"Catherine Parr", 1999
Con la serie Retratos, realizada el año pasado para el Deutsche Guggenheim de Berlín, Hiroshi Sugimoto, artista japonés residente en Los ángeles desde 1970 y una de las figuras indiscutibles de la fotografía actual, prolonga y lleva a la excelencia la línea de trabajo iniciada en 1976 con las series Dioramas y Museo de Cera. En ella fotografía, aislándolas frente a un fondo negro y a tamaño natural, diversas figuras de cera (casi todas del museo Madame Tussaud de Londres) que retratan a personajes históricos célebres: reyes y reinas de Inglaterra, estadistas, artistas, escritores y hasta Cristo y sus apóstoles.Sutileza, habilidad técnica y finísimo juego conceptual son las cualidades ya bien conocidas del trabajo de Sugimoto que, sea cual sea el tema al que se enfrente, genera siempre imágenes de una belleza quieta, fascinadora, que deja en suspenso. En estas obras juega, como en los Dioramas, a la reanimación de lo inanimado. El personaje de cera no es creíble fundamentalmente por la inmovilidad de la figura y por la fijeza de su mirada, muerta. Características que son inevitables en la imagen fotográfica, por lo que la ficción es en este medio más viable. La cuidadosa iluminación de las esculturas contribuye a esa impresión de realidad, y logra devolver la vida a las tristes y refinadas mujeres de Enrique VIII o a la severa reina virgen Isabel II.
Pero, además, la serie constituye un ejercicio "metaartístico", ya que buena parte de las figuras de cera se hicieron basándose en retratos pictóricos, algunos de célebres artistas, como Holbein, Van Dyck o David. Por otra parte, Sugimoto fotografía las recreaciones en cera de La lección de música de Vermeer y La última cena de Leonardo, y retrata a algunos pintores. Se establece un diálogo entre pintura, escultura y fotografía, que subraya las posibilidades del arte para generar mundos paralelos. Las figuras tienen un aire melancólico, como si fueran conscientes de lo efímero de su recuperada vitalidad, de su inmimente desvanecimiento, detenido por la cámara.
Son fantasmas, blancas apariciones surgidas de una vibración en la luz: la que sobre ellos ha proyectado Sugimoto.