Esteban Andrada, durante su etapa en Boca Juniors.

Esteban Andrada, durante su etapa en Boca Juniors. EFE

Fútbol

La vida de Esteban Andrada fuera del fútbol: secuestrado durante 2 horas, sin padre desde los 12 años y cosechador de uvas

El portero del Real Zaragoza está siendo noticia después de la brutal agresión al capitán del Huesca durante el derbi aragonés.

Más información: Brutal agresión de Andrada, portero del Zaragoza, al capitán del Huesca en el derbi aragonés

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El nombre de Esteban Andrada está copando todas las portadas de los medios deportivos, y no especialmente por una buena razón. El portero argentino del Real Zaragoza fue expulsado en el derbi aragonés contra el Huesca y posteriormente le asestó un puñetazo a Pulido, jugador del equipo oscense, que ha dado la vuelta al mundo.

Sin embargo, para entender la frialdad y el temple del "Sabandija" ante la adversidad, no hay que mirar las repeticiones de la televisión, sino su biografía en San Martín, Mendoza.

La vida de Andrada cambió drásticamente a los 12 años. Mientras otros niños soñaban con debutar en Primera, él tuvo que enfrentarse a la muerte de su padre en un accidente de tráfico.

Aquel golpe no solo fue emocional; dejó a su madre, Graciela, y a sus cinco hermanos en una situación de extrema precariedad. Esteban, siendo apenas un adolescente, comprendió que sus manos no solo servirían para detener balones, sino para sostener a su familia.

Antes de conocer el césped cuidado de La Romareda o la mística de La Bombonera, Andrada conoció el rigor del sol mendocino. Durante años, trabajó como cosechador de uvas, una de las labores más duras del campo argentino.

Esteban Andrada, durante su etapa en Pachuca.

Esteban Andrada, durante su etapa en Pachuca. EFE

Entre surcos y parras, el hoy portero del Zaragoza aprendió el valor del sacrificio físico y la paciencia. Aquellas manos, que hoy lucen guantes profesionales, se curtieron recolectando el fruto de la tierra para llevar un plato de comida a casa.

Su prioridad nunca fue el lujo; de hecho, con su primer sueldo importante, lo primero que hizo fue cumplir la promesa de comprarle una casa a su madre.

Si la pobreza y la orfandad fueron sus primeras pruebas, la inseguridad le puso un nuevo obstáculo en 2014. Mientras militaba en Lanús, fue víctima de un secuestro exprés. Durante dos agónicas horas, el portero estuvo retenido por delincuentes que exigieron un rescate a su familia.

Fue liberado ileso tras el pago de una suma de dinero, pero aquel episodio marcó su personalidad para siempre. Desde entonces, Andrada se convirtió en un hombre de perfil bajo, extremadamente protector de su intimidad y alejado de los excesos que suelen rodear al éxito futbolístico.

Hoy, cuando Esteban Andrada se planta bajo la portería, no solo detiene disparos. Detrás de cada estirada hay un hombre que sobrevivió a la tragedia familiar, que sabe lo que es el trabajo manual pesado y que mantuvo la calma mientras su vida dependía de unos captores.

Su historia es la de un resiliente que, a pesar de los golpes -dentro y fuera del campo-, siempre sabe cómo volver a ponerse de pie.