La actriz Daniela Santiago en el Festival de Málaga de 2021.

La actriz Daniela Santiago en el Festival de Málaga de 2021.

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Daniela Santiago cumple 40 años en la cresta de la ola del 'show business' y con libro de memorias a la vista

Trabajó como gogó y maquilladora, pero un casting le cambió la vida hace tres años y ahora rueda con directores como el gran Pedro Almodóvar.

1 abril, 2022 01:45

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Fue por pura casualidad que Daniela Santiago se postulase para el papel protagonista de Veneno. Todo sucedió después de que una amiga suya se enterase de que Javier Ambrossi (37 años) y Javier Calvo (31) estaban buscando actrices para la serie inspirada en la vida de Cristina Ortiz que estaban poniendo en pie. Sabiendo que Santiago siempre había soñado con dedicarse a la interpretación, su amiga la animó a tirarse a la piscina.

Para conseguir el papel, la modelo y actriz malagueña tuvo que superar varias pruebas a lo largo de tres meses. La primera tuvo lugar en Torremolinos, donde la responsable que hacía las audiciones se fijó en su soltura y le pidió a Santiago entrevistarse personalmente con ella en su apartamento. La segunda la hizo frente a Eva Leira y Yolanda Serrano, directoras de casting de Veneno, quienes se desplazaron hasta Málaga para ver si aquella atractiva muchacha encajaba realmente en el perfil que buscaban.

La prueba definitiva tendría lugar en Madrid, donde Santiago, caracterizada esta vez ya como la icónica Veneno, se vio las caras con los directores de la serie de ATRESplayer PREMIUM. "Estaba en el cuarto de baño, retocándome, y en el momento en el que abrí la puerta, me encontré de frente con Ambrossi", contó.

"Se echó a temblar, se puso las manos en la cabeza y empezó a decir, 'la queremos, la queremos, es muy fuerte'. Me abrazó y me besó justo antes de entrar en la audición, donde tuve que interpretar a Cristina delante de Valeria Vegas, Los Javis, Eva y Yolanda [...]. Tuve que improvisar una escena de drama y les gustó mi soltura, mi cercanía, mi drama".

Aunque nunca antes había estudiado interpretación, Santiago suele decir que, de alguna manera, nació siendo ya actriz. A fin de cuentas, desde pequeña tuvo que andar fingiendo ser alguien que no era. Como mujer trans, la malagueña sufrió en sus propias carnes la intolerancia a la diversidad de orientación sexual e identidad de género, que a menudo nace de la ignorancia. Santiago inició su transición física a los 15 años, momento en que empezó a hormonarse.

"Cuando empezaron a salirme los pechos", confesó luego, "las monjas [del colegio en el que estudiaba] se quedaron muertas porque ellas no podían ni imaginar lo que era un tratamiento hormonal. Total, que pensaron que estaba poseída por el demonio". Santiago recibió en esa época hostilidad verbal y agresiones físicas pero, a diferencia de la malograda musa de Pepe Navarro, contó desde el principio con el apoyo de su familia, y normalmente se ha sentido querida y respetada por los chicos con los que ha compartido su vida.

"He tenido muy buenos novios que me han querido muchísimo", explicó. "Pero yo he estado con otro tipo de hombre [distinto al tipo de Cristina]. No he estado nunca con un chulo que estaba esperando mientras yo puteaba para coger el dinero. Los chicos con los que he estado tenían su trabajo, me aceptaban como era y me respetaban. Han sido relaciones bonitas", expresó.

Daniela Santiago en la presentación de la programa de ATRESPlayer Premium.

Daniela Santiago en la presentación de la programa de ATRESPlayer Premium. Gtres

Veneno no fue la primera experiencia laboral de Santiago, quien, siendo aún adolescente, empezó a trabajar en el mundo de la noche, ejerciendo como gogó en algunas de las discotecas más populares de Madrid, Barcelona e Ibiza. Fue durante aquella etapa cuando la malagueña se topó un día en Chueca con Cristina Ortiz, que en ese momento no estaba ya en el candelero mediático pero sí gozaba de una tremenda popularidad.

"Yo era graciosa y recién salida de Málaga, así que le caí en gracia y me llevó a vivir con ella un mes, pero me tuvo de criada", contó en una entrevista. "Fue la novatada por vivir con una estrella. Ella era muy cómica y lo pasamos muy bien. Como no le pagaba nada, me dijo que tenía que cocinar, lavar los platos y aguantarle las depresiones. Aguanté un mesecito, porque dos divas no caben en una casa", deslizó.

Entonces, Daniela no podía imaginar que acabaría encarnando a la Cristina de mediados de los noventa en una serie estrenada en 2020, en plena pandemia. "Empecé a dar clases y fue durísimo, sobre todo a nivel vocal", contó sobre el rodaje que la dio a conocer. "De hecho, me salió un nódulo en la garganta por hablar como ella, discutir como ella… Daniela se quedaba escondida". Pese a todo, la malagueña salió airosa del reto, que al parecer le dio fuerzas para salir públicamente del armario como chica trans y, además, le valió el Ondas a Mejor Actriz, compartido con sus compañeras de reparto Jedet (29) e Isabel Torres, recientemente fallecida.

Además, gracias al enorme éxito de Veneno, que acabó cruzando el charco al estrenarse en Estados Unidos a través de HBO Max, la vida de Santiago dio un giro radical. De vivir tranquila en Málaga, donde ya se había comprado un piso y en ese momento trabajaba como maquilladora y peluquera, la actriz pasó a ser reconocida por la calle y a empezar a labrarse un futuro en el mundo del show business.

No en vano, terminó haciendo un cameo en la serie By Ana Milán, en enero de 2021 protagonizó un cortometraje a favor de la visibilidad trans titulado Julia, el diseñador Roberto Cavalli (83) la convirtió en una de sus musas, y el mismísimo Pedro Almodóvar (73), con el que ya colaboró brevemente en Todo sobre mi madre, le dio un pequeño papel en su última película, Madres paralelas.

Para ponerle la guinda al pastel de la gloria profesional, Santiago cumple 40 años este viernes, día 1 de abril, y publicará este mismo mes un libro de memorias, Mi pequeño mundo, donde se abrirá, por primera vez, con una franqueza desarmante. Ahí abordará sus duros comienzos profesionales, hablar sobre cómo está gestionando su imparable boom, y explicar lo que ella y muchas mujeres trans han vivido y siguen viviendo en España.

"No pienso volver a coger los pinceles", ha dicho sin titubeos "Quiero que los cojan para maquillarme a mí y para seguir en ese nivel de no parar. En Madrid es donde se pueden conseguir los sueños y no debí haberme ido nunca".

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