Jose Mourinho, dirigiendo al Real Madrid en el partido ante el Villarreal.

Jose Mourinho, dirigiendo al Real Madrid en el partido ante el Villarreal. Reuters

Fútbol

Entre los árbitros y la pizarra: Mourinho toma las riendas del Real Madrid para responder a un momento difícil

El técnico portugués combina su pulso con el arbitraje y la prensa con ajustes tácticos que alteran jerarquías y posiciones dentro del equipo.

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José Mourinho ha decidido intervenir en todos los frentes cuando el Real Madrid empezaba a perder estabilidad.

Antes del partido ante el Villarreal protegió al vestuario, señaló a la prensa y volvió a cuestionar a los árbitros; durante el encuentro alteró nombres, posiciones y jerarquías; después, con la victoria ya asegurada, escogió el silencio para no transformar su enfado en una sanción.

El técnico portugués ha recuperado así su versión más reconocible justo cuando el equipo, todavía poco fluido, necesitaba resultados y respuestas.

El giro comenzó tras la derrota contra el Atlético. Mourinho acudió a la rueda de prensa con una hoja que mostraba dos acciones que, a su juicio, debieron acabar con las expulsiones de Cuti Romero y Kang-in Lee. "La historia del partido está aquí, son dos rojas claras", afirmó.

También cuestionó la experiencia de Ortiz Arias y el historial del responsable del VAR, aunque dijo preferir creer en errores y no en decisiones deliberadas.

Aquella comparecencia trasladó el foco hacia el arbitraje, pero Mourinho no quiso quedarse únicamente en la queja durante el parón. En la víspera del Villarreal admitió que debía revisar aquello que dependía del equipo: "Tengo que buscar mejorías en cosas que están bajo nuestro control".

Había analizado el funcionamiento colectivo durante los días sin competición y anunció ajustes, aunque descartó una transformación radical. El mensaje combinaba la denuncia exterior con una exigencia interna: el entrenador podía discutir las condiciones del partido, pero también debía encontrar soluciones.

José Mourinho, en la rueda de prensa del viernes.

José Mourinho, en la rueda de prensa del viernes. EFE

También protegió al vestuario. Mourinho cargó contra las informaciones sobre los días libres y la recuperación de Kylian Mbappé, aseguró que los internacionales habían cumplido el plan y calificó de "ridículo" el ruido generado.

"Cuando un jugador del Real Madrid no se comporta como jugador del Real Madrid en las 24 horas del día, cuando no cumple con sus obligaciones como jugador y como ciudadano, no van a ver a ese jugador en el banquillo", advirtió antes de confirmar la titularidad del francés.

Con Vinicius adoptó una estrategia diferente. Lo defendió de los silbidos y subrayó su esfuerzo, pero dejó abierta la posibilidad de apartarlo temporalmente del once.

"¿Va a jugar siempre hasta que nuestro Vini vuelva o llegará un momento que haya un plan específico que implique que no juegue o que vaya a banquillo y encontrar otro modo de ayudarlo?", planteó.

Sin ser una condena, Mourinho anunció una especie de 'terapia deportiva': proteger al futbolista no significaba garantizarle el puesto. Un día después convirtió esa reflexión en una decisión.

Vinicius fue suplente por primera vez desde el 4 de abril, tras 17 titularidades consecutivas, y Yan Diomande ocupó la izquierda. Mourinho mantuvo el doble pivote Tchouaméni-Valverde, con Güler desde la derecha y Bellingham por detrás de Mbappé.

La elección advertía que ningún nombre estaba por encima del momento competitivo.

Los ajustes en la pizarra

El dibujo inicial no corrigió los problemas. Tchouaméni y Valverde protegían, pero el Madrid encontraba dificultades para progresar por dentro y Güler quedaba lejos de la organización.

Antes del descanso, Mourinho acercó al turco al centro y desplazó a Valverde hacia la derecha: el primer paso para romper una pareja que aportaba despliegue, pero no suficiente creatividad.

La modificación definitiva llegó al inicio de la segunda parte. Vinicius entró por Trent, Valverde retrocedió al lateral, Güler asumió la dirección y Diomande cambió a la derecha. Con una sustitución, Mourinho alteró cuatro piezas.

El Madrid ganó amplitud y una salida interior más clara: Vinicius amenazaba por la izquierda y Valverde podía irrumpir desde atrás.

La jugada del gol dio aún más valor al reajuste. Güler participó desde una posición central, Valverde encontró espacio para avanzar por el carril derecho y filtró el balón hacia Diomande, que definió cruzado para marcar su primer tanto como madridista.

El costamarfileño había comenzado ocupando el puesto de Vinicius y terminó decidiendo desde el lado contrario. La secuencia resumió la intervención de Mourinho: tres jugadores cambiados de zona conectaron para desbloquear un partido que el planteamiento inicial no había logrado abrir.

Mourinho celebrando con Vinicius el gol que luego fue anulado.

Mourinho celebrando con Vinicius el gol que luego fue anulado. Reuters

La noche regresó al conflicto cuando Vinicius creyó haber anotado el 2-0. Mourinho corrió a celebrarlo con él, un respaldo público después de haberlo sentado.

Sin embargo, el VAR detectó que el brasileño había tirado del pelo a Nathan Saliba. Díaz de Mera anuló el gol y lo expulsó; el atacante protestó y tuvo que ser contenido por Rüdiger y el resto de sus compañeros.

La expulsión encendió al banquillo y dejó al Madrid defendiendo el 1-0 con diez durante 25 minutos. Mourinho reforzó el bloque con Camavinga y Dumfries por Güler y Diomande. El equipo resistió una noche con seis amarillas y una roja pese a cometer ocho faltas, frente a trece del Villarreal. Mourinho también fue amonestado.

La victoria no apagó el malestar del vestuario. Los jugadores comparaban la intervención del VAR con su ausencia en la entrada sufrida por Valverde en el derbi y criticaban el trato de algunos árbitros.

Vinicius pidió disculpas -"La alegría sigue… Perdón a mi equipo y la afición"-, mientras Mourinho debía impedir que la indignación provocara más tarjetas y desconcentración.

Por eso su última decisión fue no comparecer ante los medios. Según trasladó al club, prefirió callar para evitar unas palabras que pudieran costarle una sanción y dejarlo fuera de los partidos contra el Sevilla y el Barcelona. Mourinho agitó el entorno cuando consideró necesario proteger al equipo y frenó antes de que su propia reacción pudiera perjudicarlo.

El triunfo no resolvió todas las dudas, pero mostró la nueva posición del entrenador. Mourinho se ha situado entre el vestuario y la crítica externa sin renunciar a intervenir sobre las jerarquías. Sentó a Vinicius, dio la izquierda a Diomande, separó a Tchouaméni y Valverde y entregó el centro a Güler.

Su respuesta ya no pasa solo por controlar el relato, sino por tocar el equipo lo que haga falta.