Arranca esta semana la cuarta edición de Open Studio en Madrid, un proyecto que da luz al espacio más personal de los artistas. Les hemos pedido a seis de ellos que nos desvelen su rincón favorito.
A Pollock le gustaba tener los botes de pintura en fila, ordenados de mayor a menor. En el suelo del estudio de Francis Bacon no cabía un alfiler, entre papeles, lienzos y trastos. Era caótico e intransitable. Frida Kahlo tenía varias bolas del mundo sobre su mesa, y también libros, muchos libros. A Willem de Kooning le gustaba tener los tubos de óleos en sus cajas, que amontonaba como se amontonan las cajas de zapatos en unos grandes almacenes. Warhol expandía su mundo forrando las paredes de papel de plata y Baldessari colapsando las paredes con infinidad de fotos. Los hay aparentemente simples, como el de Isidoro Valcárcel Medina, quien concentra su escritorio en un carrito Boby3 de Joe Colombo; y otros claramente complejos, como la macronave de Jeff Koons, que no escatima en contratar a más cien personas para producir al unísono, sin descanso.Los estudios son como los autorretratos, escenarios aparentemente transparentes, aunque llenos de misterios. Siempre hay recovecos ocultos, una vida interna, silenciosa, que no se ve. Esa misma es la que hemos buscado con motivo de la cuarta edición de Open Studio, un proyecto del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid, con el apoyo de la Fundación Banco Santander, que del 1 al 4 de octubre facilita la visita a muchos de los estudios de artistas que trabajan en Madrid. Hay rutas trazadas de antemano y planos disponibles en la página web, aunque desde El Cultural proponemos un itinerario distinto. Es el que trazan los propios artistas por esos rincones más preciados de su lugar de trabajo, esos que a priori pasan desapercibidos, aunque para ellos son una ventana creativa.
Irene de Andrés

Le siguen tres collages fotográficos de la estructura inacabada de la discoteca Idea, cuya demolición le dio pie a realizar el proyecto Donde nada ocurre, con otras cuatro discotecas abandonadas de Ibiza. En uno de los laterales, tres conexiones: "Un recorte de una noticia sobre el Festival Club, la discoteca que expuse en Generaciones. En él aparece el coso para capeas del complejo turístico abandonado, cuya forma se comunica con el interior del tronco de la obra Spazio di Luce de Giusepe Penone en la Whitechapel, con uno de los famosos círculos de piedras de Richard Long y con el reloj flotante en el agua de Roman Signer". Encima de la mesa, junto al ordenador, el último libro que ha leído, Viajeros contemporáneos de Vicente Valero. "Es crucial para el vídeo que estoy preparando para Toro Mar, y que presentaré en enero en Casal Solleric", adelanta.
Carlos Maciá
"Este rincón me gusta por su rareza", dice Carlos Maciá (Lugo, 1977). Está en la nave 25 a las afueras de Madrid, en Rivas Vaciamadrid. Es un espacio diáfano, que se presta a sus instalaciones y sus pinturas murales. "Repele casi cualquier acción de domesticarlo. Es algo claramente buscado, como tratando de evitar esa concentración y aglomeración de cosas que terminan por fagocitar los estudios", dice.
Señala una repisa en una de las esquinas de dicha nave. "Este cajón que esconde la instalación eléctrica era la única superficie donde posar algo cuando llegué aquí, así que enseguida la empecé a utilizar como mero almacenaje de objetos raros, pequeños hallazgos, tesoros varios y polvo, mucho polvo. Los objetos que caen aquí tienen que tener una entidad mínima, pero no son necesariamente importantes. Se van haciendo y asociando entre ellos a lo largo del tiempo. Cuando me canso de uno lo tiro y entra otro nuevo. Tal vez me sirve como recordatorio de cosas por pensar y por hacer...", añade.
Elisa Pardo
Hay también un grabado hecho por su hermano y una fotografía. "Es la imagen de un piloto, de 1953 y la compré en el rastro este verano. Está acompañada de algunas pruebas de dibujos y un cuaderno, y por la pared cuelgo cosas que voy haciendo para ver como quedan". En otro rinconcito vemos Estados de ánimo, un fanzine autoeditado por esta joven artista formado por cuatro desplegables: la ira, el odio, la tristeza y el éxtasis, y los dos fanzines que ha hecho como colectivo Leo Pardo, junto a sus hermanos: Narraciones fragmentadas y Madre.
Sonia Navarro
Original de Puerto Lumbreras, Murcia, Sonia Navarro (1975) lleva tiempo viviendo en Madrid, desde que viniera para realizar un máster en fotografía que con los años ha expandido a la escultura, la instalación y el dibujo. Las suyas son obras que cuestionan y confrontan ciertos mecanismos de poder, sobre todo aquellos que han colaborado a la jerarquía de géneros en relación a las labores del hogar femeninas. No choca, pues, encontrar en su universo creativo está habitado por telas, patrones, hilos, tijeras, agujas, fotos, fieltros, etiquetas de chaquetas hechas con retales... "Son los materiales con los que trabajo normalmente, que vienen de una relación directa con las mujeres de mi familia, mi madre, mis tías y mis dos abuelas me enseñaron a coser y a valorar este trabajo tan mal considerado durante años.", explica.
Su estudio está en Nave Oporto, espacio que comparte con artistas como Miki Leal, Toni Ramón, Miguel Ángel Tornero y FOD, entre otros. Con cada obra demuestra que con un mismo patrón hay infinitas posibilidades. Habla de patrones de ropa y de patrones de conducta. "Son importantes para mí por lo que tienen de recuerdo. Rememoran momentos importantes en mi vida y, de alguna manera, la memoria siempre está en cada proyecto y en cada cosa que hago". La suya es una obra que alude al ámbito privado, los de una economía familiar de subsistencia sostenida por las mujeres de la familia. Recursos de los que no reniega, si no a los que da una vuelta más acercándolos al ámbito de lo público.
Rafael Munárriz
En la pared, vemos varios papeles muy esquemáticos que ha ido colocando para visualizar algunas obras futuras. También a Duchamp jugando al ajedrez. "También hay un calendario que me hice para que no pillase el toro en la última exposición que tuve en Pelaires. También se puede ver una maqueta que me hice para situar las obras en el espacio de la galería", añade. Encima de la mesa facturas, presupuestos, muestras de vinilo reflectante y las dos cosas básicas en su trabajo: su ordenador y el cuaderno donde anota cada cosa que le pasa por la cabeza.
Luis Pérez Calvo
Llamado por algunos como "arqueólogo de la cultura popular", Pérez Calvo relee, pinta, dibuja, recorta, pega, ironiza y homenajea sin descanso a todos aquellos seres y recuerdos que pueblan su memoria y que trata de recuperar en un intento melancólico pero divertido por atrapar una sociedad fetichizada de un pasado reciente que desaparece poco a poco.
@bea_espejo