El Xupet Negre: 'Arte para el pueblo', sin fecha. Acrílico, collage y aerosol sobre lienzo. Artrust.Ch © Cortesía del artista. A la derecha, Banksy: 'Elige tu arma [Choose your weapon]', 2010. Serigrafía sobre papel.

El Xupet Negre: 'Arte para el pueblo', sin fecha. Acrílico, collage y aerosol sobre lienzo. Artrust.Ch © Cortesía del artista. A la derecha, Banksy: 'Elige tu arma [Choose your weapon]', 2010. Serigrafía sobre papel.

Arte

De la clandestinidad al éxito millonario de Banksy: la Fundación Canal recorre la historia del arte urbano

Una exposición repasa los inicios y la evolución del grafiti y el 'street art' desde los 60 hasta hoy con obras de Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Taki 183, Obey o los españoles Suso33, El Xupet Negre y PichiAvo.

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Junto a las famosas torres Kio de Madrid hay un descampado con varios muros llenos de grafitis. Obras clandestinas y de dudosa calidad artística (throw-ups o bombas ejecutados con prisa y escasa técnica) que sus autores tuvieron que hacer a escondidas para no ser multados.

Justo enfrente, en la sala de exposiciones de la Fundación Canal, con todo el boato institucional, se presenta entre micrófonos y corbatas una exposición que recorre la historia del arte urbano desde los años 60 hasta hoy.

Esa es la gran paradoja del arte callejero, una práctica clandestina que surgió como acto de rebeldía, inconformismo o mera expresión del yo que se fue diversificando y ganando sofisticación formal y conceptual hasta convertirse en lo que es hoy: una forma de arte reconocida y apreciada, incluso encargada por las autoridades, encapsulada en museos y vendida por sumas exorbitantes de dinero.

El caso más paradigmático es el de Banksy, la gallina de los huevos de oro del street art, a quien se dedica una sala entera con 14 serigrafías sobre papel, incluyendo su famosa niña que ha perdido o dejado marchar un globo con forma de corazón. También hay una pieza que representa la subasta de una obra en la que se lee "No puedo creer que vosotros, imbéciles, realmente compréis esta mierda", en referencia a sus propios juegos con el mercado del arte, del que se lucra a la vez que se ríe.

La exposición, titulada Arte urbano. De los orígenes a Banksy, está comisariada por la historiadora del arte Patrizia Cattaneo Moresi, directora de Artrust (Suiza) y podrá visitarse de forma gratuita hasta el 3 de mayo.

Vista de la sala dedicada a Banksy en la exposición. Foto: Fundación Canal

Vista de la sala dedicada a Banksy en la exposición. Foto: Fundación Canal

La muestra reúne más de 60 obras originales de algunos de los nombres más influyentes del arte urbano internacional, desde Jean-Michel Basquiat y Keith Haring hasta SEEN, Blek le Rat, JR, Invader, Obey y Os Gêmeos, junto a figuras españolas como SUSO33, El Xupet Negre o PichiAvo.

Todos ellos han escrito la historia del arte urbano en el lugar al que pertenece: la calle. Lo que vemos en las paredes del museo son las obras que han hecho fuera de ellas, sobre soportes como lienzos o papel. Por tanto, el valor de la exposición radica en presentarnos obras originales que nos dan una idea de su técnica, su estilo y sus temas, pero este enfoque le impide presentarnos la historia del arte urbano en su contexto (algo que solo podría hacerse con fotografías de sus obras callejeras).

Los pioneros

La primera sala se remonta a los orígenes del grafiti con obras de pioneros como TAKI 183, un muchacho de Nueva York que bombardeó la ciudad con su firma desde finales de los años 60, pintando compulsivamente todo tipo de superficies en el metro y en las calles con su rotulador y suscitando incluso artículos en The New York Times, lo que creó un efecto multiplicador, ya que cientos de jóvenes empezaron a imitarle estampando sus propias firmas.

Esa forma de expresión era, en palabras de la comisaria de la muestra, la historiadora del arte Patrizia Cattaneo Moresi, una manera de gritar: "Existo, escúchenme". Así, "el writing (acto de escribir el nombre o alias del autor) no nació con intención artística, sino como una respuesta espontánea a la invisibilidad: un gesto de apropiación simbólica del espacio urbano frente a una ciudad que negaba representación a amplios sectores de su población".

PoemOne: 'Matrix', 2021. Técnica mixta sobre lienzo. Artrust.Ch © Cortesía del artista.

PoemOne: 'Matrix', 2021. Técnica mixta sobre lienzo. Artrust.Ch © Cortesía del artista.

También puede verse un lienzo de SEEN, conocido como “el padrino del grafiti” por sus whole cars, pintadas que cubrían vagones de extremo a extremo; así como obras de otros pioneros como Crash, PoemOne o Quik. La mayoría son sin datar o muy recientes, reflejando su salto de las calles a las galerías.

Esa transición comenzó a darse a partir de finales de los setenta y durante los ochenta. El endurecimiento de las políticas contra el grafiti y las campañas de limpieza del metro obligan a muchos artistas a desplazarse a galerías y espacios alternativos como Fashion Moda o P.S.1.

En este contexto se sitúan figuras clave como Jean-Michel Basquiat o Keith Haring, que traducen los lenguajes de la calle al espacio institucional sin renunciar a su dimensión crítica, política y popular. Obras como la litografía Supercomb de Basquiat o el cartel de Haring para el Festival de Jazz de Montreux ejemplifican ese momento en que el grafiti deja de ser una práctica marginal para consolidarse como forma de arte reconocida.

La muestra dedica un amplio espacio al impacto del grafiti en Europa y a la reformulación específicamente europea del arte urbano, fuertemente marcada por el peso de la historia y la memoria en el espacio público. Desde el Muro de Berlín como lienzo político hasta la escena parisina del esténcil, con pioneros como Blek le Rat o Miss.Tic.

Vista de una de las salas de la exposición. A la izquierda, el cartel que Keith Haring diseñó para el Festival de Jazz de Montreux de 1983. Foto: Fundación Canal

Vista de una de las salas de la exposición. A la izquierda, el cartel que Keith Haring diseñó para el Festival de Jazz de Montreux de 1983. Foto: Fundación Canal

Grafiti en España

En el caso español, la exposición traza un recorrido que va de la efervescencia de la Movida madrileña a la consolidación de lenguajes propios en ciudades como Madrid y Barcelona. SUSO33, presente en la muestra, lleva la lógica del tag a una dimensión performativa y conceptual con sus célebres siluetas y proyectos como i-Legal, que reflexionan sobre la frontera entre legalidad e ilegalidad.

En Barcelona, El Xupet Negre anticipa el branding urbano con su icónico chupete, convertido en símbolo reconocible y vehículo de mensajes antirracistas. Este fue el primer grafiti que vio en su vida la dibujante, escritora y exgrafitera Carlota Juncosa, que en su recién publicado cómic Malas ideas (Reservoir Books) narra su relación con esta forma de arte cuando era adolescente.

Por su parte, el dúo valenciano PichiAvo fusiona grafiti, clasicismo y figuración para sacar a las divinidades grecolatinas del museo y devolverlas, a escala monumental, a los muros de la ciudad.

Las secciones dedicadas a la evolución desde el año 2000 ponen el foco en la hibridación de técnicas y discursos, desde el post-grafiti y el sticker art hasta prácticas que intervienen directamente en la piel de los edificios, como los murales de VHILS creados taladrando el hormigón, como su impresionante retrato de la cantante Cesária Évora en Cabo Verde.

¿Arte o vandalismo?

Por supuesto que sigue habiendo obras cutres. Hay un trecho infinito del garabato irrespetuoso en una propiedad privada o en una escultura de la catedral de Santiago de Compostela a los murales que quitan el aliento y embellecen el espacio público e invitan a la reflexión. Pero esa frontera no está siempre clara y de ello se encarga la última sala de la exposición, que pretende instruir al visitante entre lo que es arte y lo que es vandalismo.

Ejemplos de lo primero: el mural del madrileño Sfhir en un edificio de Feme, A Coruña, en el que se ve a una joven tocando el violonchelo (elegido como el mejor mural del mundo en 2024 por la plataforma Street Art Cities); otro mural de JR en Franklin Street, Nueva York, que representa a una bailarina de ballet; el que realizó Keith Haring en 1989 en la Iglesia de Sant'Antonio Abate en Pisa, Italia, cuya restauración sufragaron los propios vecinos de la ciudad; o el que decora la estación de metro Paco de Lucía, en Madrid, realizado por Rosh33 y Okuda.

Ejemplos de lo segundo: la escultura del siglo XII de la catedral de Santiago de Compostela que apareció pintarrajeada como si fuera un músico de Kiss; la pintada "Aliens exist" en el Panteón de Roma; y pintadas en vagones de metro, puertas de garajes y casas.

La obra que cierra la exposición es una pieza de "poesía visual urbana" de SUSO33, uno de los artistas urbanos favoritos de las autoridades, que encarna a la perfección ese tránsito de lo clandestino a lo oficial, de lo marginal a lo mainstream.

Según ha explicado el propio creador, esta pieza titulada I-Legal (2004) invita a reflexionar en torno a la legalidad, la ilegalidad y la alegalidad en el arte callejero, un terreno movedizo en el que navegan muchas de sus obras. El artista realizó una pieza en la pared de un descampado en la que colocó un tablero. Al retirar ese tablero y colgarlo en la pared de un museo, la obra se convierte en legal.

Suso33: 'i-Legal', 2004. Aerosol sobre madera y calle y fotografías. Cortesía del artista © SUSO33, VEGAP, Madrid, 2026.

Suso33: 'i-Legal', 2004. Aerosol sobre madera y calle y fotografías. Cortesía del artista © SUSO33, VEGAP, Madrid, 2026.

Se trata de un debate "que no busca una respuesta concreta, sino activar una reflexión crítica. ¿Hasta qué punto una intervención en el espacio público ha de considerarse un acto vandálico? O, por el contrario, ¿qué hace que determinadas intervenciones adquieran la consideración de arte?".

Algunas fotos dispuestas a lo largo de la galería abovedada de la sala de exposiciones como ejemplos de vandalismo no difieren mucho de los grafitis que veíamos en el descampado de fuera. Tampoco son muy distintos de aquellos primeros grafitis que en la primera sala se definen como "un gesto de autodeterminación" y "un acto creativo, social y cultural". Quizá, una vez más, lo que hoy llamamos vandalismo el día de mañana se exponga en un museo.