Mbappé, en un entrenamiento de la selección francesa.

Mbappé, en un entrenamiento de la selección francesa. Reuters

Fútbol

El éxito de Kylian Mbappé fuera del fútbol: inversor tecnológico, posee el 10% de una empresa alemana de gama alta

El delantero de la selección de Francia ha diversificado sus operaciones financieras lejos de los terrenos de juego.

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Kylian Mbappé ya no es solo uno de los mejores futbolistas del planeta: también se ha consolidado como una joven potencia empresarial, con inversiones en tecnología, deporte, audiovisual e inmuebles que apuntan a un plan de carrera mucho más amplio que el césped.

A diferencia de otras estrellas que se limitan a la publicidad clásica, el francés se ha convertido en propietario, socio estratégico e inversor en varios proyectos clave.

Una de las piezas más llamativas de su portafolio es su entrada en el capital de una histórica firma alemana de electrónica de consumo de gama alta, Loewe, especializada en televisores y sistemas de sonido.

A través de su estructura de inversión, Mbappé controla alrededor del 10% de la compañía, un movimiento que le da acceso directo a la industria del entretenimiento doméstico y le permite asociar su imagen a un producto tecnológicamente avanzado y aspiracional.

Para la marca, contar con él es un puente hacia un público joven y global; para el jugador, es una forma de diversificar con un activo industrial consolidado.

Ese movimiento encaja con una estrategia más amplia construida en torno a dos grandes ejes: un vehículo central de gestión de imagen y negocios, y un fondo propio desde el que canaliza inversiones en startups y activos deportivos.

Desde ahí ha apostado por empresas tecnológicas de base digital, como plataformas vinculadas al deporte y al entretenimiento, donde su nombre no solo aporta visibilidad, sino también una narrativa de modernidad y alto rendimiento.

Kylian Mbappé, en el partido de cuartos de final ante Marruecos.

Kylian Mbappé, en el partido de cuartos de final ante Marruecos. REUTERS

El fútbol, sin embargo, sigue siendo el corazón de su universo económico. Mbappé ha pasado de ser empleado a convertirse en dueño dentro de la propia industria. Su adquisición de una participación mayoritaria en el SM Caen, club histórico del fútbol francés, ilustra ese salto.

No se trata solo de un guiño sentimental a los orígenes normandos de su familia, sino de un paso hacia la figura de propietario-inversor, con capacidad para influir en la gestión, la cantera y el modelo de negocio de una entidad profesional.

A esa faceta se suma su incursión en otros deportes, como la vela de alta competición, donde ha invertido en un equipo del circuito internacional. El mensaje es claro: Mbappé busca posicionarse en disciplinas con fuerte componente tecnológico y proyección mediática global.

Él mismo ha defendido públicamente la idea de inspirar a nuevas generaciones a través del deporte y la innovación, alineando así negocio e imagen pública.

En paralelo, el francés ha levantado una productora propia dedicada a contenidos vinculados al deporte, la música y los videojuegos. Con ella aspira a controlar su propio relato y a generar propiedad intelectual que trascienda su carrera como jugador.

Esa línea se completa con productos editoriales orientados al público juvenil, como un cómic autobiográfico que presenta su historia como ejemplo de superación.

El capítulo inmobiliario aporta la base más tradicional de su patrimonio, con mansiones de alto valor y sociedades vehiculares para gestionar esos activos.

Mientras tanto, los grandes contratos de patrocinio con marcas de moda, relojería, videojuegos y material deportivo siguen representando una fuente de ingresos recurrente y reforzando su condición de icono global.

Lejos de improvisar, Mbappé parece haber diseñado un mapa en el que cada inversión cumple una función: la tecnología le da proyección de futuro, la propiedad de clubes le otorga poder en la industria, el audiovisual le ofrece control del relato y el inmobiliario le garantiza estabilidad patrimonial.

Todo ello con solo 27 años y todavía en el pico de su carrera deportiva, en una combinación poco habitual de talento, tiempo y ambición empresarial.