Image: Eugenia Rico
Puente de Rialto en Venecia, donde Lord Byron afianzó la leyenda de quienes allí se suicidaron por amor
Son viajes ideales, viajes soñados, pero esta vez desde la ficción. Porque viajar es también un placer cuando se hace desde las páginas de un libro, la imagen sugerente de un cuadro, una fotografía, desde la butaca de un cine. Y así, nos vamos al Nueva York de Paul Auster, al Sáhara de El paciente inglés, al Cape Cod de Edward Hopper...
Es más fácil escribir de unos zapatos que del amor, y más sencillo contar cualquier ciudad en el mundo que narrar Venecia porque del amor y de Venecia todos los grandes han dicho algo. Lord Byron afianzó aquí su leyenda con amantes que se arrojaban del puente de Rialto y Proust se asomó con su madre a los balcones del hotel Danieli. Como parte del Gran Tour Venecia era la parada imprescindible para cualquiera que quisiera sacarse el carnet de escritor hasta la segunda mitad del S.XX. Nada de eso desanimó a Thomas Mann, que se apoderó para siempre del Lido. En la playa de Alberoni el espiritú de Tadzio se esconde entre las cabañas de madera de colores donde las venecianas de hoy en día se bañan púdicamente. Lo bello es el comienzo de lo terrible, decía Rilke. Wagner vinó a morir junto al Gran Canal pero Mann se apodera de Venecia con esta novela simbólica y simbolista.