'El mundo de las cosas', 2021. Foto: © Borja Ballbe

'El mundo de las cosas', 2021. Foto: © Borja Ballbe

Arte

Releer a Susana Solano, la escultora que rompió con las convenciones

La Fundación Vila Casas recorre el trabajo de la artista, de sus piezas de los años ochenta a los trabajos más recientes.

12 febrero, 2024 01:48

En torno a los años ochenta Susana Solano gozó de una gran proyección, no solo nacional, sino también internacional. Fue aquel un periodo de una gran agitación en el ámbito del arte contemporáneo, aunque con la perspectiva del paso del tiempo haya sido también cuestionado. Se estaba construyendo desde cero el sistema de arte español con inversiones millonarias en infraestructuras museísticas y adquisiciones de obras de arte.

Susana Solano - Anónimos

Espais Volart - Fundación Vila Casas. Barcelona. Comisario: Enrique Juncosa. Hasta el 14 de julio

La Administración, que buscaba una nueva imagen con que identificar la reciente democracia, apoyó a una nueva generación de creadores a través de programas de promoción tanto dentro del país como en el exterior; la prensa y los medios se hacían eco con fervor de este renacer de la cultura; y Europa observaba con interés y complicidad la escena artística y la incipiente democracia española.

Ello coincidió, además, con una explosión del mercado del arte internacional, con ventas y transacciones astronómicas... Este es el contexto –el espejismo– en el que aparece la figura Susana Solano (Barcelona, 1946).

Esta retrospectiva se plantea revisar y repensar la obra de Solano y acercarla a nuevas generaciones

Los ochenta significaron también la recuperación de la pintura y la escultura, es decir, los lenguajes y procedimientos tradicionales, después de que en la década anterior hubieran prevalecido las poéticas conceptuales. Frente a esa estética de lo inmaterial, ahora se rehabilita el objeto, la materia, lo físico...

La escultura de Susana Solano, sin embargo, parte del legado del minimalismo y del postminimalismo, del povera. Sus trabajos no pueden describirse a partir de los principios clásicos de masa-vacío, cóncavo-convexo, materia-superficie...

'Senza uccelli', 1987. Foto: © Borja Ballbe

'Senza uccelli', 1987. Foto: © Borja Ballbe

Asumiendo esta herencia conceptual, Solano busca llevar al límite la misma definición de escultura y, por esta razón, a veces su obra causa extrañeza, incluso incomodidad. Aunque se trate de una pieza reciente, El mundo de las cosas (2021) es significativa de este concepto de escultura que rompe con las convenciones tradicionales, pues consiste en un ensamblaje de elementos heteróclitos (una placa de metal, bidones de PVC con arena y maderas).

Aunque la artista ha perdido la centralidad de que gozó en los años ochenta, su presencia ha sido constante en galerías y museos. La singularidad de la presente exposición, concebida como una gran retrospectiva, es que se plantea como un reto a múltiples niveles. El primero, el de revisar y repensar la obra de Susana Solano y acercarla a nuevas generaciones. Pero hay otros.

[Escultura fuera de horma]

Uno de ellos es el diálogo con el espacio expositivo. A pesar de que Solano ha abordado trabajos de escultura pública y su preocupación por el espacio ha sido una constante en su trayectoria, la exhibición de su obra requiere una condición ideal: el cubo blanco. Y esto es así porque su escultura –que ella misma, según explica, está dotada de energía– precisa silencio y una distancia que crea el vacío a su alrededor.

El cubo blanco hace posible esta interacción contemplativa o meditativa entre el espectador y la obra. Por ello, decíamos antes, supone un reto trabajar con grandes, medianos y pequeños formatos en el Espais Volart de la Fundación Vila Casas, un especio laberíntico con múltiples recovecos que, a priori, dificultarían esa aproximación silenciosa que requiere la obra de Solano.

'Anónimos', 2021-2022. Foto: © Borja Ballbe

'Anónimos', 2021-2022. Foto: © Borja Ballbe

La escultura de Susana Solano posee una dimensión simbólica. En muchas de sus declaraciones, la artista ha insistido una y otra vez sobre estas cuestiones. Además, los títulos de algunas piezas –por ejemplo, la serie Lalibela, que alude a la ciudad santa de Etiopía– o las connotaciones que inspiran otras, inducen a pensar que su trabajo no es simplemente una especulación formal, sino que la artista aspira a un contenido profundo.

Falta saber de qué contenido se trata exactamente. Y en este punto Susana Solano guarda silencio, como si el secreto de su escultura fuera una adivinanza: “No lo voy a contar”. Tal vez sea mejor así, que la obra hable por sí misma y que la artista calle.

Enrique Juncosa, comisario de la exposición, en el texto del catálogo cita al cineasta Michelangelo Antonioni como una expresión paralela, esto es, una poética de la incomunicación, del silencio, de la alienación simétrica a aquella sensación de extrañeza e incomodidad de la obra de Solano que apuntábamos antes.

El itinerario de la exposición concluye con una serie de piezas de pequeño formato realizada entre 2021 y 2022 y titulada Anónimos, que significativamente da nombre a la exposición. Formas geométricas elementales de madera con pequeños elementos metálicos o naturales. Son “más escultóricas”, en términos tradicionales, que su escultura de gran formato.

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No es la primera vez que Anónimos se exhibe públicamente, previamente esta serie se había presentado paralelamente a una faceta no especialmente conocida de Susana Solano, la de su trabajo en la joyería. Ella misma ha explicado que con esta última se siente descargada del dolor y el peso –acaso de la ambición– que significa su dedicación a la escultura. Puede que también esta serie implique una búsqueda de nuevos caminos para Susana Solano