Conor McGregor, en la rueda de prensa del UFC 329

Conor McGregor, en la rueda de prensa del UFC 329 Europa Press

Otros Deportes

Conor McGregor, 37 años: "Fui fontanero junto a mi padre. Pasé muchos días en la obra, hacía frío... no era la vida que quería"

El peleador irlandés volvió a entrar en la jaula de la UFC tras cinco años de inactividad deportiva.

Más información: Vuelve Conor McGregor, vuelve la mayor estrella de las MMA: el fin de cinco años de espera para su regreso a la UFC

Publicada

Conor McGregor llegó a su regreso a la UFC, cinco años después de su última pelea, con un pasado que hoy resulta tan relevante como sus títulos: el del aprendiz de fontanero marcado por el bullying escolar que decidió romper con una vida de obra, frío y ayudas sociales para apostar todo al gimnasio.

De niño, en Dublín, McGregor no encajaba en el molde del matón sino en el del chico flaco que se llevaba las miradas y las bromas. En un documental británico difundido por MMA TV, recuerda caminando de vuelta del colegio con la mochila al hombro y cruzándose con "un montón de tipos, unos chavales jóvenes" que empezaron a increparle.

"Yo solo era un crío", explicó, "se pusieron a decir cosas y, cuando me giré, vinieron hacia mí, así que salí corriendo".

Aquella escena, resume, le hizo pensar que tenía que estar preparado para algo más que huir, hasta el punto de llegar a cargar una mancuerna sin discos en la mochila "lista para usarla" si volvía a sentirse acorralado.

Años después, el chico acosado era un aprendiz de fontanero en la empresa de su padre, encadenando jornadas largas en obras de las afueras de Dublín.

Invitado en el programa estadounidense 'Conan' en 2016, McGregor describió ese periodo con una mezcla de sinceridad y rechazo: "Había un periodo de mi vida en el que era fontanero. Sinceramente, nunca trabajé duro en la fontanería, no estaba obsesionado con ello".

El recuerdo que más repite tiene forma de pausa para comer bajo la lluvia, entre barro y hormigón: «Estaba en el aparcamiento, hacía frío, estaba húmedo, era oscuro, y pensaba: esto no es una vida que quiera vivir».

Conor McGregor, en el pesaje oficial previo a su pelea en el UFC 329

Conor McGregor, en el pesaje oficial previo a su pelea en el UFC 329 Reuters

En esa misma conversación, el irlandés cuenta el momento de ruptura como una decisión casi instantánea: "Me dije: estoy fuera de aquí. Voy a salir de este edificio, irme a casa y perseguir este sueño de ser campeón mundial en artes marciales".

Lo siguiente fue presentarse en casa y decir a sus padres que no volvería "ni un día más" a la obra. Desde entonces, según ha relatado en distintas entrevistas, la rutina pasó a ser otra: ayudas públicas, 188 euros de subsidio y todo el tiempo posible invertido en el gimnasio.

El McGregor que ahora ha preparado su regreso en el magno escenario que la UFC ha proyectado en Las Vegas es, en buena medida, producto de aquella mezcla de miedo y hartazgo.

Para él, las artes marciales mixtas nacieron como respuesta al sentimiento de vulnerabilidad del niño que corría por las calles de Dublín y se consolidaron como salida del joven que miraba a su alrededor en la obra y veía "una vida" que no quería.

Cinco años después de su última vez en el octágono, las mismas heridas y decisiones que lo sacaron de la fontanería y del bullying se convierten en relato fundacional de su intento de volver a ser relevante en la jaula.