Momento en el que Pogacar cruza la meta para ganar la Milán San-Remo. EFE
Pogacar se impone a Pidcock en un esprint agónico para ganar la Milán-San Remo y alzarse con el cuarto monumento
El esloveno y el británico protagonizaron 300 metros casi a la par y acabó siendo el de UAE quien se llevó el gato al agua por media rueda de margen.
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Tadej Pogacar conquistó este sábado la Milán-San Remo tras imponerse por apenas unos centímetros al británico Tom Pidcock en un vibrante esprint final. Con esta victoria, el ciclista de 27 años añade a su palmarés el primer monumento de la temporada, un trofeo que hasta ahora se le había resistido.
Para Pogacar, uno de los grandes nombres del ciclismo actual, la "Classicissima" era una de las pocas carreras que le faltaban. La había disputado en cinco ocasiones, con dos podios, pero nunca había logrado la victoria. Esta vez lo hizo con épica: una caída a falta de poco más de 30 kilómetros no impidió su exhibición de fuerza y carácter.
El fenómeno esloveno volvió a demostrar su superioridad sobre rivales de talla mundial. Mathieu Van der Poel, defensor del título, terminó desfondado ante los constantes ataques, mientras Pidcock le disputó el triunfo hasta el último metro. En tercera posición cruzó la meta el belga Wout Van Aert.
¡𝐏𝐎𝐆𝐀𝐂𝐀𝐑 𝐓𝐔𝐌𝐁𝐀 𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐒𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀!
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Ha tenido que sudar sangre, pero en una de las páginas más gloriosas del ciclismo, Tadej Pogacar conquista la Milán-San Remo ante Tom Pidcock.
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En el horizonte de Pogacar ya asoma otro gran reto: la París-Roubaix, el único de los cinco monumentos que aún no ha conquistado, y el que necesita para igualar el legendario registro de Eddy Merckx.
Con sus 298 kilómetros de recorrido, la Milán-San Remo volvió a ser la carrera más larga del calendario del World Tour. Tras las tradicionales ascensiones a los Tre Capi (Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta), esperaba el conocido doblete Cipressa-Poggio, antes de los últimos 5,4 kilómetros hasta la mítica Via Roma en San Remo.
Ni la Cipressa ni el Poggio son puertos especialmente duros, pero tras casi 300 kilómetros de esfuerzo se convierten en trampas legendarias. Fue allí donde Pogacar, Van der Poel y Pidcock se quedaron solos al comando, justo antes de que el neerlandés no pudiera seguir el ritmo.
La jornada comenzó con una fuga de nueve corredores que llegaron a acumular hasta siete minutos de ventaja sobre un pelotón en el que faltaba el suizo Jan Christen, retirado temprano.
Los tres Capi fueron desgastando poco a poco a los escapados: el Capo Mele redujo la diferencia por debajo de los cuatro minutos, el Capo Cervo a tres, y el Capo Berta (con rampas del 9%) prácticamente les dio caza.
¡Pogacar al suelo!💥
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El campeón del mundo sufre una caída en la aproximación a Cipressa.#MilanoSanremo pic.twitter.com/0qKxyI12Ra
Todo parecía controlado hasta que Pogacar sufrió una caída a 32 kilómetros de meta, arrastrando también a Van Aert y Jorgenson. Aunque perdió ritmo unos instantes, el esloveno se reincorporó con rapidez y volvió al grupo principal justo al inicio de la Cipressa, donde fue neutralizada la escapada.
La conquista
La caída no le frenó. En apenas diez kilómetros ya estaba otra vez al ataque. Lanzó su ofensiva antes de coronar la Cipressa -a 24 kilómetros del final- y solo Pidcock y Van der Poel pudieron seguirle. En el Poggio, el neerlandés cedió ante la dureza del ritmo, dejando a los dos favoritos al frente de la carrera.
El descenso final fue pura tensión. Pogacar trató de abrir hueco, pero Pidcock resistió heroicamente, manteniéndose a rueda hasta la recta final. Van Aert se lanzó en persecución, aunque sin opciones reales de conectar.
En los últimos metros, ambos lanzaron un esprint espectacular, rueda con rueda. Por apenas unos centímetros, Pogacar levantó los brazos para celebrar una victoria histórica. Por fin logró su ansiada Milán-San Remo, una gesta más que amplía su leyenda y su legado ciclista.