Image: Fernando Vallejo

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El Cultural

Fernando Vallejo

“El lector es una puta. Es voluble, pasajero...”

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Fernando Vallejo, por Gusi Bejer

Si esta entrevista fuese una película, tendría más rombos que un jersey. No es apta para todos los públicos, porque su protagonista, Fernando Vallejo (Medellín, 1942), es un provocador nato que acaba de publicar La puta de Babilonia (Seix Barral), diatriba feroz contra la Iglesia. Adora a los animales y odia a Juan Pablo II, al resto de escritores, el cine, Colombia... Menos mal que el autor de La Virgen de los sicarios y del Desembarrancadero asegura que "recuerdo que paso al papel, recuerdo que borro", que si no...

Pregunta: Quienes le conocen bien resaltan su amabilidad y su bondad, ¿por qué al tomar la pluma para escribir no perdona ni a Dios?
R: Dios no existe y si existe no sirve para un carajo. Nada le debo a esa entelequia.
P: ¿Qué hubiera pasado si publica La puta de Babilonia sobre el Islam?
R: También es sobre el Islam. ¿Se te pasaron por alto la cantidad de páginas que le dediqué al bellaco de Mahoma, uno de los seres más viles que ha parido la humanidad?
P: Dice que tenía una cuenta pendiente con la Iglesia desde la infancia. ¿Qué le hizo?
R: Tratar de hundirme en su infamia y sus tinieblas. Pero no lo logró. De muchachito me libré de esa ramera.
P: ¿No pierde la razón con tanto insulto?
R: Yo no. Se la hago perder al prójimo. Saco a países enteros de quicio.
P: Acusa a Juan Pablo II de ser el Papa más dañino por haber fomentado la natalidad: ¿cree que en China o la India, por ejemplo, estaban muy atentos a sus palabras?
R: Durante el pontificado de esta alimaña la población mundial aumentó en 2.200 millones. Nadie como él fue tan responsable de este aumento. A tres años de su muerte ya estamos viendo los efectos de su prédica irresponsable: los polos sí se están derritiendo y el planeta sí se está calentando, eso no es cuento. Este planeta no puede con 6500 millones de Homos sapiens comiéndose a los animales y excretando. Hemos convertido los ríos en cloacas y el mar en un desaguadero de cloacas. Estamos a un paso del final, de acabar nuestra mísera historia entre la mierda.
P: En alguna ocasión perros callejeros fueron el público selecto de alguna de sus conferencias... ¿son más tolerantes que los humanos?
R: A mí los que me quieren (varias decenas de miles) me toleran todo. En cuanto a los perros, los hay buenos y los hay malos. La mayoría son buenos. En cambio la mayoría de la gente es mala y si hay un hombre bueno es por excepción.
P: Hace años renunció a la nacionalidad colombiana, vive en México desde hace más de 30 años, y tiene ya la mexicana, pero ¿no siente nostalgia?
R: No siento nostalgia de nada ni añoro nada. O tal vez sí, el silencio en que transcurrió mi niñez, sin música rock o disco o heavy metal o como se llame esta porquería que les debemos a los gringos, el smog del alma.
P: ¿Y que no le perdona?
R: ¿A Colombia, quieres decir? Esto: que me haya obligado a irme siendo un muchacho y dejando allá a mi abuela, Raquel Pizano, a quien sigo queriendo por sobre la muerte misma de aquí hasta el último confín de la última galaxia.
P: ¿Y a García Márquez? Porque el Nobel tampoco ha escapado de sus críticas...
R: Nada de críticas. A mí me tiene sin cuidado ese tipo. No me importa. No me interesa. Y no sé si vive.
P: ¿Y qué tres razones daría para leerle a usted?
R: Que aquí o allá, perdidas en un maremágnum de páginas, hay unas cuantas que le pueden provocar al lector una eyaculación inolvidable. Y eso es lo máximo. Al lado de esto sobran las otras dos razones.
P: ¿Por qué cree que la lengua española es "un adefesio, un inmenso desastre anglizado"?
R: No es que crea: es que es. En eso terminó. ¡Pero ni quién se dé cuenta! Don Fernando Lázaro Carreter, mi tocayo, que lo sabía, ya murió.
P: ¿Qué autores (españoles, latinoamericanos, ingleses, franceses...) le interesan?
R: Ninguno.
P: ¿Tampoco hay algún poeta que le emocione?
R: Tampoco, pero sí varios músicos, de los que te hago una cuenta apurada: Pergolesi, Gluck, Mozart, Haydn, Schubert, Beethoven, Wagner, Mahler, Debussy, Richard Strauss, Sibelius. Pero por sobre todos ellos José Alfredo Jiménez, el sol de México, que es el que me llega más hondo al alma.
P: Tampoco le gusta el cine, aunque estudió en los estudios Cinecitta de Roma: ¿también ha perdido esa fe?
R: La literatura al lado de la música es muy poca cosa y el cine al lado de la literatura lo mismo. El cine es un embeleco del siglo XX que está durando más de la cuenta, y con el que perdí varios años, pero qué impor-ta, la vida es para eso, para perderla uno en tanto nos llega la hora y nos ponen punto final a la novela los gusanos.
P: ¿En qué etapa está su libro sobre la vejez?
R: ¡Cuál vejez! Por el contrario. En lo que ando ahora es en un libro pornográfico. Voy a probarle a Raimundo y todo el mundo y a los remilgados del Vaticano y al cura-papa que la pornografía es un arte, y un arte mayor, y que de ella puede salir la más espléndida reno-
novación de la literatura.
P: ¿Un perro o un lector?
R: Depende del perro y del lector. Por mis dos perras siento un amor muy grande e igual por mis lectores aunque de éstos no me hago muchas ilusiones: hoy me leen a mí y mañana a otro. El lector es cambiante, voluble, pasajero... El lector es una puta.