Bernardo Silva, durante una rueda de prensa.

Bernardo Silva, durante una rueda de prensa. Europa Press

Fútbol

Bernardo Silva, futbolista, 31 años: "No voy al gimnasio porque no me gusta, es para los que no saben jugar con los pies"

El jugador del Manchester City huye de la importancia del físico y pretende fortalecer su ventaja competitiva está más en el talento y la comprensión del juego.

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Bernardo Silva, cerebro del Manchester City de Pep Guardiola, lleva años desafiando etiquetas en el fútbol de élite. En un ecosistema obsesionado con la potencia y el físico, el portugués ha construido su reputación desde otro lugar: la técnica, la lectura del juego y una finura con el balón que lo sitúan entre los centrocampistas más influyentes de Europa.

Nacido en Lisboa en 1994, formado en la cantera del Benfica y consagrado en el Mónaco antes de aterrizar en Manchester, el portugués es el prototipo de futbolista bajito que se abre hueco a base de inteligencia. En el City se ha movido por todo el frente del ataque y el centro del campo, siempre con el mismo denominador común: ser el jugador que aparece donde el equipo lo necesita, ese enlace entre líneas que hace que el engranaje funcione.

En una entrevista con Sky Sports, Bernardo Silva dejó una frase que corrió como la pólvora: "No voy al gimnasio, eso es para los que no saben jugar con los pies". Lo dijo entre risas, en un tono distendido, mientras su compañero Rubén Dias y el propio entrevistador estallaban en carcajadas al escucharle.

El portugués insistía en que no recurre al gimnasio para mejorar su forma física, reforzando la idea de que su ventaja competitiva está más en el talento y la comprensión del juego que en la masa muscular. 

La frase encaja en una tradición futbolera muy reconocible: la del talento que reivindica el balón por encima de las pesas. Al reducir el gimnasio a "algo para los que no saben jugar", Silva caricaturiza una dicotomía que atraviesa el fútbol moderno, el pulso entre el juego de calle y el laboratorio de rendimiento.

Pero que el portugués se permita esa broma también tiene que ver con su estatus. En un fútbol cada vez más físico, solo alguien con su peso dentro del vestuario puede ironizar sobre el gimnasio sin que se interprete como dejadez, sino como una defensa de la técnica en tiempos de atletas totales.

Entre el mito y la realidad 

Lejos de desautorizar el trabajo físico, la carrera de Bernardo Silva demuestra que el talento y el gimnasio no son mundos incompatibles, sino vasos comunicantes. Ningún jugador sostiene el nivel que exige el City sin una base sólida de preparación: control del peso, fuerza específica, prevención de lesiones y, sí, sesiones en el gimnasio aunque no salgan en cámara.

Su frase funciona mejor como declaración de principios futbolísticos que como manual de entrenamiento. Lo que parece decir el portugués, en el fondo, es que el gimnasio no te convierte en futbolista si no sabes qué hacer con el balón, una reivindicación clásica de los jugones que han tenido que sobrevivir en un fútbol cada vez más atlético.

Bernardo Silva y Haaland se disponen a sacar de centro tras encajar un gol.

Bernardo Silva y Haaland se disponen a sacar de centro tras encajar un gol. REUTERS

En esa tensión permanente entre talento y físico, Bernardo Silva se posiciona del lado de los que creen que el juego sigue empezando en los pies, aunque el cuerpo se forje también entre máquinas y pesas.

Y ahí, entre la broma y el mensaje de fondo, su declaración se suma a una larga lista de frases que alimentan el mito del futbolista técnico que desconfía del gimnasio, mientras por la puerta de atrás sigue cumpliendo con él para mantenerse en la cima.