Murray, durante su encuentro con Bautista en Abu Dhabi.

Murray, durante su encuentro con Bautista en Abu Dhabi. Martin Dokoupil Efe

Tenis Torneo de Brisbane

Murray y Djokovic, de enigma en enigma

Tras pasar casi seis meses lesionados, británico y serbio siguen arrastrando problemas físicos que han condicionado el comienzo de ambos en 2018.

Brisbane (enviado especial)

El viernes por la noche, Andy Murray se montó en un avión rumbo a Brisbane viendo repetida en su cabeza la misma imagen en movimiento: un tenista cojeando, apoyándose torpemente en la mayoría de los desplazamientos y salvando el honor con orgullo, pese a marcharse irremediablemente derrotado. El británico, protagonista de ese bucle que vivió minutos antes en primera persona, concluyó mientras volaba hacia Australia que se había dado un golpe de realidad. 

Esto fue lo que ocurrió. Horas antes de volver a la competición en el torneo de exhibición de Abu Dhabi, Novak Djokovic anunció su renuncia a saltar a la pista para enfrentarse a Roberto Bautista como consecuencia de la reaparición de los dolores en su codo derecho, los mismos que le llevaron a cerrar la pasada temporada después de Wimbledon para intentar recuperarse de una lesión contra la que llevaba tiempo luchando. Siguiendo el consejo de sus médicos, el serbio decidió no arriesgarse a jugar, abortó su siguiente paso, que debería haberle llevado a disputar el torneo de Doha (desde el próximo 1 de enero), y arrojó muchas dudas sobre su presencia en el próximo Abierto de Australia (arranca el día 15 del mismo mes en Melbourne). 

Rápidamente, y tras ir encajando una baja de peso tras otra (primero Stan Wawrinka y Milos Raonic, luego Rafael Nadal y finalmente Djokovic), la organización del torneo convenció a Murray para jugar un encuentro de exhibición al mejor de un set con Bautista, aprovechando la parada del británico en Abu Dhabi con la intención de entrenarse unos días con rivales de nivel antes de aterrizar en Australia. 

Como Djokovic, Murray disputó su último encuentro de 2017 en los cuartos de final de Wimbledon. Tras caer con el estadounidense Querrey, el británico se dio un tiempo para recuperarse de los problemas en la cadera derecha que ya habían amenazado varias veces con mandarle a la lona, pero sin dar por finalizada su temporada. Así, el campeón de tres grandes no jugó nada en verano, viajó a Nueva York con la idea de participar en el Abierto de los Estados Unidos (su nombre llegó a estar en el sorteo del cuadro) y a última hora dio marcha atrás porque no estaba preparado. Nunca más volvió a intentarlo desde ese momento, desapareciendo del mapa y sometiéndose a un reposo prolongado para tratar de curarse del todo. 

En Abu Dhabi, la prueba ante Bautista salió mal. Sin necesidad de hacer nada del otro mundo, el español ganó por 6-2 a Murray, que arrancó el cruce con la misma movilidad que el tronco de un árbol (0-4 de entrada), con evidentes problemas para cubrir la zona de su derecha, y lo terminó con mejor cara, aunque siempre lejos de las sensaciones de impermeabilidad que llevaron al británico a la cima de la clasificación en noviembre de 2016, un curso en el que se hizo con nueve títulos, cinco de ellos seguidos. 

En consecuencia, y con Djokovic valorando seriamente la posibilidad de no acudir al primer Grand Slam de 2018 después de bajarse de Doha, Murray debería debutar en Brisbane ante el ganador del encuentro entre Ryan Harrison y Leonardo Mayer. Ese partido puede suponer un punto de inflexión en el futuro del británico porque la exigencia de la competición debería servirle como termómetro real de su estado actual, que no es precisamente muy bueno. 

En al arranque de 2018, algo claro. Ni Murray ni Djokovic, los dos jugadores que dominaron holgadamente el circuito hace muy poco tiempo (2016), acaban de ver la luz. Ninguno de ellos ha pasado por el quirófano, aunque los dos sopesaron la decisión de operarse durante los seis meses de recuperación que estuvieron alejados de la pista para ponerse a tono. A día de hoy, ese objetivo todavía no lo han conseguido. La nuevas temporada ya ha empezado, pero las dos estrellas siguen siendo un enigma.