La princesa Mette-Marit y Haakon de Noruega, el día de su boda, el 25 de agosto de 2001 en la Catedral del Salvador de Oslo.
Haakon de Noruega y Mette-Marit aplazan la celebración de sus bodas de plata ante la delicada salud del rey Harald
La prioridad absoluta de la Casa Real se centra en la evolución clínica del soberano. El último parte dice que está estable y sin cambios significativos.
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La Casa Real de Noruega vive estas últimas horas en vilo. Todos sus miembros están centrados y preocupados en la delicada salud del rey Harald, que a sus 89 años encara un cuadro clínico más que alarmante tras sufrir una grave infección bacteriana en la sangre.
El hecho de que la Familia Real al completo, aunque de forma escalonada, se haya desplazado, en las últimas, al hospital para arropar al monarca no hace más que alimentar la alarma y la especulación sobre el estado de salud del padre del príncipe Haakon (53).
El último parte, emitido desde el Palacio, este pasado lunes, 24 de agosto, informa que Harald está "estable" y sin "cambios significativos". No obstante, no están siendo horas fáciles y, desde luego, tampoco nada propensas a la celebración.
La Casa Real ha modificado su agenda en las últimas horas y, entre esos planes, también se ha visto afectada la celebración de las bodas de plata de Haakon y Mette-Marit (53).
Mette-Marit y Haakon, el día de su boda.
Los príncipes herederos han decidido posponer los festejos oficiales por sus bodas de plata, cuyo acto central estaba previsto para este martes 25 de agosto. El motivo de esta dolorosa decisión responde al empeoramiento en el estado de salud del Rey.
La noticia ha sido confirmada de manera oficial a través de un comunicado emitido por el Palacio Real.
"Los príncipes herederos celebran este año su 25 aniversario de bodas y conmemorarán sus bodas de plata en privado con su familia", traslada Simen Løvberg Sund, asesora principal de comunicaciones de la institución, en un correo electrónico remitido a la agencia NTB.
El escrito subraya que toda la atención y preocupación de la dinastía nórdica está volcada en la evolución médica del monarca, de 89 años.
Sin embargo, el protocolo mantendrá un pequeño gesto de cara a la ciudadanía. Aunque la recepción oficial y la gran fiesta hayan quedado aplazadas, el miércoles a la 1:00 de la tarde se celebrará el tradicional desfile real en la plaza del Palacio -Slottsplassen-.
Desde el balcón principal, el príncipe Haakon -en su condición de príncipe regente por la baja de su padre- saludará al público congregado junto a la princesa Mette-Marit.
Mette-Marit y Haakon, junto a Marius Borg, el día de su boda.
La efeméride de las bodas de plata de los herederos ya había tenido un notable impacto cultural a lo largo del verano.
El Palacio Real acogió entre el 20 de junio y el 16 de agosto una exposición conmemorativa donde se exhibieron el vestido de novia luciendo encaje y tul que Mette-Marit lució en 2001, así como el uniforme de gala del príncipe heredero.
Según datos facilitados por la propia Casa Real, la muestra se convirtió en un hito turístico sin precedentes, registrando más de 51.000 visitantes durante las visitas guiadas, lo que supone una cifra récord en la historia de las aperturas estivales del recinto palaciego.
Un amor que desafió los prejuicios
El 25º aniversario de los príncipes herederos no solo conmemora un cuarto de siglo de matrimonio, sino el triunfo de una historia de amor que en su origen tuvo que superar una formidable resistencia social y mediática.
Haakon de Noruega y Mette-Marit Tjessem Høiby se conocieron a finales de la década de 1990 durante el festival de música Quart, en la ciudad natal de ella, Kristiansand.
Sin embargo, su noviazgo no se formalizó hasta tiempo después, desatando una controversia en la opinión pública cuando el príncipe heredero decidió mudarse a vivir con ella a un apartamento de Oslo antes del compromiso oficial.
Haakon y Mette-Marit, junto a su hija Ingrid, en un acto en Oslo en 2004.
El perfil de Mette-Marit no encajaba en los cánones tradicionales de la realeza de la época. Era una mujer plebeya, de origen humilde, madre soltera de un niño llamado Marius Borg (29) y con un pasado juvenil vinculado al ambiente nocturno y festivo.
La presión de la prensa tabloide y las dudas de sectores conservadores de la sociedad noruega llegaron a poner en tela de juicio la idoneidad del príncipe para heredar el trono.
El respaldo de Harald V
En medio de la marejada mediática, la pareja encontró su mayor pilar de apoyo en el propio rey Harald V y la reina Sonia (89).
El monarca, que en su juventud había tenido que luchar durante nueve años contra el criterio del gobierno y el estamento para poder casarse con la plebeya Sonia Haraldsen, comprendió de inmediato los sentimientos de su hijo.
Harald respaldó sin fisuras la elección de Haakon, recordando que el amor no debía estar condicionado por los prejuicios sociales.
Mette-Marit junto a Harald de Noruega.
Poco antes del enlace, en una rueda de prensa histórica y profundamente emotiva, Mette-Marit abordó abiertamente su pasado ante los medios de comunicación, pidiendo disculpas por sus excesos juveniles y mostrando un arrepentimiento sincero.
El 25 de agosto de 2001, la Catedral de Salvador de Oslo acogió un enlace de ensueño.
Cuando llegó el gran día, más de 800 invitados se congregaron en el templo. Haakon y Mette-Marit recorrieron juntos el pasillo central, un gesto pionero que marcó el carácter íntimo del enlace. La misa fue oficiada por el obispo Gunnar Stålsett.
Al acto asistieron miembros de la realeza europea, autoridades noruegas, familiares y amigos de la pareja.
La imagen del príncipe Haakon secándose las lágrimas al ver entrar a Mette-Marit de la mano de su hijo Marius, de cuatro años, dio la vuelta al mundo como el símbolo de una monarquía moderna, inclusiva y dispuesta a evolucionar con los tiempos.
Durante estos 25 años, los príncipes herederos han formado un hogar sólido con el nacimiento de sus dos hijos en común, la princesa Ingrid Alexandra -futura reina de Noruega- y el príncipe Sverre Magnus.
Hoy, dos décadas y media después de aquel 'sí, quiero', la pareja vuelve a dar prioridad a la cohesión familiar, posponiendo sus celebraciones para volcarse por completo en la salud del rey Harald.