Jon Rahm, durante la última ronda del CarreerBuilding Challenge.

Jon Rahm, durante la última ronda del CarreerBuilding Challenge. Reuters

Golf

Jon Rahm, domar la mente para liberar a la bestia

La obligación de contener sus impulsos en el campo ha hecho del vasco un jugador más completo, con mayor contundencia en el juego y menor dispersión de resultados. Ya es número 2 del mundo.

Hace exactamente tres años Jon Rahm ocupaba el puesto 1.576 del ránking mundial de golf. Un año más tarde ascendió hasta la posición número 586. Y hace un año, ya como jugador profesional, se encontraba en el puesto 137. Hoy, el de Barrika es el número 2 del mundo, el primero de los mortales por detrás de Dustin Johnson, uno más en el clan de los españoles que llegaron a acariciar el cielo -Sergio García y José María Olazábal- y se quedaron a un suspiro de habitar junto al resto de los dioses del golf como hiciera durante un tiempo Severiano Ballesteros.

Seve, precisamente, está al otro lado del espejo en que todos obligan a mirarse al vasco. Por su potencial, por su destino, pero sobre todo por su carácter. Dicen los yanquis que los españoles son, somos, "pasionales", que imprimimos un temperamento diferente al resto. Por cómo hacemos las cosas y por cómo hacemos sentir a los demás que hacemos las cosas. Quizá sea cierto o tal vez no pase del estereotipo, pero si esa afirmación tiene algo de realidad en lo que al golf se refiere es en Jon Rahm donde se aprecia a las mil maravillas.

"Lo que más he aprendido es a controlar mis emociones", reconoció el vasco nada conquistar el CarreerBuilding Challenge, su segunda victoria en el PGA Tour estadounidense que le catapultó al segundo escalón del ránking mundial. "Todavía tengo mis momentos, por ejemplo hoy hubiera sido muy fácil que acabara tremendamente frustrado con el putter. Fácilmente me habría frustrado y lo podría haber echado a perder, pero mantuve la compostura y seguí pensando en el siguiente golpe. Creo que ahí es donde he mejorado", abundó.

Lo cierto es que las anécdotas sobre su carácter son de sobra conocidas. Desde aquella en que Tim Mickelson, su mentor en la Universidad de Arizona State, le castigó haciéndole subir las escaleras de las gradas del estadio tras un enfado que acabó con los palos del español por los suelos durante un torneo, hasta las broncas que tiene con su novia -también deportista universitaria de alto nivel- cada vez que comparten pista de tenis. De hecho, son tan conocidas, y es tal el revuelo que se ha podido crear en torno a ellas, que a Rahm se le observa con lupa cada acción en el campo.

De la queja por fallar un putt al aspaviento por un drive desviado. Cada detalle cuenta en un deporte donde la concentración es fundamental y los rivales -Tiger Woods era el auténtico maestro- saben pasarte la presión con arquear una ceja o jaleando al público en el momento preciso. Por eso ha sido tan importante la evolución de Rahm en el último año, más incluso que sus evoluciones en el ránking mundial. Por eso ha sido tan importante la victoria en el CarreerBuilding Challenge y, especialmente, su abrazo con Adam Hayes, su nuevo caddie.

Con casi 20 años de experiencia en el circuito estadounidense, Hayes es el primer caddie 'profesional' de la carrera de Rahm. Cuando salió de la Universidad de Arizona State lo hizo acompañado por Tim Mickelson, el hermanísimo de Phil y su mentor en la etapa universitaria. Después, cuando Tim se fue con Phil, la bolsa recayó sobre el hombro de Ben Shur, un compañero de la universidad que, al final, ha decidido probar él mismo como jugador profesional. Así que llegaba el momento de romper de forma definitiva el cascarón y salir al mundo real. Y pareciera que Hayes fue la decisión adecuada.

El abrazo en que el jugador y el caddie se fundieron tras el error de Andrew Landry en el cuarto hoyo del playoff fue toda una declaración. A punto estuvieron de dar la campanada hace tres semanas en el Sentry Tournament of Champions y sólo en el tercer torneo de la temporada han conseguido el primero y más importante de los objetivos de 2018: ganar. "Ha crecido mucho", dijo Hayes tras una victoria en que los putts fallados por un centímetro estuvieron a punto de sacar de sus casillas al español -"Nunca dejó que lo deprimiera. Aprendió mucho de eso"-. Y el golfista le devolvió el cumplido: "Estoy muy orgulloso de mí mismo y de mi caddie, que hizo un trabajo sensacional para mantenerme tranquilo".

Apenas han transcurrido 577 días entre el debut profesional de Jon Rahm y su ascenso al número dos del ránking mundial. Que llegue al número uno es cuestión de tiempo, que sea líder del equipo europeo en la Ryder Cup de París parece evidente, que pueda incluso ganar algún grande, o varios, parece evidente. Todo dependerá de él, de su juego y, especialmente, de su carácter.