El Cultural

El Cultural

Arte

Archivo Mutis, el tesoro del Botánico de Madrid

Realizadas a partir de 1783, hasta 7000 láminas conforman esta colección sobre la flora de Colombia y Ecuador que ilustrará el calendario de los jardines

26 agosto, 2020 13:39

El Archivo Mutis es por su espectacularidad, ambición artística y rigor científico la mejor colección de dibujos de especies naturales del Jardín Botánico de Madrid. “Jamás una colección de diseños ha sido hecha con más lujo”, exclamó el geógrafo y naturalista Humboldt cuando la conoció. Son cerca de 7000 láminas sobre la flora de Colombia y Ecuador catalogadas por la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada emprendida por José Celestino Mutis en 1783 con el apoyo de la corona española. El Botánico acaba de publicar el calendario del próximo año ilustrado en esta ocasión con trece de estas deslumbrantes pinturas.

Con una heliconia de exuberante color rojo-anaranjado se abre este calendario diseñado por la restauradora de papel del archivo Gloria Pérez de Rada. La planta tropical, conocida popularmente como ave del paraíso o pinza de langosta, se ofrece aquí en un bello y minucioso dibujo, de gran simetría, que recorre distintas etapas del crecimiento de la planta, desde su juventud y estado de floración hasta su madurez, con un despiece en su parte inferior de los estambres y semillas que se muestran también seccionados.

El dibujo lo firma Gustavo Morales Lizcano y pertenecía al medio centenar de pintores en nómina que integraban la escuela taller que Mutis fundó en la actual Colombia, primero en Mariquita y después en Santa Fe. Los artistas, en colaboración con recolectores y botánico, debían dibujar la Historia Natural de toda la América Hispana. La escuela fue única en su tiempo por su concepción y sistema de trabajo y por la especialización de sus artistas. Funcionaba como un estudio de pintura de plantas, con artistas especializados por áreas: unos se ocupaban de los despieces florales, otros del hábito de la planta, de la iluminación o la caligrafía. “Por eso los dibujos del archivo Mutis guardan una gran coherencia, siguen unos criterios de composición, hay preocupación por la simetría, el detalle, el color, además de rigor científico, lo que contrasta con los dibujos de otras expediciones españolas, más toscos y menos artísticos, porque los artistas los hacían en el campo, con mayor urgencia”, comenta Esther García Guillén, Jefa del Archivo del Botánico.

García Guillén se refiere también a la metodología de trabajo impuesta por Mutis en la escuela, al que supone muy exigente y que sería otra de las razones que explican la singularidad del archivo. “Estos dibujos retratan un ideal, un arquetipo de la especie vegetal. Y eso es posible por la forma de trabajar: los naturalistas y recolectores enviaban al taller las plantas recién cortadas en distintas estaciones del año o etapas, y los pintores registraban sus variaciones, su crecimiento, el haz y envés de las hojas, hay algunas láminas que ofrecen unos detalles microscópicos increíbles, líneas precisas... Utilizan pigmentos vegetales de plantas locales, pero también importados de Europa”.

Casi todos los pintores de la escuela eran americanos, destacando los de Quito, célebres por su formación en el arte de las miniaturas religiosas. Pero el hombre de confianza de Mutis y excelente artista es el mulato Salvador Rizo, que permanecería 26 años en la Expedición y que luego destacaría como prócer de la independencia colombiana. “Se admira usted de que en América haya podido conseguir pintores notabilísimos, pues ha de saber que mis láminas van saliendo cada día más bellas, si no me engaña mi propio parecer. Amaestré en estos trabajos a varios jóvenes que ya conocían por los menos los rudimentos del dibujo”, escribió Mutis a Pedro Jonás Bergius, famoso botánico sueco.

Mutis murió en 1808 pero el taller de Santa Fe, conocido como la Casa Botánica, todavía se mantendría abierta. Al cabo de treinta años de funcionamiento, se cerró y la Expedición se dio por terminada. El herbario y el archivo Mutis fueron enviados a España en 1816, y permaneció inédito, sin cumplirse el deseo del médico de difundirlo por todo el orbe. De las 7.000 láminas que lo componen, poco menos de la mitad de ellas son a color en técnica al temple, y otra parte en blanco y negro o sepia, concebida para que sirviera de base en el grabado de la plancha de cobre, además de los borradores y despieces florales. No fue hasta 1952 cuando los gobiernos colombiano y español decidieron continuar la empresa de la Expedición imprimiendo la colección de estas soberbias pinturas, acompañadas por las descripciones de expertos. Con un tamaño gran folio (54,5 x 38) que es el original de las láminas, y después de 30 tomos impresos, todavía no se ha culminado la publicación.

Científico y sacerdote secular

La naturaleza de esta empresa y el extraordinario fruto que dio no puede desvincularse del personaje que lo hizo posible. José Celestino Mutis es el prototipo del científico ilustrado del XVIII, con la ambición enciclopédica de clasificar el conocimiento e interesado por la Historia Natural. Hombre de múltiples saberes, gran iniciativa y también astucia para buscar el apoyo económico y político a sus empresas. Gaditano, formado con los jesuitas y luego médico por la Universidad de Sevilla, ejerció como tal en Madrid donde entró en contacto con los círculos científicos de la capital y, algo fundamental para el tema de esta historia, aprendió Botánica linneana (a Linneo se le debe el sistema taxonómico de las plantas y seres vivos actual). En 1760 se embarcó rumbo a Cartagena de Indias como médico del séquito del nuevo virrey de Granada. Ya no retornaría a la metrópoli y se convertiría allí en uno de los polos irradiadores del conocimiento científico, además de abrazar el sacerdocio.

Las continuas lluvias, el sol tropical y los muchos mosquitos de su nueva tierra no fueron obstáculo para su empeño de catalogar la gran diversidad botánica y de exuberante belleza que allí encontró. De forma que nada más llegar a Santa Fe propone a Carlos III, y en dos ocasiones, hacer la Historia Natural de toda la América Hispana, sin obtener respuesta. No se amilana, y participa en la explotación de una mina de plata para obtener fondos, sin mucha suerte. Luego se interesa la Cinchona (la quina), remedio que combate las fiebres de la malaria, y que explota para atender la gran demanda europea. A la tercera va la vencida y por fin Carlos III le aprueba financiar su Expedición, nombrándole Primer Botánico y Astrónomo del Rey.

Pero el ansia de conocimiento de Mutis era grande. Estudioso de las leyes físicas de Newton, la ciudad de Santa Fe le debe muchos de los planes de salubridad que se pusieron en marcha a finales del XVIII. Hoy sería un enemigo encarnizado de los que combaten las vacunas, las defendió e incluso se las inoculó para probar su eficacia contra la viruela. También a él se debe el conocimiento de varias lenguas indígenas de Colombia y Ecuador, pues capitaneó por orden del rey el catálogo Lenguas de América, de 19 volúmenes. Un personaje conectado con los botánicos y científicos contemporáneos suyos del orbe, con una biblioteca impresionante, cuya influencia también se dejó ver en el grupo social que giró en torno a la Expedición y del que saldrían destacadas figuras de la independencia colombiana.

@lizperales1