Pep Guardiola, junto a su hija María, en la celebración de un título del Manchester City

Pep Guardiola, junto a su hija María, en la celebración de un título del Manchester City EFE

Fútbol

María, hija de Pep Guardiola: "Todos los movimientos de mi familia se centraron en la carrera de mi padre en el fútbol"

El técnico del Manchester City, rival del Real Madrid en la Champions League, ha pasado su vida entre Barcelona, Múnich, Nueva York y, ahora, Inglaterra.

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J. P.
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María Guardiola Serra tiene 25 años, casi un millón de seguidores en Instagram y un apellido que en el mundo del fútbol pesa tanto como cualquier título.

Hija mayor de Pep Guardiola y Cristina Serra, creció entre vestuarios, aeropuertos y colegios de tres países distintos, siguiendo los pasos de un padre que durante décadas ha sido el entrenador más influyente del mundo.

Ahora, por primera vez con cierta distancia y madurez, habla de lo que fue aquella vida nómada y de cómo marcó su manera de ser.

La separación de sus padres, anunciada a principios de 2025 tras más de 30 años juntos, fue el detonante que llevó a María a conceder sus primeras entrevistas con una cierta profundidad.

Sin dramatismo, pero con franqueza, la joven ha desnudado en ellas el impacto que tiene crecer en una familia donde el fútbol no es solo una profesión, sino el eje que ordena cada decisión cotidiana.

"Mi padre ya jugaba cuando nací. Todos nuestros movimientos se han centrado en su carrera, primero como jugador y luego como entrenador. El fútbol ha dado forma a gran parte del recorrido de nuestra familia", afirmó tiempo atrás en declaraciones a Vanity Fair.

"En muchos sentidos, mi familia y yo le debemos nuestra vida y oportunidades a este deporte y, por supuesto, al talento excepcional y la pasión de mi padre", afirmó , poniendo en palabras lo que ella misma describe como una infancia singular, condicionada desde el principio por los destinos del entrenador.

Pep Guardiola, en un entrenamiento del Manchester City

Pep Guardiola, en un entrenamiento del Manchester City Reuters

Múnich primero, luego Mánchester, y en el medio una etapa especial en Nueva York que ella recuerda como "una experiencia inolvidable". Aquel paréntesis neoyorquino no fue casual: la familia buscó un año de reencuentro y de pausa antes de retomar el ritmo de la Premier League.

Entre todos los cambios de ciudad, la que más le costó fue la transición de Alemania a Inglaterra, cuando tuvo que despedirse de amigos, adaptarse a otro idioma cotidiano y empezar desde cero en un sistema escolar diferente.

Una situación que ella asocia directamente con el trabajo de su padre y la exposición pública que conlleva ese apellido.

Pese a todo, el balance que hace no es el de una infancia sacrificada sino el de una vida que le dio confianza y capacidad de adaptación desde muy joven. Sus padres, explicaba hace un año, siempre le transmitieron un mensaje claro por encima del fútbol y de las medallas: "Lo más importante es amar y ser amado".

Una frase que ella misma cita como especie de brújula familiar y que cobra especial significado ahora que la separación de Pep y Cristina ha obligado a reconfigurar los vínculos desde la distancia.

De su padre, María reconocía haber heredado el gen de la obstinación. "Mi padre y yo bromeamos diciendo que heredé su cabezonería. Cuando nos proponemos algo, lo perseguimos con una visión de túnel hasta lograrlo", explicaba con humor.

Un rasgo de carácter que, según ella misma admite, puede ser a la vez una fortaleza y una fuente de conflicto, pero que reconoce siempre como uno de los lazos más sólidos que la unen a él.