Javier Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro, junto a sus hermanas, Rubi Moro y Fabiola Moro.

Javier Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro, junto a sus hermanas, Rubi Moro y Fabiola Moro.

Famosos HISTORIA FAMILIAR

Moro contra Moro: la guerra vinícola entre dos bodegas unidas por el bisabuelo Hipólito y enfrentadas en los tribunales

En 2016, la marca Emilio Moro presentó una denuncia contra el propietario de Bodegas Matarromera por infracción de marca y competencia desleal.

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Esta es la historia de un apellido al que de manera, a priori, legítima dos familias han querido sacar rentabilizar a base de esfuerzo y tesón. Hablamos de Moro. Un apellido que une a dos respetadas y acaudaladas empresas vinícolas: Emilio Moro y Matarromera.

La historia suena a saga familiar, pero es, sobre todo, una guerra de marcas que enfrenta desde 2016 a dos pesos pesados del vino español. De un lado, una casa centenaria de la Ribera del Duero, fundada en 1891 y gestionada hoy por los nietos de Emilio Moro.

Del otro, el grupo Matarromera, creado por Carlos Moro, empresario clave del mapa enológico castellano. En medio, cuatro letras o una simple palabra: Moro. Ambas bodegas están unidas por un mismo apellido y un familiar lejano en común: el bisabuelo Hipólito, defiende Carlos.

Todo arranca con un detalle que, a primera vista, podría parecer menor. Un teletipo de una agencia de comunicación confunde la marca Carlos Moro, propiedad de Bodegas Matarromera, con Emilio Moro. Para los nietos de Emilio Moro esta suerte de desliz fue la señal de alarma.

Carlos Moro, en una fotografía extraída de la página web de Fundación Carlos Moro de Matarromera.

Carlos Moro, en una fotografía extraída de la página web de Fundación Carlos Moro de Matarromera.

Si un redactor confundía ambas marcas, el problema de identidad no era imaginario. A partir de ahí, la bodega de Pesquera de Duero decide esclarecer este extremo con la justicia en la mano.

"La empresa ha tomado medidas para proteger su legado y el derecho de los consumidores a estar bien informados a la hora de elegir. Bodegas Matarromera está amenazando nuestro buen nombre y reputación", se explicó en 2019 desde la casa familiar.

Se arguyó que Carlos Moro había bautizado algunos de sus vinos con su nombre y apellido, "confundiendo a los consumidores y aprovechándose de una reputación ajena".

En esa línea, que alguien pudiera relacionar a Emilio Moro con Matarromera era un problema que había que solucionar.

La compañía Emilio Moro presentó una demanda ante el Juzgado de lo Mercantil número 10 de Madrid. Se reclamaban dos cosas: que se prohibiera el uso de la marca Carlos Moro para vinos y que se declarase nulo su logotipo.

Aquel procedimiento fue uno de los ejes de la batalla. El otro se trasladó muy pronto a Europa. La bodega Emilio Moro acudió a la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, la EUIPO, para que anulase el registro de la marca Carlos Moro en todo el territorio comunitario.

Ahí empieza el auténtico culebrón judicial. Tres años después, el conflicto traspasó las fronteras con otros cuatro procedimientos abiertos en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) y uno más en la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Y se recrudeció por la disparidad de opiniones de los citados organismos, con dos victorias provisionales para Carlos Moro y otras dos para Emilio Moro. Decimos provisionales porque todas ellas se recurrieron.

Javier Moro, presidente de las Bodegas Emilio Moro.

Javier Moro, presidente de las Bodegas Emilio Moro. Cedida Cedida.

La sensación, vista desde fuera, es la de una partida de ajedrez legal. Cada movimiento de un lado recibía respuesta inmediata del otro. En primera instancia, la EUIPO se pronunció en una dirección clara.

"La Oficina de Propiedad Intelectual europea ha dado la razón al demandante en primera instancia, pues considera que el uso de la marca Carlos Moro supone un aprovechamiento indebido del carácter distintivo o del renombre de Emilio Moro".

Para el organismo, el apellido Moro no es un término cualquiera cuando se habla de vino. Remite a una marca conocida, con una posición consolidada en el mercado. Permitir el registro de 'Carlos Moro' para productos similares supone, a su juicio, aprovechar ese eco previo.

A esto último hay que añadir un tercer proceso independiente por el que la EUIPO denegó la solicitud de registro de Carlos Moro en clase 42, un grupo de servicios científicos, tecnológicos y de investigación.

Ese organismo pretextó que existía un riesgo de confusión con su competidor. La idea se repetía: el apellido compartido generaba proximidad y esa proximidad, en un sector donde las familias son marca, puede hacer creer al consumidor que todo es la misma casa.

Tal y como avanzó Vanitatis, Bodegas Matarromera impugnó las resoluciones que le eran desfavorables y subrayó que había salido vencedora en otros dos pleitos, que Emilio Moro restó importancia, también vinculados a esta disputa.

En uno de ellos, la oficina española de marcas autorizó el registro de la denominación Carlos Moro; en otro, la oficina europea de propiedad intelectual declaró caducada por falta de uso reciente la marca Moro registrada por la bodega rival.

Desde Pesquera de Duero minimizaron estos logros del competidor y sostuvieron que se trataban de resoluciones tangenciales, utilizadas por Carlos Moro para generar confusión, especialmente la que deja sin efecto la marca Moro a secas difundida en la prensa económica.

Para Emilio Moro, la cuestión central es si las instituciones europeas iban a permitir que otro vino recorriese el mercado comunitario luciendo en grande el apellido Moro en la etiqueta.

Carlos Moro.

Carlos Moro. Imagen extraída de la web de la Fundación Carlos Moro de Matarromera.

El bodeguero Carlos Moro recordó que su marca, registrada en 1997 para vinos de varias denominaciones de origen, no era la única que lleva el término Moro.

Aseguró que existen decenas de marcas de vino con esa palabra y reivindicó que se trata del nombre y apellido de una persona viva, un derecho que considera irrenunciable.

Para él, el núcleo del conflicto residía en la facultad de usar el propio nombre; para sus vecinos de Pesquera, el problema estaba en el posible desgaste de una marca construida durante décadas.

El enfrentamiento se recrudeció cuando Carlos expuso que el apellido Moro les viene dado a ambas familias por un presunto bisabuelo en común: Hipólito Moro.

Un extremo que desde Emilio Moro se puso en duda, considerando que habría que indagar mucho para hallar ese supuesto vínculo.

Javier Moro junto a su madre, Felisa Espinosa, y sus hermanas, Rubí Moro (i.) y Fabiola Moro (d.).

Javier Moro junto a su madre, Felisa Espinosa, y sus hermanas, Rubí Moro (i.) y Fabiola Moro (d.). Cedida Cedida

Cuando el mapa de pleitos parecía completo, se abrió un frente más. Carlos Moro inició un nuevo procedimiento ante la oficina europea de marcas para intentar anular el registro comunitario de Emilio Moro, a pesar de que esta casa se remonta a 1891.

La pugna alcanza un momento clave en 2025, cuando la justicia europea vuelve a pronunciarse y refuerza el criterio ya marcado en fallos anteriores: entiende que la denominación Carlos Moro de Matarromera se apoya en el prestigio y la notoriedad alcanzados por Emilio Moro.

Para la bodega de Pesquera, esta decisión supuso la confirmación de que su apellido, ligado a la casa desde finales del siglo XIX, merece una protección reforzada. Para Carlos Moro, es un revés serio a su proyecto de marca, aunque insistió en que no suponía el final de la batalla.

Carlos siempre ha defendido que el apellido Moro puede coexistir: "Es un apellido común. Prefiero un clima de colaboración y convivencia, no de enfrentamiento (...) Deberíamos potenciar la imagen de las denominaciones de origen en el extranjero", dijo a Vanitatis.

La guerra entre Carlos Moro y la familia de Emilio Moro sigue abierta en 2026. No existe una resolución definitiva y el conflicto continúa en tribunales.