Image: Tenebrismo de Jorge Diezma
Merluza, 2010
La iluminación exterior es lo primero que sorprende de esta exposición en que Jorge Diezma (Madrid, 1973) regresa, tras los Cuadros negros de la última etapa, a la pintura de motivos y la recreación de un universo post-barroco que practicara en aquellas series de animales hace un lustro. Sorprende, por deliberadamente cambiante, tal variable que exagera o contiene las posibilidades de la representación por encima de la figura, del ambiente, del análisis puramente formal, de una técnica basada en los códigos del claroscuro y el tenebrismo.Es buena pista: bajo según qué luz, los bodegones (o sinopsis de ello), sus alardes de brillos, sombras y contornos, la impresión de volumen y espacio, son traspasados por la delicadeza o soltura de la pincelada, la acumulación de materia y pigmento, el acabado del barniz. Pintura, vaya, dirán. Sí. Pero lo que aquí se despliega es un abanico de trucos mostrados a la vista. Una prolongación de las cuestiones esenciales sobre el arte de hoy mediante el empleo de un discurso y un método conceptual y técnico que se instruye y se nutre en y de herramientas de la Historia de la pintura. Sin ironía y en inusual sintonía con lo pictórico, Diezma se desprende de la figura para ir a dar con quien la construye: nosotros. Lo que aquí se suscita a partir de la forma y de su potencia para hacer emerger la apariencia de lo real, es el interés por el misterio. O sea, aquello que sólo la representación y la complicidad del que se deja engañar por ella, puede iluminar.