Morante de la Puebla en una imagen de archivo y la plaza de toros de su casa en un montaje de JALEOS

Morante de la Puebla en una imagen de archivo y la plaza de toros de su casa en un montaje de JALEOS Gtres

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El refugio donde desconecta Morante de la Puebla: castillo de 25.000 m² cerca del río con plaza de toros y campo de fútbol

El diestro ha sabido crear su propio santuario personal combinando sus raíces humildes con su gran patrimonio.

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Morante de la Puebla es, sin lugar a dudas, uno de los matadores que ha revivido el arte del toreo. Considerado uno de los más queridos por el público en los últimos años, tanto dentro como fuera del ruedo, se ha consolidado como una figura clave gracias a su estilo único.

Apodado "El Genio de la Puebla", sus faenas se describen a menudo como cuadros en movimiento, cargados de referencias a maestros como Joselito el Gallo o Belmonte.

Sin embargo, este martes, 20 de abril, el sevillano no ha corrido con buena suerte: una aparatosa cogida en La Plaza de Toros de La Maestranza le ha provocado una cornada muy grave que le ha perforado el recto.

Morante de la Puebla en una foto de archivo

Morante de la Puebla en una foto de archivo Gtres

A la espera de su recuperación, el matador cuenta con su gran finca, donde podrá descansar cuando reciba el alta hospitalaria.

Ubicada en La Puebla del Río, el diestro mantiene un profundo vínculo con sus raíces sevillanas. No es casualidad, toda su vida ha estado ligada a esta tierra, lo que se refleja en su finca, La Huerta de San Antonio, un fiel retrato de su personalidad y de su forma de entender la vida.

Con 2,5 hectáreas de superficie, que equivale a 3,5 campos de fútbol, la hacienda se extiende a orillas del río Guadalquivir y en un entorno rural de gran valor paisajístico.

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Diseñada como un cortijo-castillo medieval andaluz, destaca por sus almenas blancas, torres señoriales y un camino de albero que evoca a las plazas de toros.

Pese a que sufrió un incendio en 2019, Morante ha sabido restaurarla representando el contraste entre sus raíces humildes y su patrimonio actual.

Lo ha hecho fusionando el estilo rústico-andaluz tradicional con toques bohemios y taurinos personales, creando un ambiente señorial, pero vivo.

Los salones destacan por su cal blanca en paredes y techos altos, que maximiza la luz natural y evoca la frescura mediterránea de los cortijos sevillanos. Predominan suelos de terracota o baldosa hidráulica con motivos geométricos.

En todos los espacios destaca la madera noble con un mobiliario antiguo restaurado, aportando calidez y autenticidad histórica.

Aquí cada espacio tiene algo que contar, no es un mero escenario. Por ello, destacan como decoración las tinajas de cerámica, la alfarería sevillana, las lámparas de forja, tapices y alfombras de lana cruda.

Uno de los espacios que más llama la atención de la casa de un torero es su museo personal y el del genio de La Puebla no iba a ser menos.

En varias fotografías puede observarse cómo conserva objetos históricos, carteles de feria, cabezas de toros disecadas y la presencia de imágenes religiosas. Sin embargo, el torero ha conseguido que no se exhiban como un museo, sino que se integren de forma orgánica en la decoración.

La distribución interior está íntimamente conectada con la exterior a través de grandes ventanales y patios. Cada área que se encuentra en la finca es Morante de la Puebla en su máxima expresión.

La fachada principal, imponente en un primer vistazo, se presenta bajo una galería de arcos de medio punto sostenida por columnas de mármol. El suelo, un empedrado fino combinado con ladrillo visto, dirige la mirada hacia una puerta de madera tachonada.

La decoración está presente hasta en la fachada. En cada recoveco no faltan las macetas de barro con sus flores y los baldosines, platos colgados y azulejería religiosa con la omnipresente imagen de San Antonio.

Tampoco puede olvidarse en el porche la presencia del mobiliario de madera, mesas de piedra y de ventanas con rejería, como si de un castillo medieval se tratase.

Un detalle preciso y precioso es que el río Guadalquivir influye directamente en el ambiente del lugar. Las marismas del Aljarafe generan una luz clara y constante que realza los muros blancos y los materiales tradicionales.

Siguiendo con el exterior, esta finca cuenta con su propia plaza de tientas. Lejos del hormigón moderno, aquí se ha optado por la madera tachonada y techumbres de castañuela o brezo, evocando las estructuras efímeras del siglo XVIII.

Los colores, verde monte, rojo y amarillo simulando la bandera de España, crean un contraste cromático vibrante con el amarillo del albero.

En su entrada destaca una puerta de acceso tallada en piedra de estilo plateresco que comunica los corrales con el ruedo.

El recinto se completa con una zona de ganadería para el descanso y la cría de los animales, un salón de celebraciones y un campo de fútbol que puede ser usado por los vecinos de la localidad.

Con todo esto, la Huerta de San Antonio es mucho más que una finca. Es un santuario personal que fusiona tradición taurina, arquitectura andaluza y un interiorismo rústico cargado de historia.