Enner Valencia, con Ecuador en el Mundial.

Enner Valencia, con Ecuador en el Mundial. Reuters

Fútbol

Enner Valencia, 36 años, futbolista de Ecuador: "Mi padre tiene una granja y yo de joven me dedicaba a ser ganadero"

El jugador del Pachuca pasó por clubes de la Premier League como el West Ham United o el Everton.

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En el firmamento del fútbol internacional, el nombre de Enner Valencia brilla con luz propia. Goleador histórico de la selección ecuatoriana y figura indiscutible en múltiples Copas del Mundo, "Superman" es sinónimo de potencia, velocidad y un olfato goleador implacable dentro del área.

Sin embargo, mucho antes de hacer vibrar los estadios más imponentes del planeta, la vida de Valencia transcurría a un ritmo muy diferente, marcado por las duras, nobles y exigentes jornadas del trabajo rural.

Nacido en la provincia de Esmeraldas, el delantero pasó su infancia completamente alejado de los lujos y las comodidades de las academias de fútbol modernas.

Su realidad estaba ligada de forma directa a la ganadería y la agricultura de subsistencia, un entorno donde el esfuerzo diario no era una opción, sino la única vía para salir adelante junto a su familia. Para Enner, sus primeros años de vida se definieron bajo la guía y el ejemplo de su padre y su abuelo, quienes le enseñaron desde muy pequeño el oficio de cuidar la tierra y los animales.

En una reveladora entrevista concedida a la FIFA hace unos años, el propio futbolista recordó con total naturalidad cómo el profesionalismo deportivo ni siquiera figuraba en sus planes iniciales, pues su mente estaba enfocada en las responsabilidades cotidianas de la finca familiar:

"No tenía claro que quisiera ser futbolista. La verdad es que estaba con mi papá y mi abuelo. Teníamos una granja, que ahora mantiene mi papá. Teníamos mucho ganado, todo tipo de animales. Y la verdad es que me dedicaba a trabajar de eso y a estudiar. En ese instante no se me pasaba por la cabeza que pudiera ser futbolista profesional. Las cosas se fueron dando poco a poco".

A pesar de las demandantes tareas del campo y las largas horas que debía dedicar a la escuela, el amor por el balón comenzó a germinar de forma espontánea en los pocos espacios libres que le quedaban.

No obstante, en un hogar donde los recursos económicos escaseaban, conseguir el equipamiento básico para jugar representaba un desafío monumental.

Fue allí donde el espíritu emprendedor de Enner y su arraigo a la producción de su tierra se unieron para financiar su gran sueño. El futuro goleador tuvo que ganarse cada centímetro de sus primeros botines comercializando lo que la granja proveía de manera natural: "Cuando salía de la escuela, mi papá me esperaba para ir a ver a los animales. Nosotros sacábamos mucha leche y a mi me tocaba venderla en mi pueblo, Ricaurte. Sembrábamos plátanos. Cosechaba limón para venderlo y comprarme los zapatos para poder jugar. Fueron momentos muy lindos con mi familia durante mi niñez, la verdad es que la pasé muy bien".

Aquella rutina de ordeñar vacas, asistir a clases y luego recorrer las calles de Ricaurte cargando recipientes de leche y cítricos frescos no solo le permitió calzar sus primeros zapatos de fútbol. Esa disciplina de hierro esculpió la resiliencia, la paciencia y la humildad que más tarde demostraría en las canchas de todo el mundo.

Hoy, consolidado como una estrella de primer nivel y un ídolo histórico para todo Ecuador, Enner Valencia no olvida sus raíces campesinas. Cada vez que infla las redes rivales, no solo celebra el éxito del presente, sino que rinde homenaje a aquel niño que descubrió el verdadero valor de la constancia en el corazón del campo ganadero.