Manu González, piloto de Moto2, celebra una victoria esta temporada.

Manu González, piloto de Moto2, celebra una victoria esta temporada. EFE

MotoGP

La madre de Manu González, piloto de Moto2: "Desde bebé venía con nosotros a las carreras y le gustaban"

El actual líder del Mundial de la segunda cilindrada mamó desde muy pequeño el amor por el motor gracias a lo que le inculcaron sus padres.

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A. M.
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Desde que era apenas un bebé, Manu González ha vivido las carreras como un escenario natural, casi como una extensión de su propia casa. Sus padres le inculcaron la pasión por el motor desde el primer momento y así ha llegado ahora a ser el líder del Mundial de Moto2.

"Desde bebé, venía con nosotros y le gustaban", recuerdó su madre hace tiempo en una entrevista con Torrelodones Info, una frase que resume a la perfección hasta qué punto la pasión por la velocidad forma parte de la historia familiar. En su caso, el motociclismo no es solo un deporte: es una herencia, un lenguaje compartido entre padres e hijo que ha marcado cada paso de su crecimiento como piloto.

El papel de sus progenitores ha sido determinante desde el principio. No solo porque le llevaron muy pronto a los circuitos, sino porque ellos mismos conocían de primera mano qué se siente al bajar la visera y abrir gas.

Manu González, en la parrilla de salida antes del GP de Portugal.

Manu González, en la parrilla de salida antes del GP de Portugal. Instagram @manugonzalez_18

Su padre, con experiencia como piloto, ha sido mucho más que un acompañante en boxes: ha sido entrenador, mecánico, consejero y, sobre todo, una referencia sobre lo que significa competir. "Como yo corría, conocía los riesgos. Manu iba muy protegido, con su casco y todo 'alicatado'", contaba su padre hace años. 

En lo deportivo, el apoyo familiar ha sido una constante en todas las categorías por las que ha ido pasando. Cuando otros niños descubren la bici o el balón en el parque, Manu ya hacía kilómetros en circuitos pequeños, afinando el equilibrio y la sensibilidad con el gas.

Sus padres han estado presentes en cada salto de categoría, en cada cambio de moto, en cada decisión importante sobre su carrera. "Las ganas y la pasión que siente es su mejor arma", dice su padre, consciente de que el talento solo se sostiene en el tiempo cuando se apoya en una motivación inagotable.

La otra cara

Esa pasión, sin embargo, convive con la crudeza de un deporte exigente al máximo nivel. Viajes, madrugones, horas de entrenamiento, estudios que hay que compatibilizar y, sobre todo, el peaje emocional de saber que una caída puede cambiarlo todo.

"Es un deporte muy sacrificado y te tiene que apasionar", afirma Ángel, que ha visto de cerca cómo la ilusión de su hijo ha resistido a los momentos difíciles. No se trata solo de ganar carreras, sino de aprender a gestionar la presión, las lesiones, los resultados que no llegan y las dudas que surgen en los días malos.

Ahí la madre también desempeña un papel clave, más emocional pero igual de importante. Es la que sostiene en los fines de semana largos, la que anima desde la valla, la que intuye si su hijo necesita una palabra de calma o un empujón de confianza antes de salir a pista.

Para ella, el equilibrio es fundamental: "Es importante que le guste y se divierta", decía su madre, marcando una línea que la familia no quiere cruzar. Por encima de los tiempos por vuelta y los podios, la prioridad es que Manu siga disfrutando, que no pierda esa chispa que tenía cuando, siendo apenas un niño, ya pedía subirse a cualquier moto que tuviera cerca.

Hoy, con un futuro prometedor por delante, la historia de Manu González no se entiende sin el motor silencioso de sus padres. Ellos le abrieron la puerta de los circuitos, le enseñaron a protegerse y le han recordado siempre que, en un deporte tan duro, solo merece la pena si la pasión sigue siendo más fuerte que el miedo.

Y, de momento, cada vez que se baja la visera, Manu sigue siendo aquel niño al que le encantaba ir a las carreras con sus padres.