Así levantó La Décima el Madrid de baloncesto.

Así levantó La Décima el Madrid de baloncesto. ALKIS KONSTANTINIDIS Reuters

Euroleague FINAL FOUR BELGRADO 2018

La Décima del Real Madrid de baloncesto: conquista la Euroliga ante el Fenerbahçe

En una soberbia actuación colectiva, los hombres de Laso pudieron mucho más que Nicolo Melli, el principal argumento de un vigente campeón destronado (85-80).

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Belgrado significa, literalmente, “Ciudad Blanca”. ¿Cómo no iba a ser campeón de Europa allí, y por décima vez, el Real Madrid de baloncesto? ¿Cómo no se iba a poner fin en tierras serbias a una racha de 38 años (desde 1980) sin ganar a domicilio una final de la máxima competicion continental? ¿Cómo el Madrid, en definitiva, no iba a ser el Madrid en una cuna de la canasta tan selecta como la urbe balcánica? Pues lo fue. Para desempatar en número de títulos con Zeljko Obradovic, dejar sin segundo entorchado consecutivo al Fenerbahçe y obrar un milagro que parecía inimaginable no hace tanto [Narración y estadísticas: 85-80].

Pero sí, aquello con lo que tanto soñó Sergio Llull durante su largo período de inactividad ha traspasado la almohada para llegar a la vida real. Nada ni nadie ha podido con el Madrid. Ni siquiera los turcos, multitud en la grada y con hechuras de campeones, un año más, en la pista. Por la entidad del maestro que les guiaba en la banda y de los alumnos que seguían a pies juntillas sus instrucciones en la cancha. Sin embargo, el mayor empuje colectivo de los blancos se impuso contra viento y marea.

Para empezar, se anuló a Vesely, pero sobre todo al joven Duverioglu, que quiso disfrazarse de Udoh para amargar la noche al rival nada más empezar… y acabó cargado de faltas. Por si alguien tenía dudas, la defensa iba a marcar las diferencias en la final. Rudy Fernández, excelso atrás por momentos, era muy consciente. Aunque en el partido también debía haber espacio para la fluidez ofensiva. Llegó de la mano de cuatro triples ya en el primer cuarto, cuando empezó a quedar constancia de que el Madrid sería mucho más que el MVP Doncic este domingo.

Los hombres de Laso amenazaron con su primera escapada importante en el marcador (hasta ocho arriba), pero el Fenerbahçe se levantó. Comenzaba el festival de Nicolo Melli, que se echó a su equipo a la espalda para igualarlo absolutamente todo y que los turcos volviesen a comandar el duelo. Sí, en las filas del campeón también sabían un rato de defensa. Carroll, como ante el CSKA, salvó los muebles antes del descanso. Para entonces, sólo Campazzo y Reyes no habían anotado en el Madrid: buena noticia.

El fondo de armario del Fenerbahçe lució más ante el Zalgiris, pero todos sabían de su pujanza. Quienes no tuvieran claro que el Madrid tiene un banquillo tan potente como el de los turcos pudieron comprobarlo de primera mano gracias, entre otros, a Causeur. Su tercer cuarto empezó a señalar el camino de la victoria. En esos momentos, Felipe Reyes lanzó su enésima reivindicación. Y Tavares empezó a sembrar el pánico habitual en la zona contraria. Su sombra fue tan alargada como inapelable.

Mandar por cinco puntos era una pequeña victoria para el Madrid. Fue la renta que más le acompañó en los momentos cruciales. Melli fue el principal culpable de hacerla temblar. Sólo Wanamaker y Kalinic le secundaron. Pero, con franqueza, estuvo demasiado solo. El 25-15 de parcial antes de los 10 últimos minutos prometía. Con mucha más igualdad en pleno último cuarto, Carroll volvió a ejercer de artillero mayor. Un triple suyo puso el +10 madridista y ratificó las buenas sensaciones del equipo de Laso. La copa estaba cerca.

Para abrazarla del todo, fue decisivo controlar el rebote mejor que el Fenerbahçe. Y tener los nervios bien templados en la línea de tiros libres (que aun así volvió a dejar más frustraciones que alegrías). Pero, por encima de cualquier otra cosa, mantener la compostura defensiva. Thompkins se ganó el sueldo en los últimos minutos. ¿Que Melli seguía en trance? No había nada que temer. Con nueve títulos frente a uno en la historia de la Euroliga, el escudo blanco fue otro factor que pesó lo suyo.

Ni siquiera se perdió la garra con la eliminación de Llull. Quedaban algo más de dos minutos por jugar... y sufrir, porque Doncic tampoco acabó el encuentro. Y Ali Muhammed saludó a última hora, y de qué manera, con un triple para colocar a tres puntos al conjunto de Estambul (81-78). Pero bastante había costado llegar hasta allí, toda una final de la Copa de Europa, como para bajar los brazos a última hora.

Se apretaron los dientes, los jugadores pidieron la hora sólo para sus adentros, el patíbulo de la línea de personal respetó (más o menos) y Thompkins logró un palmeo histórico a 18 segundos de la conclusión. Melli siguió a lo suyo, pero Causeur lo sentenció todo. Al sonido del bocinazo, aconteció la liberación más absoluta. Y merecida tras un curso durísimo en el que, después de tanta mala suerte y como predijo Laso, ya sólo podían venir cosas buenas. Y lo hicieron a lo grande.