Los jugadores de Real Madrid y Estrella Roja antes del partido de la Euroliga de este jueves

Los jugadores de Real Madrid y Estrella Roja antes del partido de la Euroliga de este jueves EFE

Baloncesto

La Euroliga como rostro de la crisis del baloncesto europeo: la apuesta por repetir un formato agrietado sin el 'sí' del Madrid

Este viernes termina la fase regular de la máxima competición europea del baloncesto y es tiempo de radiografiar el incierto futuro que enfrenta.

Más información: Jorge Garbajosa (FIBA): "La NBA quiere implementar en Europa un modelo que va a generar beneficios en 4 o 5 años"

Publicada

Este viernes se cierra la fase regular de la Euroliga. El Real Madrid, que ya aseguró el factor cancha para los playoffs tras ganar al Estrella Roja el jueves, y el Valencia Basket, que también tiene garantizada esa ventaja, aguardan rivales en los cuartos.

El Barça, en cambio, pelea hasta el último momento por colarse en el play-in, dependiendo de su resultado ante el Bayern Múnich y de lo que haga el Dubai Basketball. El contraste entre los tres grandes clubs españoles resume, sin querer, el estado de una competición que, lejos de haber encontrado su forma ideal, ha decidido precisamente eso: repetir lo que tiene, agrietado y todo.

El pasado martes, en una reunión de clubes celebrada en Barcelona, la Euroliga aprobó mantener el formato actual para la temporada 2026/27: veinte equipos, liga de todos contra todos a doble vuelta, 38 jornadas, play-in y playoffs. Sin conferencias. Sin reducción de partidos.

Lo mismo de este año, un año que ha dejado fracturas evidentes en el tablero del baloncesto continental y que ha planteado preguntas que la propia competición todavía no sabe responder.

Un calendario que colapsa

El primer síntoma de la enfermedad es el calendario. Ampliar la Euroliga de 18 a 20 equipos, como se hizo este curso, implicó pasar de 34 a 38 jornadas, con hasta diez jornadas dobles para los equipos que también compiten en sus ligas nacionales. Un equipo español que llegue a todas las finales posibles podría disputar hasta 99 partidos oficiales en una sola temporada. El dato habla solo.

Sergio Scariolo, entrenador del Real Madrid, se ha convertido en una de las voces más críticas dentro de la competición. "Ha subido el número de partidos, con muchos en poco tiempo. Ha sido un error", afirmó en diciembre.

Sergio Scariolo, en un partido del Real Madrid

Sergio Scariolo, en un partido del Real Madrid EFE

Cuatro meses después, con la decisión ya tomada de repetir el formato, fue más contundente: "Genera un colapso que no ayuda a la calidad del juego porque los jugadores no llegan al 100% muchas veces. Tampoco ayuda a la posibilidad de preparar los partidos dignamente por parte de los entrenadores".

No es solo su opinión: el técnico aseguró que sus propios jugadores comparten el diagnóstico.

Guerra y desgaste institucional

A las grietas deportivas se han sumado este año fracturas geopolíticas que han sacudido la competición desde dentro. La escalada del conflicto en Oriente Próximo obligó a la Euroliga a suspender varios partidos por el cierre del espacio aéreo regional, comenzando por el Hapoel Tel Aviv-París Basketball y siguiendo con el Maccabi Tel Aviv-Hapoel Tel Aviv y el Partizán-Dubai Basketball.

Los equipos israelíes, que habían regresado a jugar en su país en diciembre, tuvieron que volver al exilio: el Maccabi jugó sus partidos en Belgrado, el Hapoel en Sofía, el Dubai en Sarajevo. Una competición continental que desplaza a sus equipos a sedes improvisadas a miles de kilómetros de su ciudad, con las consecuencias deportivas y económicas que ello implica, es una competición con los pilares bajo tensión.

Y aun así, la decisión ha sido continuar. Sin cambios de fondo.

El problema económico

Detrás de cada debate sobre el formato late una herida mucho más profunda: el modelo económico del baloncesto europeo no funciona. Informes del sector ya alertaron hace años de que prácticamente todos los equipos de la Euroliga registran pérdidas, con algunos clubes gastando el doble o más de lo que ingresan.

El Barça, por ejemplo, perdía de media 26,6 millones de euros anuales en su sección de baloncesto entre 2015 y 2021, mientras el Real Madrid acumulaba pérdidas medias de 23,8 millones en el mismo periodo. El modelo funciona mientras haya mecenas o clubes de fútbol que absorban los números rojos. Pero eso no es un negocio: es una dependencia estructural.

La raíz del problema está en la comercialización. Los derechos televisivos del baloncesto europeo no tienen nada que ver con los del fútbol continental, ni siquiera con los de la propia NBA, que firmó hace dos años el mayor contrato de derechos deportivos de la historia.

Jorge Garbajosa, presidente de FIBA Europa, durante su conversación en el Wake Up, Spain! Wake Up, Europe! 'Crecimiento, cohesión e incertidumbre'.

Jorge Garbajosa, presidente de FIBA Europa, durante su conversación en el Wake Up, Spain! Wake Up, Europe! 'Crecimiento, cohesión e incertidumbre'. David Morales

Las ligas nacionales pierden valor porque la Euroliga ha creado un sistema de plazas fijas que desconecta el rendimiento deportivo de la participación en la cúspide continental: un equipo puede ganar su liga nacional y seguir sin tener derecho a competir en Europa. La pirámide se ha invertido, y la consecuencia es que el ecosistema entero sangra.

El 'sí' que no llega del Real Madrid

Todo este contexto explica por qué la reunión de Barcelona del martes no fue solo una votación sobre el formato: fue también un retrato de la división interna del baloncesto europeo. La Euroliga sigue esperando la firma del Real Madrid para la próxima temporada.

El club blanco, que como socio fundador participa en la competición desde el año 2000, lleva meses sin dar el paso definitivo. No porque quiera marcharse sin más, sino porque el destino alternativo existe y tiene nombre: el proyecto conjunto que NBA y FIBA impulsan para arrancar en octubre de 2027.

El Fenerbahçe ya firmó su renovación con la Euroliga. El Barça también dejó apalabrada su continuidad, aunque con una cláusula de salida de diez millones de euros en caso de que surja una alternativa más atractiva.

El Real Madrid es el último gran nombre que no ha estampado su rúbrica, y su silencio pesa en la credibilidad de cualquier decisión que adopte la competición. La Euroliga confía en que los blancos acabarán firmando, pero los plazos se alargan y el tiempo juega a favor de la incertidumbre.

El proyecto NBA-FIBA

Frente a este panorama, la alianza entre la NBA y FIBA no es un rival cualquiera. En diciembre, ambas organizaciones confirmaron en un comunicado conjunto que en enero comenzarían a negociar con clubes y grupos propietarios para la nueva liga paneuropea masculina.

El modelo contempla 16 equipos en total: 12 con plaza fija -señalas en el mapa las siguientes ciudades: Madrid, Barcelona, Milán, Roma, Londres, Manchester, París, Lyon, Berlín, Múnich, Atenas e Estambul- y cuatro plazas adicionales que se clasificarán por mérito deportivo, a través de la Basketball Champions League o de las ligas nacionales.

La propuesta aborda de raíz el déficit que más duele: la comercialización. La NBA lleva más de tres décadas construyendo un modelo de negocio global que ha convertido el baloncesto en el segundo deporte más popular del mundo. Su capacidad para generar ingresos por derechos televisivos y patrocinio no tiene parangón en Europa.

Adam Silver, comisionado de la NBA

Adam Silver, comisionado de la NBA NBA

Y en ese músculo financiero está la apuesta: si el problema del baloncesto europeo es que los clubes invierten cantidades ingentes sin ver retornos económicos proporcionales, la NBA promete un modelo en el que los equipos participantes vean crecer sus ingresos en un horizonte de cuatro o cinco años.

Lo que FIBA pone sobre la mesa en este partnership no es dinero, sino estructura y legitimidad. La federación ha insistido en que el modelo mixto -franquicias fijas más acceso por mérito- preserva el valor de las ligas nacionales, que en el sistema actual de la Euroliga han quedado degradadas a mero trámite.

Si un equipo gana su liga y puede acceder a la máxima competición continental, las competiciones domésticas recuperan tensión y atractivo. La pirámide, en definitiva, volvería a tener sentido.

Un baloncesto en busca de unidad

El gran interrogante no es si habrá un proyecto NBA-FIBA, sino si el baloncesto europeo será capaz de afrontarlo unido o fragmentado. Hace 26 años que la Euroliga y las instituciones del baloncesto organizado no han conseguido ponerse completamente de acuerdo.

Mientras tanto, los pequeños acuerdos alcanzados -como evitar que partidos de clubes y de selecciones se disputaran el mismo día, algo que llegó a ocurrir- demuestran que la cooperación es posible, pero a un ritmo insuficiente para la magnitud del reto.

El baloncesto europeo necesita una pirámide estable de competición, un producto comprensible para el aficionado, y un modelo económico que no dependa de que sus principales actores asuman pérdidas año tras año.

Ese aficionado al que hay que cuidar tiene la vida suficientemente complicada: lo último que necesita es estudiar un formato laberíntico o enterarse de que el partido de su equipo se ha cancelado por un conflicto bélico a miles de kilómetros.

Este viernes, cuando caiga el telón de la fase regular, empezarán los playoffs. La pelota seguirá botando y el espectáculo continuará. Pero las conversaciones que se mantendrán en los despachos durante los próximos meses podrían redibujarlo todo.

El Real Madrid todavía no ha dicho que sí. La Euroliga repite formato. Y el reloj sigue corriendo hacia 2027.