Munar y su entrenador Tomeu Salvà, en la terraza del restaurante de jugadores.

Munar y su entrenador Tomeu Salvà, en la terraza del restaurante de jugadores. Rafael Plaza El Español

Tenis Abierto de Australia

Munar crece en Australia

A los 20 años, y acompañado por Tomeu Salvà, el mallorquín disputará en el Abierto de Australia su primer cuadro final de un Grand Slam tras superar la fase previa.

Melbourne (enviado especial)

“Estoy muy contento por ti, pero ahora viene otro partido y te toca afrontarlo igual”. Las palabras que Rafael Nadal le dedicó al mallorquín Jaume Munar después de superar la fase previa del Abierto de Australia y clasificarse para disputar el primer cuadro final de un Grand Slam de su carrera fueron una felicitación sincera, pero también una forma de animarle a no detenerse ahora y evitar caer en el conformismo.  

A los 20 años, el número 188 del mundo se enfrentará el martes a Gael Monfils en su primer partido en un grande después coronar los tres encuentros de la previa (6-2 y 6-4 a Andrea Arnaboldi, 6-2 y 6-2 al italiano Travaglia y 7-5 y 6-2 a Bradley Mousley) confirmando la progresión que ha demostrado desde que regresó a casa de Barcelona para entrenarse en la Rafa Nadal Academy by Movistar, donde cuenta con un amplio equipo de técnicos que le han ayudado a mejorar aspectos básicos de su tenis.

Tras su victoria en el último cruce de la previa, Munar se reunió con este periódico en la terraza de jugadores del torneo. Junto a él se sentó Tomeu Salvà, uno de sus entrenadores e íntimo amigo de Nadal, para analizar lo logrado en Melbourne e insistir en que el trabajo no está ni mucho menos terminado. En realidad, todo acaba de comenzar.

Jaume Munar. Pasar la fase previa era un objetivo, pero a día de hoy tengo que mirar un poco más lejos. Es verdad que lo he hecho muy bien durante estos días, pero es un torneo largo y para mí acaba de empezar otra vez. Tengo que estar concentrado en seguir adelante y ver lo que me espera a partir de ahora. Queda mucho por hacer.

Tomeu Salvà. Es verdad que ha hecho una previa muy buena, pero todavía estamos dentro del torneo y hay que seguir estando centrados, como hasta ahora. Le toca aprovechar la oportunidad de jugar la primera ronda de un Grand Slam. No me ha sorprendido que haya pasado la previa. En la segunda mitad de 2017 había hecho muy buenos resultados en su circuito, que a día de hoy es el mundo Challenger. Ahora quiero ver cómo responde en el cuadro final.

J.M. Podría ser muy peligroso caer en el conformismo un día como hoy. He venido a jugar la fase previa sin ser cabeza de serie, la he pasado y ya parece que todo está muy bien. Al final, se trata de ganar partidos en el cuadro final.

T.S. Lo más importante es la seriedad y la concentración que ha demostrado, dos cosas que le cuestan. Obviamente, luego lo ha acompañado jugando bien. Está sacando y restando a buen nivel y desde fondo se ha mantenido estable, algo que no es fácil con lo rápidas que están aquí las pistas. Además, en el primer partido estuvo un poco más nervioso, pero ha ido aguantando la presión bastante bien. La mayoría de los jugadores en un Grand Slam notan la falta de experiencia y se ponen más tensos que un Challenger.

J.M. El escenario lo hace todo mejor, aunque al final la fase previa de un Grand Slam es equiparable a un Challenger. La diferencia de nivel tampoco es tan grande. Se trata de competir, de hacer frente a frente al que te toque y de intentar equiparar fuerzas. Del 300 hacia abajo todo el mundo juega muy bien.

T.S. Es exactamente lo mismo. Hay algunos torneos Challenger que están más duros que la previa de un Grand Slam. A veces te puedes encontrar tres o cuatro top-100, que aquí están ya en el cuadro final. Eso es lo que tienes en cualquier Challenger.

J.M. Aquí es clave saber controlarte emocionalmente. Para mucha gente significa mucho más jugar un partido de última ronda de previa en un Grand Slam que los cuartos de un Challenger, algo que hacen muchas veces al año. El tenis se tiene que entender también como un deporte mental, al margen de físico.

T.S. Al margen de la experiencia, está el nivel, la gestión de los momentos clave y una constancia muy importante. Eso es lo que nos falta en el caso de Jaume. Hay que ser realistas porque tenemos mucho trabajo por delante. Nos faltan muchas cosas por pulir y mejorar para estar arriba.

J.M. Quizás, estos últimos años no he hecho los resultados que mucha gente esperaba, pero han sido años positivos. Más que dar un salto muy grande, lo que tienes que hacer es avanzar e ir un poco a mejor. Si hay gente que habla de ti, o te valora, es porque lo estás haciendo bien. Si creen en mí es fantástico, un punto de apoyo extra.

T.S. Cuando empiezas a destacar de joven, evidentemente la gente sin querer te pone las expectativas muy altas. Pero el entorno de Jaume no ha presionado nada. Conozco a su familia y está bastante fuera del mundo del tenis, simplemente le dan ánimos porque es su hijo.

J.M. Dudas tiene todo el mundo, y son buenas. Si una persona no tiene dudas es imposible que mejore, esta reflexión se la leí a Nadal en una entrevista. Desde la crítica tienes que ver cómo mejorar. Si te conformas con un nivel, lo único que haces es empeorar. Hay que estar concentrado en ser mejor siempre. En ese sentido, tengo una progresión buena.

T.S. Estuve con él antes de irse a Barcelona, con 13 o 14 años, y era muy distinto. Era un chico muy seguro de sí mismo, tenía su ego en el buen sentido de la palabra y escuchaba lo que quería… Cuando las cosas te van bien genial, pero si luego hay una etapa mala abres un poco los oídos. Y eso es lo que le ha pasado.

J.M. No solía hacer caso de lo que me decían, no me gustaba escuchar. He hecho un cambio radical en ese sentido desde hace cuatro o cinco meses. De hecho, ahora me gusta más escuchar que hablar. Es positivo. Un día, cuando estaba en la academia empezando, me dijeron que tendría varios entrenadores y me pareció una ideal genial. Tener más opiniones es mejor para mí y que más gente me diga lo que estoy haciendo mal es una forma de seguir creciendo.