David Villa, campeón de Europa con la selección en 2008

David Villa, campeón de Europa con la selección en 2008 Reuters Reuters

Fútbol

David Villa, 44 años: "Con 4 años sufrí un accidente muy grave, pero con el apoyo de mis padres y el fútbol salí adelante"

El asturiano habló sin tapujos sobre el accidente que marcó su camino en una exitosa carrera deportiva no exenta de dificultades.

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Carlos Serrano
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David Villa creció en el Barrio de Viviendas Protegidas de Tuilla, en el seno de una familia minera. Su baja estatura y un grave accidente sufrido a los cuatro años marcaron su infancia, pero también contribuyeron a forjar el carácter que le llevó a convertirse en uno de los grandes goleadores de la historia del fútbol español.

"Mi padre me cuenta que como no podía chutar con la pierna derecha por la escayola, me apoyaba en el muro y él me iba pasando el balón para que chutara con la izquierda", recuerda Villa. Una imagen que resume el esfuerzo y el apoyo familiar que acompañaron sus primeros pasos en el fútbol.

El asturiano siempre ha profesado una profunda admiración por su padre, Mel, minero de profesión, a quien considera, junto a su madre, uno de sus grandes ídolos.

La dureza del trabajo en la mina, los riesgos diarios y un grave incidente que su progenitor sufrió antes de retirarse marcaron la visión de Villa sobre valores como el sacrificio, el esfuerzo y la humildad.

Con solo cuatro años, Villa sufrió un grave accidente mientras jugaba en el colegio. Otro niño cayó sobre él y le provocó una fractura de fémur.

"Cuando tenía 4 años sufrí un accidente muy grave, pero con el apoyo de mis padres y mis ganas de jugar al futbol conseguí salir adelante; y la rehabilitación me obligó a entrenar las dos piernas", explica.

David Villa, en el Mundial 2010.

David Villa, en el Mundial 2010. EFE

Los médicos llegaron a temer que una de sus piernas pudiera quedar más corta que la otra. Su padre, sin embargo, "removió cielo y tierra" para encontrar una solución. Villa pasó varios meses escayolado y con las piernas colgando en el hospital, sometido a un tratamiento que finalmente dio resultado.

La rehabilitación tuvo además una consecuencia inesperada. El proceso le obligó a trabajar ambas piernas desde niño, una circunstancia que con el tiempo se convertiría en una de sus grandes virtudes como futbolista: "La rehabilitación me obligó a entrenar las dos piernas, lo que me permite hoy jugar con ambos pies el balón".

Una vez recuperado, Villa regresó al fútbol con más ganas que nunca. Su primer intento de dar el salto llegó en el Real Oviedo, pero fue rechazado.

Lejos de abandonar su sueño, aquella negativa le llevó al Langreo, donde comenzó a destacar antes de dar el siguiente paso hacia el Sporting de Gijón, el club de su tierra.

En Gijón encontró también a dos referentes que marcarían su trayectoria: Quini y Luis Enrique. Del primero aprendió valores y profesionalidad; del segundo, la intensidad y el compromiso que exige el fútbol de élite.

A partir de ahí comenzó un recorrido que le llevó por el Zaragoza, el Valencia, el Barcelona y el Atlético de Madrid. Con la Selección Española alcanzó la cima: fue campeón del mundo y de Europa, además de convertirse en uno de los delanteros más importantes de la historia del combinado nacional.

Sobre su admiración por Raúl González y el significado del dorsal que ambos compartieron, Villa afirma: "Tengo la suerte de llevar el número 7, un número que me gusta, pero para mí no es importante el número, sino formar parte de la Selección Española y ganar títulos para España".

La familia y los valores

Lejos de los terrenos de juego, Villa se define como una persona humilde, familiar y apasionada por la música. Entre sus preferencias musicales destacan El Último de la Fila y Manolo García. El mejor consejo que ha recibido se lo atribuye a su padre: esforzarse cada día sin perder nunca la humildad.

El nacimiento de sus tres hijos representa el mejor regalo de su vida. Si tuviera que elegir qué llevarse a una isla desierta, su respuesta también refleja sus prioridades: su familia y sus amigos.

Barcelona se convirtió igualmente en una ciudad especial durante su carrera. Allí disfrutó del Mediterráneo y estrechó lazos con David Pirri, padrino de una de sus hijas.

La historia de David Villa es la de un niño que pudo quedarse cojo y que terminó levantando la Copa del Mundo. La de un hijo que encontró en su padre a uno de sus grandes héroes. Y la de un futbolista que nunca renunció a sus raíces y que convirtió una adversidad de la infancia en una fuente de fortaleza para alcanzar la cima del fútbol.