Joan García, con la Selección

Joan García, con la Selección EFE

Fútbol

Joan García (24), futbolista: "Mi hermano mayor jugaba de portero y yo decidí un día que quería ser como él"

El portero del FC Barcelona y de la Selección lleva una vida sencilla desde sus inicios en el municipio Sallent de Llobregat.

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Joan García llegó a la élite del fútbol desde Sallent de Llobregat, un municipio del Bages con menos de 7.000 habitantes, con una madre herborista, un padre discreto y un hermano mayor que se ponía los guantes los fines de semana en el club del pueblo. Todo lo demás vino después.

La historia empieza, como tantas, por imitación. Joan comenzó jugando de campo, como cualquier niño. Pero con cinco o seis años, cuando iba a ver los partidos de su hermano Lluís en el Centre d'Esports Sallent, tomó una decisión que lo cambiaría todo.

"Mi hermano mayor jugaba de portero y yo, como todos los hermanos pequeños, lo iba a ver cada fin de semana. Un día decidí que quería ser como él, que quería empezar en la portería. Y a partir de ahí creo que fue una buena decisión", ha contado.

Del Sallent pasó al Manresa, luego a la Damm y con 15 años llamó la atención del Espanyol, que lo incorporó a su cantera. Una ruta sin atajos.

En Sallent, quienes le conocen desde niño dibujan siempre el mismo retrato: chico tranquilo, educado, humilde, sin estridencias. Sus vecinos del centro del pueblo, a escasos metros de la Plaça Catalunya donde sigue viviendo su familia, recuerdan que Joan nunca fue el que más ruido hacía en el vestuario.

Sus propios entrenadores en el filial del Espanyol lo describían como "introvertido, muy inteligente y con una gran pasión por la portería", alguien que trabajaba en el césped y luego seguía estudiando el juego con vídeos en casa.

Esa constancia tiene nombre propio en su familia: la herboristería que regenta su madre en la vecina Manresa, los turnos de su padre, la cultura del trabajo cotidiano.

Joan García, en un entrenamiento de la Selección

Joan García, en un entrenamiento de la Selección EFE

Fuera del fútbol, Joan García es fácil de resumir: montaña y rutina. Cuando tiene días libres, no se va a Ibiza ni a Dubái. Se va a la montaña. Una de sus últimas escapadas antes de fichar por el Barça fue a Montserrat.

"Me gusta mucho la montaña, cuando tengo libre me voy a la montaña", ha reconocido sin ningún complejo. Y cuando el calendario no lo permite, la desconexión tiene otro formato: su preparación mental antes de los partidos incluye siempre escuchar las mismas canciones en el autobús antes de bajar al vestuario.

Hay otro detalle que dice mucho de él: durante años en el Espanyol, Joan García jugaba con las espinilleras envueltas en trozos de cartón por fuera de la media. Artesanal, funcional, sin la más mínima concesión a la industria del fútbol moderno.

En una época en que los futbolistas cuidan su marca personal con la misma dedicación que el juego, esa imagen resulta casi subversiva.

Cuando en junio de 2025 se confirmó su fichaje por el Barça, algunos aficionados del Espanyol viajaron a Sallent y pintaron mensajes en los muros del pueblo. La respuesta no vino de Joan, sino de sus vecinos, que cerraron filas en torno a su familia.

Esa escena resume bien quién es el portero que ahora viste de azulgrana y estrena dorsal con la selección española: el chico del pueblo que quiso ser como su hermano mayor y que, sin cambiar casi nada de lo que era, terminó siendo algo mucho más grande.