El príncipe Leka de Albania, en su boda con Blerta Celibashi, el pasado 15 de marzo de 2026.

El príncipe Leka de Albania, en su boda con Blerta Celibashi, el pasado 15 de marzo de 2026. @princeleka

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Leka II, el príncipe sin trono de Albania: de la expulsión de su familia de España a su nueva vida tras un borrascoso divorcio

El royal ha dado la bienvenida a su segundo hijo cuatro meses después de su boda con Blerta Celibashi, dejando atrás la violencia familiar con su exmujer.

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Estos días, el nombre del príncipe Leka II de Albania (44 años) ha vuelto a copar los titulares de la crónica social internacional.

Apenas cuatro meses después de haber celebrado su boda con su segunda esposa, la fotógrafa Blerta Celibashi, el jefe de la Casa Real albanesa se ha convertido en padre de su segundo hijo, un varón al que han bautizado con el histórico nombre de Aleksandër.

Las imágenes de la pareja junto a su bebé en la maternidad del Hospital Universitario Obstétrico-Ginecológico "Reina Geraldine", en Tirana, no solo transmiten una aparente calma institucional, sino que dan fe de la vertiginosa rapidez con la que el aristócrata ha logrado recomponer y blindar su nueva vida.

El príncipe Leka de Albania y su segunda esposa, Blerta Celibashi, han dado la bienvenida a su primer hijo en común. Alekandër.

El príncipe Leka de Albania y su segunda esposa, Blerta Celibashi, han dado la bienvenida a su primer hijo en común. Alekandër. @princeleka

Un polémico divorcio

Atrás queda, al menos de cara a la galería, el amargo y tormentoso divorcio de su primera mujer, la actriz Elia Zaharia. Una historia de amor que comenzó con tintes de cuento de hadas balcánico y terminó de la peor manera posible.

Fue en la primavera de 2024 cuando la vida de Leka II se vio empañada por denuncias mutuas ante la policía, órdenes de protección de urgencia y la vergonzosa filtración de un vídeo doméstico en el que se evidenciaban agresiones físicas y verbales entre el príncipe, su exesposa y su exsuegro.

Aquel cisma, que destruyó la estudiada fachada de separación armoniosa de la pareja, obligó a una agresiva división de bienes que incluyó estrictas condiciones económicas para salvaguardar el bienestar de la hija que tienen en común, la pequeña princesa Geraldine.

Leka II de Albania, con Elia Zaharia, el día del anuncio de su compromiso de boda, en 2016.

Leka II de Albania, con Elia Zaharia, el día del anuncio de su compromiso de boda, en 2016. GTRES

Violencia familiar

La historia de amor de Leka II y Elia Zaharia se forjó a fuego lento. Tras seis años de noviazgo, contrajeron matrimonio en una gran boda real celebrada en Tirana el 8 de octubre de 2016.

Ocho años después, el 15 de enero de 2024, tras semanas de intensos rumores en la prensa albanesa, ambos emitieron comunicados independientes en sus redes sociales confirmando que iniciaban los trámites legales para disolver el matrimonio debido a constantes conflictos, falta de comunicación y el cese de la convivencia.

Hasta entonces, todo parecía estar bajo control. Pero en marzo de ese año se produjo un violento enfrentamiento físico y verbal en el palacio familiar entre el príncipe Leka, Elia y el padre de esta, Gjergj Zaharia.

Como si de un reality se tratara, ambos lados se grabaron mutuamente y se interpusieron sendas denuncias por violencia doméstica.

Las impactantes imágenes de la pelea se filtraron a los medios de comunicación, lo que obligó al Tribunal de Tirana a emitir órdenes de protección, exigiendo que se mantuvieran a una distancia de al menos 5 metros. Una verdadera caída a los infiernos para alguien por cuyas venas corre sangre azul.

Finalmente, rubricaron el divorcio un mes después del escándalo: el 25 de abril de 2024.

Con la firma de ese documento, Elia Zaharia perdió el derecho a usar el apellido de la casa real (Zogu) y se acordó el millonario reparto de propiedades.

Aquella paz tras meses de feroz enfrentamiento solo fue posible bajo una férrea condición: que ella no se vuelva a casar ni a convivir con otra pareja antes de que la hija de ambos cumpla la mayoría de edad.

Leka I de Albania, en su boda con Susan Cullen-Ward.

Leka I de Albania, en su boda con Susan Cullen-Ward. Albanian Royal Court.

La expulsión de sus padres de España

Superado este capítulo, el príncipe Leka II rehízo su vida sentimental con Blerta Celibashi, con quien permanece felizmente casado desde el pasado 15 de marzo.

Pero su tormentosa separación, con violencia familiar incluida, es solo uno de los numerosos episodios que han hecho sombra a su familia.

Lo cierto es que este grave escándalo personal, impropio del recato que se le presupone a los aspirantes a una corona extinta, no es el primer trago amargo que afronta el linaje de los Zogu.

Y es que el destino de la dinastía ha estado perpetuamente ligado a la controversia y al exilio.

Incluso hay un capítulo especialmente oscuro en la memoria histórica de España. Para rastrearlo hay que remontarse a los años 70, años antes del nacimiento del actual príncipe heredero en 1982.

Leka I de Albania y su esposa, Susan Cullen-Ward, en una imagen de archivo.

Leka I de Albania y su esposa, Susan Cullen-Ward, en una imagen de archivo. @princeleka

Sus padres, Leka I, quien se autoproclamaba rey en el exilio, y la aristócrata australiana Susan Cullen-Ward, eligieron Madrid como su base de operaciones. En la capital española gozaban de estatus y respeto. De hecho, celebraron su suntuosa boda en la villa de Madrid en 1975.

Aunque ambos habían formalizado poco antes su relación en una boda civil en Biarritz, Francia, concretamente en el Ayuntamiento (Hôtel de Ville), el matrimonio religioso se ofició en la capital.

La gran fiesta y banquete posterior se celebró en un conocido complejo hostelero en la carretera de Toledo, en la localidad de Illescas.

A pesar de su condición de exiliados, la boda contó con la asistencia de numerosas personalidades de la realeza: desde los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía (junto a sus hijos), la reina Margarita de Bulgaria, la reina Farida de Egipto y la emperatriz Farah Pahlavi de Irán.

Tampoco faltaron representantes y amigos de las familias reales de Mónaco, Suecia y el Reino Unido.

Sin embargo, el idilio con la España de la Transición saltó por los aires de forma abrupta a finales de la década.

El príncipe Leka II de Albania, con su madre, la australiana Susan Cullen-Ward, quien falleció en 2004 a causa de un cáncer de pulmón.

El príncipe Leka II de Albania, con su madre, la australiana Susan Cullen-Ward, quien falleció en 2004 a causa de un cáncer de pulmón. @princeleka

En 1979, el gobierno español invitó formalmente al pretendiente albanés a abandonar el país tras un alarmante descubrimiento de los servicios de seguridad: Leka I escondía en su residencia madrileña un colosal arsenal ilegal de armas de fuego y munición.

En su finca almacenaba, sorprendentemente, todo tipo de armamento: fusiles, granadas de mano y hasta ametralladoras, guardadas aparentemente con el fin de armar una milicia monárquica destinada a "recuperar el trono albanés".

El escándalo adquirió una dimensión diplomática internacional insostenible para el Estado español. Así, aunque el rey Juan Carlos I y la reina Sofía mantenían una estrecha relación de amistad personal con el matrimonio, la gravedad del incidente obligó al Ejecutivo a actuar por razones de Estado y de seguridad nacional.

En febrero de ese año, el Gobierno presidido en ese momento por Adolfo Suárez (de la Unión de Centro Democrático, UCD), y ejecutado formalmente a través del Ministerio del Interior, cuyo titular era Rodolfo Martín Villa, tomó la decisión de expulsarlos del país.

Aquello obligó a los padres de Leka II a empaquetar apresuradamente sus pertenencias y trasladar su exilio a Johannesburgo, Sudáfrica, donde tres años después nacería el royal.

Relación con la Familia Real española

A pesar de los roces políticos del pasado, la relación entre la Casa Real de Albania y la Familia Real española se ha mantenido sorprendentemente estrecha a nivel privado y dinástico.

Los padres del actual príncipe Leka I forjaron estrechos lazos con los Eméritos.

Este vínculo de confianza ha superado el paso de las décadas y se ha hecho visible en momentos clave, como la primera boda del príncipe Leka II en 2016, celebrada en Tirana, al que la reina Sofía asistió personalmente como una de las invitadas de honor más destacadas.

Asimismo, los miembros de ambas casas han coincidido de manera discreta en diversos cónclaves de la aristocracia europea y celebraciones familiares privadas. Por suerte, el respeto mutuo sobrevive a los avatares de la historia.

Leka II de Albania, en una imagen oficial de la cuenta de Instagram de la Casa Real de Albania.

Leka II de Albania, en una imagen oficial de la cuenta de Instagram de la Casa Real de Albania. @princeleka

Nueva imagen institucional

Tras el regreso definitivo de la familia real a Albania en 2002 gracias a un indulto del parlamento, Leka II se ha esforzado por enterrar el halo excéntrico y militarista de su progenitor, fallecido en 2011.

Así, en los últimos años se ha esforzado al máximo en ofrecer un perfil más técnico, diplomático y, en la medida de lo posible teniendo en cuenta su pasado amoroso reciente, lo más pulcro posible.

En este lavado de cara institucional, su actual esposa juega un rol fundamental.

Leka II de Albania, en su boda con Blerta Celibashi, el pasado 15 de marzo.

Leka II de Albania, en su boda con Blerta Celibashi, el pasado 15 de marzo. GTRES

Blerta Celibashi es una reputada fotógrafa profesional y creadora de contenido visual originaria de Tirana.

Hija de Ilirjan Celibashi, una de las figuras legales más influyentes del país como actual Comisionado Estatal de Elecciones y exministro, representa a la perfección a la nueva burguesía intelectual de la Albania democrática.

El arte, el protocolo y un golpe de azar los unieron. Curiosamente, Blerta fue contratada originalmente para realizar retratos institucionales del príncipe y de su primera hija antes de que el roce profesional diera paso a un discretísimo noviazgo, a un compromiso en 2025 y a su reciente boda en el castillo de Apponyi, en Eslovaquia.

Días de estabilidad

Actualmente, la pareja reside en el complejo privado del Palacio Real de Tirana, cedido parcialmente por el Estado para su uso representativo, desde donde proyectan una calculada imagen de estabilidad doméstica.

Hasta la fecha, la narrativa es puramente digital. Ambos la controlan a través de sus respectivas redes sociales, donde a él lo siguen apenas poco más de 65.000 seguidores y a ella, unos 23.000.

Los posados coordinados y estudiados, las labores benéficas de la Fundación Reina Geraldine y la idílica estampa del recién llegado bebé Aleksandër sustituyen de un plumazo los feroces ecos de las pesadillas del pasado. Y escenifican el renacimiento de una saga que busca la calma tras haber vivido, casi siempre, en el ojo del huracán.