Montaje de Fernando Alonso con Covadonga de fondo.

Montaje de Fernando Alonso con Covadonga de fondo.

F1

Ni Oviedo, ni Gijón: el rincón tranquilo de Asturias donde descansa Fernando Alonso entre lagos, sidra y rutas

El piloto asturiano suele volver a su tierra y disfrutar de paisajes para desconectar de estar constantemente viajando.

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Fernando Alonso siempre ha llevado Asturias por bandera, pero cuando quiere desconectar de verdad no se queda en las grandes ciudades.

Ni Oviedo, ni Gijón: el bicampeón del mundo prefiere perderse en la zona de Cangas de Onís y Covadonga, uno de los rincones más tranquilos y verdes del Principado, donde los Lagos de Covadonga y las montañas de los Picos de Europa sustituyen al ruido de los motores.

Allí cambia el mono de competición por el maillot de ciclismo, las botas por las zapatillas de montaña y el podio por un mirador con vistas al valle.

Ese refugio está ligado a algunos de los paisajes más icónicos de Asturias. Desde Cangas de Onís, con su famoso puente romano, hasta el santuario de Covadonga y la subida a los lagos Enol y Ercina, las carreteras se enroscan entre prados, bosques y pueblos de piedra donde la vida sigue a otro ritmo.

No es difícil imaginar a Alonso encadenando curvas en bici por la mítica ascensión a los Lagos, una de las subidas más duras y legendarias del ciclismo español, con rampas exigentes y un desnivel que obliga a apretar los dientes.

Fernando Alonso, en el paddock de la Fórmula 1 con Aston Martin

Fernando Alonso, en el paddock de la Fórmula 1 con Aston Martin EFE

En este rincón tranquilo, las jornadas se construyen alrededor de pequeños rituales. Un desayuno temprano en una casa rural de los alrededores de Cangas de Onís, una salida en bici que lleva hasta el santuario y continúa hacia los lagos, una parada a media mañana para tomar un café o una sidra en un bar de carretera con vistas al valle.

Por la tarde, rutas a pie por senderos que atraviesan hayedos y pastos de montaña, o paseos más suaves en familia por las orillas del río Sella, siempre con las cumbres de los Picos de Europa como telón de fondo.

La gastronomía termina de redondear la escapada. En las sidrerías y casas de comidas de Cangas de Onís y los pueblos cercanos, Alonso puede sentarse a la mesa sin la presión de los grandes focos y disfrutar de una fabada, un cachopo o un buen cabritu, regados con sidra escanciada al estilo más clásico.

Entre culín y culín, la conversación se aleja de telemetrías y reglajes para acercarse a lo cotidiano: la familia, los amigos de siempre, los recuerdos de infancia ligados a esas mismas carreteras y esos mismos paisajes.

Para cualquier aficionado, este rincón de Asturias tiene un atractivo evidente: no es un destino inalcanzable. Se puede llegar en coche desde Oviedo o Gijón en poco más de una hora, reservar una casa rural o un pequeño hotel en Cangas de Onís y seguir, casi paso a paso, algunas de las rutas que hacen de este paisaje un lugar especial para él.

Caminar hasta la Santa Cueva de Covadonga, subir en coche o en bici hasta los lagos, sentarse en una terraza con una sidra en la mano y ver cómo cae la tarde sobre las montañas ayuda a entender por qué, cuando se apagan las luces del paddock, Fernando Alonso elige este trozo de su tierra para recargar pilas.