Lamine Yamal, junto a su hermano Keyne tras ganar el Mundial.

Lamine Yamal, junto a su hermano Keyne tras ganar el Mundial. EFE

Fútbol

Lamine Yamal, 19 años: "Me emociona ver a mi hermano feliz y a mi madre con la vida que siempre ha querido"

La estrella de la selección española se ha mostrado muy cercano a su familia a lo largo del Mundial.

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Lamine Yamal ha dejado de ser una promesa deslumbrante para convertirse en uno de los futbolistas más determinantes del panorama internacional.

Sin embargo, más allá de sus regates imposibles, su descaro sobre el césped y la lluvia constante de récords que acumula con el FC Barcelona y la selección española, la joven estrella mantiene intacta la brújula que lo conecta con sus orígenes.

Para el extremo de Mataró, el éxito profesional carece de sentido si no sirve para transformar la realidad de quienes siempre estuvieron a su lado.

Así lo dejó de manifiesto en una entrevista donde reflexionó con una serenidad asombrosa sobre su vertiginoso ascenso y el verdadero impacto de su nueva vida. Entre el ruido mediático y la exigencia de la élite, el canterano azulgrana se detuvo a valorar lo que verdaderamente hace que todo el esfuerzo valga la pena.

"Me emociona ver a mi hermano feliz y a mi madre con la vida que siempre ha querido", confesó Lamine con la humildad que lo caracteriza.

Lamine Yamal, en el Mundial

Lamine Yamal, en el Mundial Europa Press

Esta frase condensa el motor principal de un joven que nunca ha olvidado las dificultades ni los sacrificios de su infancia en Rocafonda.

Para Yamal, ofrecerle a su madre, Sheila Ebana, la tranquilidad y el bienestar con los que soñaba cuando él apenas era un niño, representa una victoria infinitamente mayor que cualquier trofeo levantado ante miles de espectadores. Del mismo modo, ver crecer a su hermano pequeño, Keyne, en un entorno de paz y alegría es su mayor orgullo.

El talentoso atacante amplió sus reflexiones sobre la fama temprana y la necesidad de mantener el rumbo en mitad de la tormenta mediática: "El fútbol pasa muy rápido; un día estás arriba y al otro nadie se acuerda de ti. Por eso trato de disfrutar cada entrenamiento, pero sabiendo que lo más importante pasa al llegar a casa", explicó.

Asimismo, añadió con rotundidad: "Mi responsabilidad no es solo jugar bien al fútbol; es no cambiar nunca como persona y asegurarme de que mi familia esté bien cuidada".

El célebre gesto del '304' con las manos en cada celebración de gol -en honor al código postal de su barrio natal- adquiere con estas palabras un significado todavía más profundo. No es solo un homenaje al lugar donde empezó a dar sus primeras patadas al balón, sino un compromiso vital.

A sus 19 años, Lamine Yamal demuestra que su mayor grandeza no reside únicamente en su talento prodigioso, sino en la madurez y la gratitud con las que gestiona un éxito que ha cambiado para siempre la vida de los suyos.