Jan Oblak, en un calentamiento con el Atlético de Madrid.

Jan Oblak, en un calentamiento con el Atlético de Madrid. Europa Press

Fútbol

Oblak, 33 años: "Cada día hacía 50 km en bici para entrenar. Eso moldeó mi carácter y mi determinación de superarme"

El portero del Atlético de Madrid ha contado en varias entrevistas sus sacrificios en Eslovenia para jugar a fútbol.

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Guillermo Echeverría
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Detrás de los reflejos felinos y la frialdad imperturbable que caracterizan a Jan Oblak bajo los tres palos del Atlético de Madrid, se esconde una historia de sacrificio y perseverancia que comenzó en las gélidas carreteras de Eslovenia.

El guardameta colchonero, que actualmente atraviesa una madurez impecable a sus 33 años, recordó en una entrevista el durísimo trayecto que debió recorrer durante su infancia para alcanzar el fútbol de élite.

Una rutina extrema que terminó por forjar las bases psicológicas del que hoy es considerado uno de los mejores porteros del mundo.

Los orígenes de esta ética de trabajo inquebrantable se remontan a su localidad natal, Škofja Loka. Con apenas diez años, Oblak dio el salto a las categorías inferiores del Olimpija Ljubljana. Sin embargo, la distancia entre su hogar y las instalaciones del club presentaba un desafío logístico formidable para una familia humilde.

Ante la imposibilidad de sus padres de transportarlo diariamente por motivos laborales, Oblak utilizó la bicicleta como su único medio de transporte hacia el éxito: "El centro de entrenamiento del Olimpija Ljubljana, mi club de toda la vida, estaba a 25 kilómetros de mi casa. Si mis padres trabajaban, iba en bicicleta. Cada día hacía 50 kilómetros porque quería entrenar", dijo.

Oblak saluda a la afición durante el calentamiento

Oblak saluda a la afición durante el calentamiento EFE

Lejos de amedrentarse por la dureza de la ruta, el esloveno asumió el reto con una madurez impropia para su edad: "Ponía el balón en la mochila y pedaleaba. Me tomaba una hora y media de ida y otra hora y media de vuelta, incluso bajo la nieve en el invierno esloveno".

Este trayecto diario no solo representó una preparación física leonina, sino el pilar de su fortaleza mental. "Tener que hacer eso con solo 10 años moldeó mi carácter y mi determinación de superarme siempre", explicó el portero.

El esfuerzo, sin embargo, no fue estrictamente individual. El guardameta también ha querido ensalzar el papel de su entorno más cercano, reconociendo que sus padres "hicieron muchísimos sacrificios" y se veían obligados a "ajustar sus horarios de trabajo constantemente" para auxiliarlo en los días más crudos del invierno.

Aquellos extenuantes viajes sobre dos ruedas cimentaron la leyenda de un futbolista que cambió el destino de su familia a base de pedaladas. A sus 33 años, consolidado como un mito viviente del conjunto rojiblanco, Jan Oblak mira hacia atrás con orgullo, sabiendo que cada kilómetro recorrido bajo el frío esloveno valió la pena.