Image: Rafael Díaz Santander

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El Cultural

Rafael Díaz Santander

"Nada de vampiros enamoradizos, recomiendo terror clásico"

Marta Caballero
Publicada

Rafael Díaz Santander.

El cofundador de la editorial Valdemar, especializada en literatura fantástica y de terror, selecciona las lecturas más terroríficas para el puente de los Difuntos

Sucedió hace casi 25 años. Dos jóvenes lectores apasionados del terror empezaron a echar mucho de menos, como suele pasar en los arranques de una editorial, más abundancia de aquellos títulos que les gustaban. Andaban haciendo "trabajillos" para otras editoriales y al final fundaron la suya. Lo cuenta Rafael Díaz Santander, quien asociado a José Luis González creó en 1985 la exquisita Valdemar. Se atrevieron con todo, desde Lovecraft a Proust, de las pesadillas alucinatorias de Stringberg a las locuras de Roland Topor. "Se trataba de averiguar -recuerda el editor- si era posible asentar en nuestro país una línea de edición que se sustentara en la literatura fantástica y de terror, por aquel entonces bastante maltratada, y que se fuera abriendo a otros géneros, incluso a obras clásicas, de manera que convivieran en una especie de armonía no sólo conceptual sino también vital". Así ha sido: Valdemar es hoy el mayor referente para los aficionados al género en España. Pura seriedad. Por eso es este editor quien nos da las buenas noches en este puente de todos los santos, recomendando las lecturas más terroríficas y confirmando que incluso en el siglo XXI, cuando el horror reside en la televisión, podemos dejarnos llevar por el pánico en un relato escrito hace 200 años.

Pregunta.- ¿Cuál fue su primera experiencia con la literatura de terror?
Respuesta.- El primer libro de terror que recuerdo haber leído fue El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde en un edición bastante casposa que cayó no sé por qué en el cajón donde guardaba mis tebeos. Era yo muy pequeño, y de hecho es el primer libro de texto seguido que conseguí leer y disfrutar. Me enganchó totalmente. Yo diría que fue el germen de una adicción que me ha perseguido toda la vida. Cuando leí a Edgar Allan Poe ya era un caso perdido, me di cuenta de que ya no quería hacer otra cosa que leer.

P.- La editorial ha seguido una trayectoria al margen de modas, rescatando los libros y sin mermar la calidad a pesar de la crisis. ¿Es difícil conseguirlo?
R.- Lo es. Me sorprende que hayamos llegado tan lejos, casi 25 años y más de 600 títulos editados, sin tener un verdadero espíritu comercial y actuando siempre un poco a nuestro aire sin rendirnos a las modas eventuales. Seguramente el acierto fue persistir en la línea editorial que nos marcamos desde el principio, el haber contado con distribuidores (Antonio Machado y Les Punxes) que conocen muy bien su trabajo y han sabido encauzar nuestra anarquía vital, y muy posiblemente por el hecho de que mi socio Juan Luis y yo formamos un buen equipo, en plan policía bueno-policía malo, un rol que adoptamos indistintamente en nuestras interminables discusiones. A veces pienso que nuestro ("relativo") éxito se debe a que no éramos las personas adecuadas para llevar un negocio, y que si hubiésemos actuado con la sensatez de la gente que se dedica a esto, habríamos fracasado.

P.- ¿Pueden dar miedo relatos escritos en centurias pasadas?
R.- Realmente una persona que vive en el siglo XXI ha visto de todo. No tenemos más que encender la televisión para encontrarnos con el horror. Yo difícilmente puedo imaginar algo más horrible que una persona atrapada en la parte superior de una torre que ha sido atacada por un avión y que se ve forzada a arrojarse al abismo para evitar el trance de quemarse vivo. En fin, no hace falta abundar en los ejemplos, suceden todos los días y en todas partes. Lo que pasa es que el hecho mismo de ser televisados los convierte en algo muy próximo a la ficción. Así las cosas, ¿cómo vamos a asustarnos con un pobre vampiro transilvano, o con un fantasma que no encuentra el descanso porque se cometió una terrible injusticia con él? Para gozar de un relato de terror del siglo XIX tenemos que entrar en el juego y hacer el camino inverso: darle estatuto de realidad a la ficción, suspender la incredulidad durante el tiempo de la lectura.

P.- ¿El auge actual del cine y la literatura de terror ha beneficiado de alguna manera?
R.- Beneficia, si es que beneficia a alguien, a las grandes editoriales que se dedican a los bestsellers programados y descafeinados. Todas estas modas de vampiros enamoradizos y zombis en entornos de novelas de Jane Austen, etc., se programan para lectores no evolucionados. Demandan siempre lo mismo y no avanzan. Para ellos lo ideal son las sagas interminables. Nosotros no estamos en esa guerra, aunque puede que algunos de estos lectores den un salto cualitativo y empiecen a leer cosas algo más consistentes. Podríamos habernos metido ahí, pero nuestros lectores más fieles se habrían llevado una gran decepción. Respeto mucho a los compradores de Valdemar, estamos todos en el mismo rollo.

P.- ¿Podría recomendarme uno o varios libros o relatos para este puente de todos los santos?
R.- Yo tiraría por el terror clásico: nada de zombis o vampiros enamoradizos de los de ahora. Leería unos buenos relatos de fantasmas, por ejemplo, nuestra antología de bolsillo: Quién anda ahí... Los mejores relatos de fantasmas aparecidos en Valdemar. O bien, Felices pesadillas, que es una antología completísima de todos los temas de terror que hemos tocado.

P.- ¿Cuál es el relato de miedo más terrorífico que haya leído jamás?
R.- Sin duda sería uno de Edgar Allan Poe. Hay varios que me resultan ciertamente espeluznantes: El entierro prematuro, El corazón delator, El gato negro, o La verdad sobre el caso del señor Valdemar. Los he leído muchas veces, y siempre me sorprenden. La sensación de terror de la primera vez ya no es tan intensa, pero siempre encuentro detalles que había olvidado o me habían pasado inadvertidos. Algunos de estos relatos fueron llevados a la televisión por Narciso Ibáñez Serrador, en aquella inefable serie de Historias para no dormir. Me daban tanto miedo que tenía pesadillas y no pegaba ojo en todo la noche, y tenía que apechugar con ello yo solo porque si mi padre se enteraba de que no dormía me habría prohibido verlas.

P.- Tras los vampiros y zombis, que ahora siguen en racha, ¿qué criaturas nos esperan, qué historias?
R.- El zombi y el vampiro son las grandes estrellas del momento. Bueno, el vampiro siempre ha estado ahí, quiero decir desde Drácula, posiblemente sea el gran mito del terror. Las entidades lovecraftianas tipo Cthulhu son cada vez más populares incluso entre la gente que le gusta la literatura "seria" y "comprometida". Pero supongo que en 2012 tendremos historias apocalípticas sobre el final de los tiempos. No sé que historias nos llegarán en el futuro, pero no auguro nada realmente bueno... salvo excepciones los escritores de terror han perdido el sentido del humor y de la transgresión. Vivimos en una civilización cada vez más pacata, que crea un tabú tras otro. No puede hacerse popular nada que transgreda ciertos límites.

P.- ¿Dentro de la literatura española, quiénes asustan más?
R.- La verdad es que España no ha destacado precisamente por cultivar el relato de terror, lo cual no quiere decir que no tengamos una gran literatura. Es una pena que sólo nos venga a la cabeza Bécquer entre los clásicos. Pero, sin entrar en disquisiciones, el género no está muy bien visto en España, parece que se necesitara siempre una coartada cultural para que los críticos se decidan a prestar un poco de atención. A mí me hace gracia oír eso, por ejemplo, de que Hammet o Chandler transcienden el género... ¡Pero si eran escritores pulp! Hasta James Ellroy y Dennis Lehane han terminado por creerse que están escribiendo la gran novela americana. El caso es los escritores de género en España no llegan a ser muy conocidos. A mí me gustan Pilar Pedraza y José María Latorre, de los que hemos editado cosas en Valdemar. Sin duda hay más, pero no puedo dejar de recomendar a Albert Sánchez Piñol, con La piel fría, a David Monteagudo con Fin, y a Javier Calvo con Corona de Flores, tres novelas muy sorprendentes y de gran calidad.

P.- ¿Qué ámbitos del género les quedan por cubrir o rescatar?
R.- Más que temas, nos quedan autores que no hemos podido editar y que merecería la pena hacerlo si conseguimos salir de esta crisis y permitirnos el lujo de poder arriesgar más. También tenemos una laguna en lo que se refiere a autores más contemporáneos, e incluso autores que están escribiendo ahora mismo. Pero, bueno, tenemos que ir poco a poco en estos tiempos de incertidumbre y revuelo en el mundo editorial.

P.- ¿Qué tiene un relato de terror que no tenga el cine?
R.- El cine te da las imágenes, es más inmediato y su eficacia es demoledora. En el cine sólo tienes que dejarte llevar y liberar emociones. La literatura exige más tiempo y esfuerzo mental para visualizar interiormente lo que estás leyendo, pero cuenta con el poder de evocación de las palabras, con la manera en que las elige y dispone el autor para formar algo bello y terrorífico a la vez. Las palabras tienen una historia, una etimología, pero también tienen una historia particular en tu inconsciente. Las palabras son sexis.

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