Enner Valencia celebra un gol ante Qatar

Enner Valencia celebra un gol ante Qatar Reuters

Fútbol

Enner Valencia, 36 años: "Cosechaba limón para venderlo y comprarme zapatos para poder jugar al fútbol"

El veterano jugador ecuatoriano disputó este pasado Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.

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En el universo del balompié sudamericano, la figura de Enner Valencia resalta de manera extraordinaria. El máximo artillero en la historia de la selección de Ecuador y protagonista indiscutido en varias ediciones de la Copa del Mundo, representa la fuerza, la rapidez y un instinto letal a la hora de definir frente al arco.

No obstante, antes de desatar la euforia en los recintos deportivos más grandes del mundo, el día a día de Valencia llevaba una cadencia distinta, caracterizada por las arduas, honradas y rigurosas labores del campo. Originario de la provincia de Esmeraldas, el atacante creció totalmente distanciado de las facilidades y privilegios que ofrecen las escuelas de fútbol contemporáneas.

Su cotidianidad estaba íntimamente vinculada a la agricultura y la cría de animales para subsistir. En aquel entorno, el trabajo duro no era una alternativa, sino el único camino para progresar junto a sus seres queridos. Los años formativos de Enner estuvieron marcados por las enseñanzas de su padre y su abuelo, de quienes asimiló desde la infancia la labor de labrar la tierra y pastorear el ganado.

Durante una reveladora charla con la FIFA hace algún tiempo, el propio jugador rememoró con total franqueza cómo el deporte profesional no formaba parte de sus aspiraciones originales, ya que su atención se centraba plenamente en los deberes diarios de la propiedad familiar.

"No tenía claro que quisiera ser futbolista. La verdad es que estaba con mi papá y mi abuelo. Teníamos una granja, que ahora mantiene mi papá. Teníamos mucho ganado, todo tipo de animales. Y la verdad es que me dedicaba a trabajar de eso y a estudiar. En ese instante no se me pasaba por la cabeza que pudiera ser futbolista profesional. Las cosas se fueron dando poco a poco", comentó en una entrevista.

Pese a las exigentes faenas agrícolas y el tiempo invertido en su educación, la pasión por la pelota fue brotando de manera natural en sus escasos ratos de ocio. Sin embargo, en un hogar de recursos limitados, adquirir el calzado básico para saltar a la cancha suponía un obstáculo gigantesco.

Fue en ese contexto donde el alma emprendedora de Enner y su conexión con los frutos de su tierra convergieron para hacer realidad su ilusión. El venidero goleador debió costearse con su propio esfuerzo sus primeros zapatos de fútbol, comercializando lo que su granja generaba.

"Cuando salía de la escuela, mi papá me esperaba para ir a ver a los animales. Nosotros sacábamos mucha leche y a mi me tocaba venderla en mi pueblo, Ricaurte. Sembrábamos plátanos. Cosechaba limón para venderlo y comprarme los zapatos para poder jugar. Fueron momentos muy lindos con mi familia durante mi niñez, la verdad es que la pasé muy bien", dijo.

Esa dinámica de extraer leche, acudir a la escuela y posteriormente transitar por los caminos de Ricaurte vendiendo lácteos y limones hizo mucho más que financiar su calzado deportivo. Semejante ética de trabajo forjó la tenacidad, la serenidad y la modestia que exhibiría tiempo después en los estadios de todo el globo.

En la actualidad, afianzado como una figura de élite y una auténtica leyenda para su país, Enner Valencia mantiene vivo el recuerdo de sus orígenes rurales. Con cada gol que anota, no solamente festeja sus triunfos de hoy, sino que también honra al muchacho que aprendió el significado del esfuerzo genuino en el corazón de su finca familiar.