La selección de Irán, durante el Mundial de fútbol de 2022

La selección de Irán, durante el Mundial de fútbol de 2022 EFE

Fútbol

Irán le pide ayuda a la FIFA: quiere ir al Mundial de fútbol y jugar sus partidos fuera de Estados Unidos

El país asiático, en pleno choque político entre Teherán y Washington, propone disputar sus encuentros de la Copa del Mundo en México.

Más información: Irán descarta por ahora su participación en el Mundial en EEUU pese a decir Trump que su selección será "bienvenida"

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Irán ha puesto a la FIFA ante un rompecabezas mayúsculo a menos de cien días del inicio del Mundial de 2026.

La federación del país asiático ha trasladado al organismo su deseo de disputar el torneo, pero no en suelo estadounidense, y ha sondeado a México como posible "anfitrión alternativo" para sus partidos de la fase de grupos.

La petición llega en pleno choque político entre Teherán y Washington. , junto a Israel, ha liderado ataques que provocaron la muerte del líder supremo iraní, lo que ha derivado en un escenario de guerra abierta y en un nivel de tensión nunca visto entre ambos países.

En ese contexto, el ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali, llegó a afirmar en televisión que "bajo ninguna circunstancia" su país podía participar en un Mundial coorganizado por el "régimen corrupto" norteamericano.

El presidente de la federación, Mehdi Taj, se ha preguntado públicamente "qué país sensato enviaría a su selección a una situación así".

Sobre el papel, el camino de Irán hacia el Mundial ha sido impecable: se clasificó como primera de su grupo en la fase asiática y el sorteo la ubicó en el Grupo G, junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. Sus tres partidos estaban programados en Estados Unidos, con dos en Los Ángeles y uno en Seattle, ciudades con una numerosa diáspora iraní.

Pero esa baza, la del apoyo en la grada, se ha diluido: los aficionados iraníes tienen vetada la entrada al país por las restricciones migratorias de Donald Trump, y la propia selección teme por su seguridad pese a las garantías de la Casa Blanca.

Gianni Infantino, durante la Junta de Paz celebrada en Washington

Gianni Infantino, durante la Junta de Paz celebrada en Washington Reuters

Trump se ha movido con un doble discurso. Ante Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le trasladó que la selección iraní es "bienvenida" en Estados Unidos y que se garantizará su integridad. Pero en mensajes en redes sociales advirtió que no considera "apropiado" que Irán acuda al torneo "por su propia vida y seguridad", dejando en el aire una especie de aviso velado.

En Teherán, esas palabras se han entendido como una invitación al boicot. La federación iraní respondió reclamando que, si hay dudas sobre la seguridad, "el país que debería ser excluido es el que ostenta el título de 'anfitrión' pero no puede garantizarla".

En ese marco aparece México. Según ha trascendido, el embajador iraní en Ciudad de México ha trasladado a las autoridades locales y a FIFA la idea de trasladar allí los partidos de Irán, alegando que el país latinoamericano mantiene una "visión positiva" de la república islámica y ofrecería un entorno menos hostil.

México, que ya afronta sus propios problemas de imagen por la violencia de los cárteles de la droga en estados como Jalisco, se ha mostrado dispuesto a colaborar siempre que FIFA y Estados Unidos den luz verde.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido desplegar hasta 100.000 efectivos de seguridad y ha insistido en que no existe "ningún riesgo" para el desarrollo del torneo.

Para la FIFA, la ecuación es delicadísima. Si Irán se retira, el reglamento prevé multas de al menos 250.000 francos suizos y la posible expulsión de futuras competiciones, además de la obligación de encontrar un sustituto para mantener el formato de 48 selecciones.

Si aceptara mover los partidos a México, rompería de facto el principio de neutralidad entre sedes y abriría la puerta a reclamaciones de otros países en situaciones de conflicto o tensiones diplomáticas. Si fuerza a Irán a jugar en Estados Unidos, corre el riesgo de que el conflicto se traslade a los estadios.

A día de hoy, el escenario más realista es el de una negociación contrarreloj. Irán quiere estar en el Mundial, pero no pisar suelo estadounidense; Estados Unidos no quiere ceder en su condición de anfitrión; México se ofrece como salvavidas, y la FIFA intenta que el mayor evento del fútbol no quede manchado por una guerra que no controla. El balón, más que nunca, está en manos de la política.