Imagen promocional de la Finalissima con Messi y Lamine Yamal.

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Fútbol

El conflicto EEUU-Irán pone en jaque al fútbol: misiles en Catar a un mes del España-Argentina y surgen dudas para el Mundial

El 27 de marzo la Selección disputa la Finalissima en Lusail. Mientras tanto, Irán juega los tres partidos de la fase de grupos del Mundial en EEUU y ahora mismo ven "improbable" ir a la Copa del Mundo.

Más información: EEUU e Israel lanzan un ataque a gran escala contra Irán: la operación 'Furia épica' busca un cambio de régimen en Teherán

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Mientras en Nueva York el Empire State se iluminaba para celebrar que faltan poco más de cien días para el inicio del Mundial, en Oriente Próximo volvió a escucharse el silbido de los misiles.

Estados Unidos e Israel lanzaron una operación coordinada contra objetivos en Irán, con ataques sobre Teherán y otras ciudades clave, a los que el régimen de los ayatolás respondió bombardeando bases estadounidenses en varios países del Golfo, entre ellos Catar.

El fútbol, que tiene fijada una de sus próximas grandes citas precisamente en Doha con la Finalissima entre España y Argentina, se ha despertado de golpe en medio de un escenario que ya no puede dar nada por seguro.

Y es que, el 27 de marzo, en menos de un mes, España y Argentina se enfrentan en el Estadio Lusail, el mismo coliseo que albergó la final del Mundial 2022, para disputar una Finalissima que se enfrentará al campeón de Europa con el de América.

El partido se anunció como un nuevo capítulo del idilio entre Leo Messi y Catar y como el gran escaparate de la nueva España de Lamine Yamal, y las 88.966 entradas se agotaron en cuestión de horas.

Hoy, sin embargo, ese lleno histórico ya no está garantizado: los misiles iraníes sobre bases estadounidenses en el Golfo han convertido el viaje a Doha en una incógnita para selecciones y aficionados.

Tras los ataques, varios países del Golfo cerraron su espacio aéreo de forma preventiva y Catar confirmó que su defensa antiaérea había interceptado proyectiles en las cercanías de instalaciones militares usadas por Estados Unidos.

Qatar Airways anunció la suspensión temporal de numerosos vuelos en la región, sumándose a una oleada de cancelaciones y desvíos de compañías internacionales hacia Oriente Medio. Con un cielo así, el problema ya no es solo si España y Argentina quieren jugar en Doha, sino que prácticamente podrán llegar allí en un tiempo con garantías mínimas de seguridad.

En las últimas horas, tanto la RFEF como la AFA han mantenido contactos constantes con la UEFA, la Conmebol y los organizadores cataríes para evaluar escenarios, desde mantener la sede original hasta desplazar el encuentro a un territorio neutral más alejado del conflicto, siempre en función de la evolución militar y de las restricciones aéreas.

Más allá del componente deportivo, hay contratos millonarios en juego: derechos de televisión, patrocinios globales y paquetes de hospitalidad vendidos para un Lusail que se preparaba para recibir a la selección campeona del mundo y a la vigente campeona de Europa. Cada nueva parte de guerra convierte esos aviones en papel mojado.

Irán y el Mundial

Si el corto plazo se llama Finalissima, el horizonte de mayor calado es el Mundial que arranca el 11 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México, dentro de algo más de cien días.

Irán ha quedado encuadrada en el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. Jugará ante Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles y cerrará la fase de grupos frente a Egipto en Seattle, plazas emblemáticas de la Costa Oeste que ahora se ven atravesadas por un conflicto que trasciende lo deportivo.

En diciembre, incluso antes de esta escalada militar, Irán ya había elevado el tono contra Estados Unidos acusándolo de bloquear visados a jugadores, miembros de la federación y aficionados que querían desplazarse al Mundial.

Los futbolistas de irán posan antes de un partido.

Los futbolistas de irán posan antes de un partido. EFE

El Ministerio de Exteriores iraní anunció públicamente una "politización" del torneo por parte de Washington y pidió a la FIFA que garantizara la entrada de su delegación, recordando además que Teherán sigue afectada por las restricciones migratorias impuestas por la administración de Donald Trump.

El partido ante Egipto en Seattle estaba ya rodeado de polémica por coincidir con eventos vinculados al Orgullo LGBTQ+ en la ciudad, lo que motivó protestas del régimen iraní y un agrio intercambio con las autoridades locales.

En el vestuario, muchos de los futbolistas iraníes arrastran todavía las heridas de Catar 2022, donde fueron utilizados como altavoz interno del régimen y vieron cómo sus familias eran presionadas ante cualquier gesto de disidencia, un contexto que ahora se mezcla con el temor a convertirse en objetivo político en Estados Unidos.

A este clima se ha sumado ahora un mensaje contundente desde Teherán. Mehdi Taj, presidente de la Federación de Fútbol de Irán, ha admitido que, "con lo que ocurrió y con ese ataque, es poco probable que podamos mirar con esperanza al Mundial, pero los gerentes del deporte deben decidir sobre eso".

FIFA, atrapada

Mientras tanto, FIFA pide calma. Mattias Grafstrom, secretario general del organismo, evitó mojarse en una comparecencia reciente en Cardiff al ser preguntado por el impacto del conflicto en el Mundial 2026. "Es prematuro hacer comentarios en detalle, pero seguiremos de cerca los acontecimientos", se limitó a señalar.

Insistió en que el objetivo sigue siendo organizar "un Mundial seguro, con todos los equipos participantes". Detrás de esa prudencia se esconde una bomba de relojería jurídica, política y económica.

Mover los tres encuentros de Irán a Canadá o México sería, sobre el papel, la solución menos traumática: el equipo seguiría compitiendo y se reduciría la tensión de jugar en 'territorio enemigo'.

Pero implicaría renegociar contratos de sedes, entradas y derechos televisivos, además de enviar un mensaje incómodo al gran socio comercial del fútbol mundial, un Estados Unidos que ha invertido millas de millones en convertir 2026 en un espectáculo sin precedentes.

Ahora mismo, las preguntas se amontonan: ¿viajarán España y Argentina a Catar si el espacio aéreo sigue inestable o se buscará otra sede para la Finalissima? ¿Aceptará Irán jugar sus tres partidos de grupo en Estados Unidos en plena confrontación bélica, y permitirá a Washington la entrada de la delegación iraní sin nuevas trabas migratorias?

¿Se atreverá la FIFA a tocar el calendario, a mover sedes o incluso a sacar la tarjeta roja a alguna de las partes, como hizo con Rusia hace cuatro años, sabiendo que esta vez el coste político es infinitamente mayor?

Muchas preguntas y pocas respuestas firmes mientras el reloj sigue descontando y los bombardeos no cesan.