. Y, si ese es el camino elegido, conviene reconocer que esquiva la pretensión sin renunciar al carácter críptico, siempre presente en su obra.

Aldo Urbano: 'Moribundo y cinco estrellas', 2026. Foto: Bombón Crisis

Aldo Urbano: 'Moribundo y cinco estrellas', 2026. Foto: Bombón Crisis

Esta ha operado como un conjunto de acertijos psicodélicos, a través de la escritura, el dibujo y la pintura, a partir del cual adopta formas narrativas próximas al arte secuencial del cómic.

Las ánforas de cerámica presentes en esta exposición en la madrileña galería Bombón Crisis, conservan el espíritu de un proyecto anterior, en el que funcionaban como un nexo con tradiciones que utilizaban recipientes de aceite como vínculo con lo sobrenatural.

Su plasticidad se acerca a la de sus pinturas: por sus colores vibrantes, luminosos y, a veces, saturados, y por su forma casi líquida, que las vincula con la idea de ser pequeños recipientes capaces de contener una mínima parte del inabarcable mar de la muerte.

Me resulta curioso cómo incluso el proceso de la cerámica, en este contexto, se vincula conceptualmente con la exposición, ya que, al final de su aprendizaje, confesó haber asumido una cierta dosis de pérdida en cada obra realizada.

En las actuales confesiones, Urbano aborda uno de los núcleos conceptuales de la tradición estoica y cristiana: la meditación sobre la muerte (meditatio mortis).

Sin embargo, se aparta de su solemnidad y de su dimensión trágica, y también de ciertas líneas del arte contemporáneo que han trabajado la muerte desde la serialidad mediática (como el trabajo que hizo Andy Warhol con la reproducción de imágenes), el espectáculo material (Damien Hirst) o la intimidad política (Félix González-Torres).

Aldo Urbano: 'La muerte es un hotel de cinco estrellas V', 2025. Foto: Bombón Crisis

Aldo Urbano: 'La muerte es un hotel de cinco estrellas V', 2025. Foto: Bombón Crisis

En Urbano, la muerte se presenta como una hipótesis hospitalaria: un sistema de acogida administrado por estrellas. Y es precisamente ahí donde se sitúa el interés por esta exposición: en ese desplazamiento del gran pensamiento sobre la muerte hacia una metafísica íntima, entendida como proyección del deseo.

Una ficción optimista que reprograma el imaginario del más allá, donde incluso el mantel de bar adquiere un carácter revelatorio: una santificación de lo trivial, más cercana a una revelación infraordinaria, no inventada, sino escuchada.